La trama mediática

ZP se entrega al PNV

Gran estímulo para afrontar los próximos once meses, la enésima reposición de la película sobre los malvados fumanchús del norte sacando los higadillos de los indefensos mesetarios. "Gobierno y PNV ya negocian en secreto los presupuestos", pregonaba ayer El Mundo, con La Razón haciendo los bises: "Blanco, Rubalcaba y Alonso se reunieron en secreto con Urkullu, líder del PNV". Caray con los secretos, si se entera hasta el vecino sordo del entresuelo.

Y lo que no se sabe, se imagina. "El PSOE, dispuesto a sacrificar a Patxi López para pactar con el PNV", se adelantaba diez capítulos La Gaceta en uno de sus alardes de fantasía. Más pesimista aún, el editorialista de ABC daba por entregado todo el joyero patrio al prestamista de votos vasco en una pieza titulada "En manos del PNV", con un final melodramático. Lloren: "El jefe del Ejecutivo equiparó ayer en China el tamaño de Miguelín, el enorme muñeco que se exhibe en el pabellón español de la Expo de Shanghái, con el tamaño que adquirirá la economía española. Pero eso ya no dependerá de Zapatero, sino del PNV".

El (presunto) ingenio de Anson

Para que se les pase la congoja, el humorista Luis María Anson les ofrece desde El Mundo su penúltimo vodevil. Por centésima vez, se trata de un discurso pretendidamente jocoso que le inventa a la ministra de Igualdad en imaginaria conversación con el presidente del Gobierno: "Todos debemos reaccionar para estar a la altura de tus ocurrencias. Voy a estudiar una ley que implante en toda España el aborto libre en cualquier circunstancia. Y hasta los ocho meses de embarazo, que no me puedo quedar atrás con el maestro que tengo". Decidan si les da risa o pena.

Compitiendo con ese derroche de ingenio y esa ventajista forma de hacer gracietas sobre ministras, Hermann Tertsch se luce bajo los focos de ABC: "Donde somos tantas las putas debe haber santas. Y santas deben ser para los ayatolás de Teherán todas las ministras socialistas españolas, tan feministas ellas, que aún no han abierto la boca ni para darse por enteradas de que el drama humano de Ashtiani existe".

A pocas páginas de esa jaculatoria, Manuel Martín Ferrand da sorprendentemente la razón a la versión marroquí del apaleamiento de los activistas prosaharauis. Para el columnero, los agredidos no son más que unos "extraños turistas de la algarabía política que se fotografían tumefactos a la vuelta de un incidente que ellos mismo provocaron". Oído, cocina.