La trama mediática

¡No lo moverán!

De nuevo, alarma azul mahón en el búnker. Les ha llegado el chauchau de que quieren hacer mudanza del esqueleto ferrolano y por ahí no pasan. "El Gobierno juega con los restos de Franco", brama La Razón y, dolida por la perturbación del sueño de su luz y guía, añade: "En vista de que es incapaz de mejorar el nivel de vida de los vivos, el Gobierno parece empeñado en alterar la paz de los muertos".

No es menor el cabreo en ABC, el periódico que pagó el avión a los insignes huesos cuando aún estaban recubiertos de carne. "El Gobierno quiere sacar a Franco del Valle de los Caídos", lamenta en primera y anuncia un editorial. Lo cierto es que, a la hora de la verdad, defrauda: "El plan del Gobierno socialista de exhumar y retirar los restos de Francisco Franco de la basílica del Valle de los Caídos, presunto ejercicio de memoria histórica, sirve para recordar a la sociedad española la verdadera naturaleza de un Ejecutivo más preocupado, desde su origen, por el dogma ideológico que por la gestión". Bah, ni los llama malditos rojos ni nada. Blandengue.

Indignasunos y piqueteros

Lleva bastante más veneno en la tinta Antonio Burgos, que ayer dejaba en el vetusto este puñado de caracteres: "¡Mira cómo no había un solo indignado insultando ante los ayuntamientos entregados por el Constitucional a los proetarras de Bildu! Esos cojones, en San Sebastián, hijos míos". Si prefieren una versión de lo mismo medio gramo menos bizarra, he aquí la de Jiménez Losantos en El Mundo: "Yo creo que los indignasunos deben informarnos de una cosa: por qué no condenan con su bullanguera presencia la entrada de ETA en los Ayuntamientos mientras que en Sevilla y otros consistorios ganados por el PP han montado la parda, que es color muy de mula".

Más tesis doctorales sobre el 15-M. El colectivo GEES los identifica como piqueteros en Libertad Digital, y aporta las pruebas: "Representa la llegada a España de este movimiento, tanto por su composición -desde jóvenes burgueses aburridos hasta delincuentes comunes- como por su modus operandi, la ocupación callejera y la violencia del número".

Y como regalo final, el adiós emocionado de Carlos Dávila a un mudo: "Su marcha es una pena; en este negociado de la política no abundan ni gentes tan honradas, ni tan leales, ni tan eficaces, ni tan discreta". Si no caen, lean el título: "Acebes: hablo de un señor". Sí, de las tinieblas.