Un paso al frente

"Han intentado destrozarme la vida"

Jairo trabajaba en la UME y llevaba 21 años de servicio. Descubrió que pensaban darle el Curso Básico de Emergencias por aprobado a dos de los cuadros de mando de la plana mayor sin realizarlo. Ambos recibieron el diploma como el resto aunque no estuvieron presentes en la realización del curso. En principio, era una tontería, de las muchas otras que vivimos a diario y que no denunciamos porque sería imposible estar denunciando constantemente todo lo que sucede. Él fue más valiente que nosotros y lo hizo. En ese momento no tenía prueba documental hasta que se publicó la relación de personal en el boletín oficial.

"Le comuniqué al general, que firmaba la resolución, que esos dos cuadros de mando no habían realizado el curso y solicité que se rectificara. Dicha rectificación se produce al mes a pesar de las amenazas recibidas por tramitar el parte". En las Fuerzas Armadas cuando alguien intenta informar sobre lo que sucede recibe todo tipo de recomendaciones, lo que genera por ejemplo que no haya habido ninguna sanción por falte leve o grave por motivos como acoso sexual o laboral (aunque la opacidad es tan tremenda que es imposible de confirmar).

A partir de ese momento comienza la persecución. "Empiezan por no pagarme un dinero que me corresponde, que a otros si les pagan, el capitán dice a mi teniente, que tienen que bajarme las calificaciones, incluso el capitán me baja las calificaciones directamente sin justificar nada y sin cumplir con la normativa. Me cambian de sección alegando que tengo un curso, cuando éramos tres sargentos primeros los que teníamos ese curso y además en contra del criterio de mi jefe. Fue una situación rara porque el teniente me avisa que van a por mí. Al final acabo de baja, la situación no mejora, sino que empeora. Me quitan un complemento de casi 500 euros al mes". En esas condiciones Jairo sabe que es una presa herida rodeada de hienas y los dos militares que le han apoyado también.

El acoso en el seno de las Fuerzas Armadas es tan infame y descarado que, en muchas ocasiones, roza lo grotesco. Este es el caso de Jairo, que pasa de denunciante a denunciado de un instante a otro. "El general de la UME no solo no investiga el acoso laboral, que yo le comunico, como es obligatorio en la administración, sino que me denuncia por un delito de insulto a un superior penado con hasta dos años de cárcel porque se supone que lo que digo es delictivo". Es decir, en lugar de investigar la acusación que formula Jairo, le imputan un delito porque su acusación podría dar lugar a un delito. La situación se sitúa en la más elemental indefensión del denunciante, pero esta situación es made in FAS.

En este esperpento, la suerte —porque es casi milagroso que la justicia militar te ampare— se alía con Jairo y la juez militar determina devolver el lugar que a cada uno le corresponde. Pero el mal ya está hecho porque todos los compañeros de trabajo de Jairo saben que si denuncian cualquier irregularidad serán los siguientes. "La jueza de Valladolid no ve indicios de delito por mi parte, pero si por el capitán y el teniente coronel. Abre diligencias contra ellos".

Como en muchas ocasiones, al tratarse de militares con rango superior a capitán obliga a inhibirse a la juez militar del juzgado territorial —quien juzga hasta el empleo de capitán— y en el juzgado central comienza a diluirse el caso. Suele ser un sí pero no, un imputo pero desimputo, un parece que hacemos pero no hacemos. Como lo que hicieron con los implicados en las falsificaciones de la capitán Cantera que fueron imputados y desimputados en un tiempo récord.

El siguiente paso es terminar con Jairo. Da exactamente igual que el juzgado central haya imputado un delito de abuso de autoridad, lo importante es que el sistema depure al elemento discordante. Normalmente, se suele usar la vía de la sanidad militar por aquello de resultar después un apoyo en futuros trámites judiciales. El denunciante estaba loco, no lo estuvo antes de denunciar, pero como en tantos otros casos, una vez que se denuncia uno está loco perdido.

"El juzgado central número 2 imputa un delito de abuso de autoridad. Incumplen las normativas de forma permanente y se me abre un expediente de pérdida de condiciones psicofísicas por el mismo teniente coronel imputado. Es el propio teniente coronel quien decide que la baja psicológica no está relacionada con el servicio". También es muy habitual que si denuncias a tus mandos te quedes solo con ellos en la oscuridad: calificaciones, complementos, comisiones... de repente ya no tienes derecho a nada y eres el último y el peor para todo.

"A los siete meses de la instrucción, 18 testigos e infinidad de pruebas documentales, el juez relata hasta 29 hechos que podían ser constitutivos, en su conjunto o por separado, de abusos de autoridad y extralimitación en el ejercicio del mando, además de falsedad documental (modifican con corrector el sello de entrada de un documento y los datos originales) y otros. Le comunico, entre otros, a la subsecretaria en el año 2012 que sufro acoso laboral pero ella, como el resto, no hace nada". Cuando algo así sucede, el desamparo de los militares es total y absoluto. Nadie del Ministerio te llama o apoya, ni siquiera están interesados en saber si lo que cuentas es cierto o no, o si puedes demostrarlo.

Jairo protesta porque no entiende cómo puede ser posible que el abogado del Estado se dedique a defender a los imputados cuando debería ser el primero en exigirles responsabilidades por sus actuaciones. El mundo al revés. "El abogado del Estado intenta rebatir los 29 puntos del auto de procesamiento, pero en menos de tres semanas resuelve el Tribunal Militar Central archivar el caso. Alega el legítimo ejercicio del mando, pero no hay tiempo material para leer las más de 700 páginas del expediente en los días laborables con los que cuentan y por ello no responde a cada uno de los 29 puntos como deberían ser".

Cuando llega la hora de imputar al teniente general de la UME todo el mundo mira para otro lado: "Al teniente general de la UME solo le puede instruir una causa el Tribunal Supremo y por ello nadie ve indicios de delito en nada de lo que hace. Nadie ve indicios de nada".

Aunque el procedimiento sigue, Jairo no tiene muchas esperanzas en el desenlace. Será un palo pequeño por aquí, un cubrir apariencia, otra pala de arena por allí, un tapar todo y asunto resuelto. "Ahora se está juzgando, por un delito de deslealtad, a los que recibieron los diplomas falsos y al jefe del curso, aunque debería haberse imputado a mucha más gente, al menos los que firmaron las actas, por supuesto falsas. Pero el caso lo tapan y lo taparán porque afectaría a demasiadas personas... Llama la atención que se dicten autos sin opción a recurso cuando eso va contra la ley. Es tremendo. Es arbitrario porque en otros casos iguales si dieron opción a recurso... Es claro que lo quieren archivar sí o sí. Necesito que alguien me lo explique, pero ni el auto de archivo hay quien lo entienda".

Después de toda esta batalla, Jairo está derruido como un edificio bombardeado día tras día. "Yo claro, tras todo esto estoy mal porque la presión ha sido tremenda. La persecución inmisericorde. Inhumana. Me bajaron las calificaciones desde un 8,6 sin tener trato directo conmigo. Es obvio que se trata de una persecución y un abuso de autoridad. Es un perjuicio al subordinado porque condiciona mis ascensos, calificaciones y destinos futuros... Soy yo el que se queda en mi casa, el que lucha con mis demonios, el que espera que los condenen pero, sin embargo, lo que ocurre es lo contrario. Que no les pasa nada y que te llegan rumores sobre que eres un desleal y haces un daño tremendo a la institución". Lo peor de toda esta situación es que no comprende nada de lo que ha sucedido: "¿Cuál es mi delito? ¿Informar de algo que veo y no es correcto?".

Uno de los problemas que ve Jairo —y todos los que somos militares— es que su situación termina por convertirse en una seria advertencia para todos aquellos compañeros militares que duden en denunciar o no. De la misma forma, cuenta entristecido los problemas del teniente y un compañero suyo que le apoyaron: "El problema ahora es quién es capaz de denunciar. Mi teniente jefe de sección fue castigado por apoyarme, se le deniega una vacante y se le asigna esa vacante a alguien que no había estado destinado en la UME... Otro compañero que no sufrió de amnesia y dijo lo que había visto y vivido está destinado fuera de la UME. Quien hace lo que tiene que hacer es expulsado del sistema... En las Fuerzas Armadas existen las figuras de justicieros. A los militares que denuncian se les acusa de desleales por no apoyar los contubernios del mando y se les persiguen. Todo esto lo ven el resto de los militares... A uno de los que testificó a favor le informan negativamente de una comisión de servicio al extranjero y le llegaron a decir que estaban muy descontentos con él por su deslealtad al declarar en el juzgado. Pero el mensaje no era para él, era para todos los demás. Ese mensaje cala en todos los demás. Les da igual los 20, 25 ó 30 años de servicio que lleves. La sensación que se le queda a la gente es que pueden hacer lo que les de la gana porque yo lo tenía todo demostrado con pruebas. El que dudaba si denunciar ya no tendría ninguna duda y el que nunca ha dudado, ahora duda. Problemas familiares, expulsión del trabajo, pierdes dinero (hasta 700 euros todos los meses), lo pasas mal... Romper la ley del silencio es terrible".

Jairo denuncia que todos los militares saben lo que sucede y que en las altas esferas también se conoce la situación que existe en las Fuerzas Armadas. "El problema es que todo el mundo ha tenido conocimiento de todos estos casos y nadie los frena. Nadie pone freno a todo esto. Los generales lo saben, la subsecretaria lo sabe, todo el mundo lo sabe. Es terrible, salvo al que no le haya pasado nada y todavía siga creyendo algo".

Siente impotencia, decepción, rabia. No comprende que sea el que haya perdido esta batalla cuando lo único que ha hecho es denunciar un suceso irregular que debería haberse corregido. No comprende que ya no acuda al trabajo que tanto amaba. "De todos éstos no vale ninguno para la vida militar, pero ellos son militares y yo no. Ellos son los que siguen y a mí al que han expulsado. En el momento en el que haya muchos militares implicados todo se tapa. Es muy fácil acabar conmigo, pero ahora estoy esperando que alguien me explique qué he hecho mal".

Jairo sabe que no va a poder olvidar nunca todo lo sucedido. "Tengo secuelas, puedes intentar ser fuerte, esto pasa factura, es terrible ver cómo son tus jefes tus propios enemigos. Son muchas cosas las que se te pasan por la cabeza. Esto choca frontalmente con lo que me enseñaron con 17 años. No es que yo quiera unas Fuerzas Armadas a mi medida, es que ellos me han contado cómo son las Fuerzas Armadas y luego hacen lo contrario. Son ellos los que quieren hacer lo que les da la gana y luego se quejan de que yo soy una mosca cojonera... La de noches que he estado sin dormir, los días que he pasado muy mal. Es terrible la sensación... Ellos son unos delincuentes y yo no".

Afirma que hay oficiales extraordinarios, pero que no actúan por miedo a represalias en la mayoría de ocasiones o por el premio que pueden recibir en el futuro. "Hay oficiales extraordinarios y son la mayoría, pero cuando llega el momento de actuar no lo hacen. El miedo a hacer daño a la institución. Muchos de estos oficiales mienten aunque saben que está mal lo que se está haciendo. No hacen nada por miedo. Muchos en privado me dieron la razón, pero luego saben que si hacen algo van a ser machacados por el sistema. Consideran deslealtad declarar contra otro oficial. La prueba fue mi teniente, ahora capitán, que sí que fue capaz de declarar pero eso no es lo habitual, es un caso extraordinario y además fue castigado".

Es incomprensible que un militar imputado siga en el mando. Esto ya ha ocurrido en muchas ocasiones, ya que los altos mandos siguen con sus ascensos aunque estén imputados. Creo que se debería reflexionar al respecto y que si se imputa a un alto mando, se debería detener automáticamente cualquier ascenso o condecoración. "Si el teniente coronel sigue siendo jefe de batallón mientras está imputado por abuso de autoridad, ¿cómo puede seguir siendo teniente coronel jefe de todo un batallón? ¿cómo puede seguir siendo jefe de 600 personas? Si lo hubieran cesado, muchos habrían declarado pero claro, si todos ven que no le cesan, que sigue en el cargo, pues todos allí callados, asustados, deseando que todo termine".

Jairo, en lo que es una sentencia final, afirma que habría preferido que le pegasen a vivir todo lo que ha vivido: "Ellos han cometido violencia conmigo, porque lo que han hecho conmigo es violencia, habría preferido que me pegasen o que lo hubieran intentado, pero son unos cobardes. El que te peguen pasa, pero lo que me han hecho es para toda mi vida. Han intentado destrozarme la vida".