La trama mediática

La Fiesta No-Nacional

Ayer fue doce de octubre. Si no saben lo que significa, tatúense en el muslo este fragmento extirpado del corazón patrióticamente incendidado del editorislista de La Gaceta: "La mayoría de los países iberoamericanos, que respaldan la idea tradicional de una América que reconoce su hispanidad y el invaluable legado histórico que ese puñado de españoles inició aquel 12 de octubre, dando origen a una sociedad iberoamericana unida por la religión cristiana, la lengua, la cultura, la civilización y una raza más o menos mestiza".

Esa era la de cal. La de arena la ponía en El Mundo Federico Jiménez Losantos, que sostiene que lo que fue un imperio ahora no es siquiera "una nación, salvo que la consideremos como nación sin Estado o nación sojuzgada y colonizada, que eso sí empieza a serlo España, capital Madrid pero metrópoli colonial Barcelona. O sea, que el 12 de octubre, día del Pilar y gracias". De nada.

Así que lo único que queda es la Historia, eso sí, reescrita por recauchutadores del pasado como César Vidal, que nos cuenta en La Razón la versión buena sobre el primer franquismo: "A lo largo de veinte años durísimos, la nación estuvo sometida a ese socialismo de color azul mahón del que vienen tantos dirigentes actuales del PSOE y, como en todos los socialismos, se sufrió el intervencionismo, la cartilla de racionamiento y el hambre". Memorícenlo y pónganlo así en el examen.

De Prada, escatológico

Y si les preguntan por algo más reciente, como la figura de Pérez Rubalcaba, hagan caso al editorialista de Libertad Digital: "Rubalcaba nunca entró en Interior para garantizar la seguridad de todos los españoles, sino para controlar las alcantarillas del Ministerio, redactar los términos de la rendición ante ETA y desactivar la alternativa política al PSOE".

¿Acaban de desayunar o se disponen a hacerlo? Entonces, no sigan leyendo. La próxima cita es de Juan Manuel De Prada en ABC. Dirán que ya están acostumbrados, pero si han decidido continuar, comprobarán que a esto no: "Si a un tío marrano se le ocurre escupir un gargajo, el gargajo deja en el suelo su mancha indeleble per saecula saeculorum; y quien dice un gargajo dice una meada etílica o una vomitona. En unos pocos meses, las aceras de mi calle se han convertido en un ameno atlas de gargajos, meadas y vomitonas que el desprevenido viandante puede disfrutar en su lustroso esplendor los sábados y domingos por la mañana". Estaban advertidos.