La trama mediática

Federico pide un golpe

Tenía que ocurrir y ha ocurrido. Lean la proclama de Federico Jiménez Losantos en El Mundo, y dígan a qué les suena. Y conste que es una adivinanza fácil, porque él mismo lo menciona con todas las letras: "Pese al descrédito del concepto, que recuerda las vísperas del 23-F, España necesita mucho más que el entonces famoso 'golpe de timón' de Tarradellas y el 'Gobierno de gestión' que aborde las reformas económicas e institucionales que nunca hará un candidato electoral". Lo puede vestir de Tarradellas o de Prada, pero se entiende lo que está pidiendo, ¿no? Pues eso.

Será por comparación, pero Carlos Dávila se antoja hoy pequeño, peludo y suave como Platero. Vean con qué candidez atiza al malvado Zapatero: "Es como los niños malos: hace las cosas tarde, a regañadientes, vituperando a quien le obliga a hacerlas". ¡Qué rico! Y para que haya para todos, el entrañable gruñón termina así su filípica en La Gaceta: "Esta izquierda española es tan cínica que cuando alguien de los suyos le quita el pan de la boca, dice: 'Lo hace por mi bien'. ¡Hale!, pues ahí tenéis a mi bien".

Tertsch y el rojofascio

Ya les digo, pura gominola, sobre todo al lado de Hermann Tertsch, que según comprobamos en ABC, tiene la úlcera al rojo vivo. ¿He escrito "rojo"? ¡Horror! Ese color desata toda su furia: "Solo el odio que se les inocula a estas camadas rojas y negras, la complicidad de muchos y la indiferencia necia o cobarde de tantos explica el desastre intelectual y moral que supone el triunfo de ese fascio rojo en la Universidad". Como ven, le ha sentado fatal que Rouco Varela decidiera no arriesgarse a que le pitaran en la Autónoma.

Con la milenaria institución hemos topado, circunstancia que aprovechamos para prestarle ojos al editorialista de Cope. Abran bien la boca, que nos ofrece una rueda de molino para comulgar: "Es curioso que la Iglesia, verdadera adalid de la lucha contra el Sida, se vea en fechas como ésta en el punto de mira. Quizás porque se atreve a decir la verdad. Porque dice, como ha explicado el Papa, que la respuesta está en la humanización de la sexualidad". Y ahora es cuando se ríen del chiste.

¿Que no le encuentran la gracia? Prueben, entonces, con Cristina López Schlichting, que tras confesar en La Razón que sufre para no utilizar un lenguaje sexista, termina con una declaración autoafirmativa: "Yo soy una mujer normal. Ellos (he [sic] incluyo ellas y ellos) son los perturbados". Claro.