La trama mediática

Mal ganar... o peor

Tras el escarmiento de las puñetas, tocaba el remate a manos del escuadrón plumífero. "Justicia para el justiciero", celebraba La Razón en primera. "Garzón, juez indigno", añadía el editorialista, con los brazos en alto por la victoria sobre "una feroz campaña mediática para demonizar a los magistrados" y "un acoso político organizado por la izquierda asilvestrada". Apenas un menú degustación de lo que viene a continuación. Prepárense.

"Una sentencia unánime, contundente y clarificadora pone fin con deshonor a la carrera de un juez que ha intoxicado el sistema de sectarismo, arbitrariedades y abusos, durante demasiados años. En su caída, hay sanción y hay vergüenza", se relamía de felicidad y venganza el amanuense jornada de Libertad Digital.

En la primera de El Mundo pedrojotesco, regodeo a cuenta de las palabras utilizadas por sus condenantes señorías: "Garzón expulsado por actuar como los jueces de los regímenes totalitarios", rezaba a gritos el titular de primera. El editorialista vertía más vinagre sobre la herida: "Garzón actuó como si fuera juez de Pinochet". Y como puntilla, Federico Jiménez Losantos bailaba un claqué sobre la tumba judicial aventando que la sentencia "ha demostrado que la izquierda en España es difícilmente compatible con el Estado de Derecho. Y el nacionalismo, más". Molestan menos en las cunetas, ¿no?

Tertsch, eufórico

El vetusto ABC, que no hace tanto cubría de inciensos al caído en desgracia, lo apuñalaba así en primera: "Garzón, inhabilitado once años por sus métodos totalitarios". En el interior, toda la columnada era una fiesta, aunque era Hermann Tertsch, qué raro, el más animado. Tenía dos buenas noticias por las que brindar: "La primera es la evidente, que Garzón nunca podrá volver a juzgar a nadie. La segunda es que la izquierda se topa de bruces con la certeza de que han fracasado sus intentos de situarse definitivamente por encima de las leyes". Otra vez cautivos y desarmados los putos rojos.

Con la misma saña y e idéntico mal ganar, La Gaceta se albriciaba en primera: "Garzón, el juez prevaricador, expulsado de la carrera judicial". El editorialista corría a clavar su divisa sobre la maltrecha toga: "El juez totalitario". Y aun faltaba el jefe de la banda de la porra intereconómica, Carlos Dávila, que se autoeligió para asestar el golpe de gracia en una descarga titulada "El prevaricador". ¡Buff!