¿Nuclear? Sí, por supuesto

Si serán tiquismiquis algunos, que andan dudando ahora de las bondades inequívocas de la energía nuclear. Total, por unas alarmitas de nada, cuando hay que fijarse, como dice el sabio editorialista de Libertad Digital, en lo importante: “Lo que en realidad debería resultar extraordinario es que tras un terremoto sin precedentes en Japón, las centrales hayan aguantado en general sin problemas”. No rechiste nadie o de lo contrario será excomulgado por el opinador mayor de Cope por haber incurrido en pecado de demagogia: “Esta durísima realidad no justifica que algunos se dediquen a hacer demagogia ventajista, aprovechando la catástrofe, para cuestionar la existencia misma de las centrales nucleares, que siguen proporcionando en el mundo una energía limpia y segura”.

¿Necesitan aún más argumentos de autoridad? Desde ABC les llega el heraldo atómico José María Carrascal para dejarles claro que la energía nuclear “viene siendo utilizada para fines pacíficos y los resultados son: que resulta barata, que está al alcance de cuantos tienen su tecnología y que sus accidentes han sido menos que los de cualquier otra en sus comienzos”. Además, no merece la pena preocuparse, si cualquier día la palmamos por lo que sea, como nos recuerda, también en el vetusto diario, el melancólico Gabriel Albiac: “Y llamamos catástrofe, cataclismo, a ese umbral en el cual se desdibuja el armónico lienzo con el cual, dice Pascal, a diario cubrimos el abismo al cual vamos a lanzarnos”. Vamos, que no somos nada.

López es de los malos

Con el núcleo fundido desde hace rato, el radioactivo Carlos Dávila la toma en La Gaceta con el que reparte las cocacolas. “López con ETA, ¿y el PP?”, titula su diaria diatriba, que arranca tal que así: “Lo llevamos denunciando meses: el PSOE y sus dos Gobiernos, el central del agónico Zapatero y el vasco del títere López, tienen acordada con ETA la presencia de los terroristas en las próximas municipales”.

Fin de fiesta en El Mundo, con Fernando Sánchez-Dragó plagiándose por enésima vez una fatua contra el lenguaje políticamente correcto: “Ahora son invidentes los ciegos; las putas, trabajadoras del sexo; los cocineros, restauradores; los maricas, gays; los enanos, pequeños; los lisiados, discapacitados; los suspensos, fracaso escolar; los moros, magrebíes; los negros, subsaharianos; los crímenes pasionales, violencia de género”. Cansino.