La trama mediática

Que no nos falte ETA

Por si acaso se acabara pronto el momio del norte, las manos carpetovetónicas se afanan en ordeñar las ubres de la serpiente. "ETA planea romper la nueva tregua tras las municipales", ulula La Razón en primera bajo el epígrafe de novela de a duro "Los planes secretos de Batasuna-ETA". Todo muy creíble, si no fuera porque en quince años de profecías no han dado una. Y de propina, han cambiado sus propias reglas del juego. Hasta hace nada, condenar valía un potosí; ahora, ni una higa, según el vividor de este cuento Iñaki Ezkerra: "Ponerle a esa banda la condena de la violencia como prueba del algodón es tan chusco como si Caperucita dijera que no se fiará del lobo feroz hasta que no condene la ingestión de abuelitas".

Con el mismo soniquete de caja registradora, en El Mundo comparece Rosa Díez como guest star para hacerse la ofendida a página completa: "Mientras la obra parece acercarse a su fin, oigo voces que especulan sobre la rentabilidad electoral de lo que está ocurriendo. Me asquea ese debate". Clink, clink, clink, tintinean los votos cosechados por ella en el río revuelto. Si buscan un corolario a este nada conseguido fingimiento, lo encontrarán en la parte final de la perorata de Carlos Dávila en La Gaceta. Tápense la nariz: "¿Hay precedente en algún país decente del mundo en que el presidente regional (Eguiguren) de un partido (el PSOE) actúe judicialmente en defensa de un terrorista como Otegi? Esto es una mierda, señores".

La muerte es una fiesta

Y la vida en general no parecece tener mejor consideración para el editorialista de Cope, que impelido por su calendario, se atizó ayer una alucinógena loa a la dama de la guadaña: "Para la Iglesia, la muerte no es una tragedia que nos destruye y sepulta, sino que se trata de una realidad esperanzada. Hay que mirarla con serenidad cara a cara y entender que no es el final de todo sino el principio de una nueva vida". Haití, Pakistán, Irak, Afganistán, Darfur... están llenos de esperanza.

Olvidemos a Tánatos, y pensemos en Eros, siempre en las libidinosas meninges de Juan Manuel De Prada, que ayer volvía a estar un poco verderón en su columna de ABC: "Así, convirtiendo la práctica sexual en una actividad meramente lúdica, se construye una nueva utopía de hedonismo que preconiza la consecución de la felicidad a través de la exaltación del deseo sexual, sin límite moral, legal o corporal alguno". Que se lo pregunten a Sánchez-Dragó.