La trama mediática

Los otros descontroladores

Momento histórico. ¿Por el Estado de Alarma? También por eso, pero además, porque gracias a su declaración, La Razón va a bloque con el Gobierno. Gran lección para los controladores, se ufana su editorialista, pero también para los malos-malos: "En todo caso, es justo que los españoles nos felicitemos por la eficacia de los mecanismos constitucionales, lo que tal vez sirva para que los nacionalistas irredentos aprecien un poco más la Constitución de todos". Y en primera, la prueba de que eso ya está pasando: "ETA revisa su estrategia porque teme que la opinión pública pida mano dura tras la declaración del Estado de Alarma". Como lo están leyendo.

En las mismas páginas, Iñaki Ezkerra señala a los que habían maestros e inspiración de los controladores aéreos. Ni se los imaginan: "Llevamos tres décadas oyendo a ciertos colectivos amenazar con romper algo; cuando no eran Arzalluz o Ibarretxe eran Carod-Rovira y Montilla". Según sostiene José García Domínguez en Libertad Digital, esos son sólo los primeros: "A fin de cuentas, aquí, ya no hay distancia moral alguna entre esos cafres que profesan la alegre insurgencia del botellón los fines de semana, y la miríada de autoridades y particulares que se declaran insumisos a las leyes y los tribunales según se les antoje".

Ya estábamos en Defcon 2

Como corolario de todo lo anterior, la reconocida politóloga Regina Otaola arroja luz (y de paso, piedras) desde La Gaceta: "España lleva mucho, mucho tiempo, en estado de alarma no declarado por la inoperancia y estulticia, principalmente, de un Zapatero que en lugar de gobernar, cosa que ha demostrado no saber hacer, se dedica a jugar al presidente tolerante y sonriente". Sospechoso, el parecido con la tesis del editorialistas intereconómico: "Seamos sinceros con nosotros mismos; mucho antes de que el Rey sancionase desde Buenos Aires el estado de alarma, ya nos encontrábamos así. Le pese a quien le pese".

Discrepante y pelín conspiranoico, Juan Manuel De Prada se malicia en ABC que esto es sólo una prueba: "Rubalcaba, nuestro Metternich de patio de Monipodio, sonríe, tenebroso y marrullero, contemplando este ensayo general del estado de alarma que decretará cuando nos intervengan la economía". Más pesimista y desabrido, por difícil que parezca, Raúl del Pozo deja en El Mundo esta sentencia lapidaria: "Tarde llegó la mano de hierro. Ya no se reconcilia el Gobierno con los que piden ley, orden y cojones".