La trama mediática

No apto para diabéticos

Si no les llega para roscón, no se preocupen, porque algunos emplumados diestros han horneado para ustedes un bizcocho —diríase que borracho— que les va poner los niveles de azúcar por las nubes. Va la primera ración, servida desde ABC por el tiralevitas borbónico Jaime González, que felicita así el cumpleaños del suegro de Urdangarín: "En esos primeros pasos del chaval rubio enfundado en su abrigo comenzaba a escribirse una hermosa historia de amor que con el paso del tiempo le llevó, ya como Rey, a redactar desde la primera magistratura del Estado, con letra clara, el mayor periodo de prosperidad y de paz que jamás hayan conocido esta vieja nación y sus nacionales. ¡Felicidades, Señor!. ¡Enhorabuena, España!".
¿Se puede empalagar más? Difícilmente, aunque Isabel San Sebastián lo intenta con un alegato por la supervivencia en el calendario festivo de la Epifanía del Señor: "No me roben esta noche mágica, por caridad. Supriman todos los puentes pero absténganse de volar, por favor, éste que une generaciones a sueños, sentimientos a imaginación y emociones desbordadas a detalles pequeñitos… Éste, déjenlo en pie". ¡Uffff!

Los Reyes vs Olentzero

Para contrarrestar tanto ajonjolí, el columnero de La Gaceta Román Cendoya espolvorea cayena sobre un pastelón que titula "Reyes, ilusión y Mariano". Indigesta mezcla que contiene grumos letales como este: "Nunca el Olentzero, ese viejo borracho carbonero, tendrá el atractivo –por mucha pareja, Mari Domingi, que le pongan– que tienen los Reyes Magos en carroza, en camello o a pie. ¿Cómo no iban a hacer cosas así los que nunca condenaron el asesinato de niños por parte de sus colegas de la rama asesina?". Qué tendrán que ver las gónadas con comer trigo.
El editorialista de Cope contribuye al atracón con una oda a la nueva Constitución neofascista de Hungría. Sólo para estómagos muy preparados: "Lo que más parece molestar al laicismo europeo es la decidida defensa de los derechos humanos, el fortalecimiento de la familia tradicional, el reconocimiento del embrión como ser humano, y por tanto, la prohibición del aborto, que se ha propuesto el Gobierno de Viktor Orban". Casi no se te ve el plumero, Baldomero.
Y como postre del postre, Salvador Sostres en El Mundo hace una oda a pulirse seiscientos euros en una cena: "No es cierto que el lujo sea sólo un capricho de ricachos sin alma". Anda y que te den.