La trama mediática

Bendita recesión

Alegren esas caras, inocentes lectores. Por fin una estupenda noticia: entramos en recesión. ¿Y eso es bueno?, se preguntarán. Lo mejor, según aplaude el editorialista de ABC: "La opinión pública ahora puede identificar en el Gobierno un liderazgo claro y una voluntad decidida de enfrentarse a los problemas del déficit y del desempleo". La pieza se titulaba "La verdad, aunque duela".

Qué dolor más dulce, que va a permitir tirar de motosierra a discreción, como se felicita el editorialista de La Razón: "El diagnóstico resulta básico a la hora de elaborar los planes para la recuperación y poder aplicar los nuevos criterios de ahorro y de gasto". En Libertad Digital también hay gritos de júbilo por los tijeretazos que vendrán: "El equipo económico de Rajoy prefiere explicar a los ciudadanos lo que hay, para que así puedan entender lo que este mismo viernes empezarán a hacer. Podrán equivocarse o acertar, pero están en la senda correcta". No digan que no es genial lo de "equivocarse o acertar". Total, ¿qué diferencia hay? Glups.

Desde su recuadrito en la primera página de La Gaceta, Carlos Dávila salta, brinca y en un par de líneas dice arre y so al mismo tiempo: "Se agradece que el Gobierno nos diga la verdad. Nos han estado mintiendo tanto que, en el fondo, lo españoles deseábamos que la trola fuera verdad. No lo ha sido. Estamos en la indigencia". ¡Viva!

Más juancarlerías

Y para colmo de dicha carpetovetónica, la corona luce en todo su esplendor gracias al jeroglífico que soltó en nochebuena Don Borbón. "Hacía tiempo que el Rey no se mostraba tan cercano con las preocupaciones de los ciudadanos ni tan acertado en el análisis de los males que nos aquejan, ni tan claramente centrado en su papel de moderado", cortesanea Javier González en el mismo ejemplar de La Razón donde Alfonso Ussía desafía así a la concurrencia: "¡Viva España y viva el Rey! ¿Pasa algo?".

Desde El Mundo, Luis María Anson hace el eco a su compadre: "Con su sabio discurso de Navidad, el Rey ha puesto coto a los presuntos desmanes del yerno. La ley es ley para todos". Unas páginas más allá, un brillante y certero David Gistau pincha el globo del peloteo juancarlesco: "Cuando funciona el viejo automatismo tutelar, somos en el halago lo que los norcoreanos en el llanto. Si este país tiene una garantía de estabilidad, es que siempre será devoto de lo que esté imperando".