Tres por semana

¿Te han metido un dedo? ¿Dos?

"El sexo anal es impresionante". "Una pasada". "¿No lo has probado? Intenta convencerla". "Yo lo hice la primera vez con una tía que quería llegar virgen al matrimonio". Eran las tantas de la madrugada. En mitad de una fiesta. Y casi todos los hombres heteros respondieron que les gustaba el sexo anal.

Pero al preguntar si alguna vez les habían metido a ellos un dedo, dos, tres o algo más por el culo, se formó un silencio incómodo. Y después la mayoría empezó a decir atropelladamente que "no", "eso no", "a mí el culo no me lo tocan" y si alguno lo había probado no se atrevió a hablar.

Muchos no lo harán nunca, pero para los que sienten curiosidad el folleto de instrucciones incluye pasar por una farmacia para hacerse con varios botes de lubricante, agarrar los prejuicios, meterlos en un cajón donde cojan polvo, buscar una postura cómoda y relajarse. A partir de ahí, lo mejor es probar, solo o en compañía...

La teoría dice que hay que encontrar el punto P y la forma más fácil es tumbarse boca arriba y presionar con un dedo hacia la parte superior, haciendo movimientos circulares. Si lo combinas con el sexo oral, tendrás un orgasmo de vértigo.

La práctica -y sus efectos secundarios- la explican algunos bloggers:

ESDLV:

Yo acepté la maniobra como una curiosidad y me sorprendí retorciéndome sobre la cama, gimiendo como no sabía que pudiera y aferrado al cabezal en un vano intento de mantener los pies en los estribos. No sabría decir cuánto duró aquello, si dos minutos o media hora. Sólo sé que cuando me corrí ni siquiera me di cuenta. La experiencia llevaba un rato siendo tan sobrecogedora que no supe distinguir el orgasmo que asociamos a la eyaculación del resto de sensaciones que de manera tan intensa me venían embargando desde lo que parecía el principio de los tiempos.

Luis:

Un día empezó a rondarme la idea de probarlo. Finalmente no aguanté más y un buen día salí de la ducha totalmente desnudo y con un empalmazo monumental. Me senté a cuatro patas sobre la alfombrilla del baño y lubriqué mi dedo índice derecho con gel de ducha, bajé la cabeza apoyando mi mejilla en el suelo mientras notaba mi pene colgando ardiente y a punto de estallar; entonces me llevé el dedo hacia el culo y empecé a deslizarlo en el interior de mi ano... ¡dios! Fue fantástico.

¿Lo has probado? ¿Qué sentiste? ¿Recomendaciones?