Un paso al frente

Con los carros de combate por Las Ramblas

 

Los compañeros de Público me han comunicado que, tras un extraordinario trabajo de investigación, han averiguado que se están realizando tareas de contención de masas. Es decir, se está entrenando a militares como antidisturbios para ser usados en manifestaciones.  A esta noticia, el ministerio alega que ello se debe a que se están preparando para una misión internacional, pero el EMAD confirma que la unidad en cuestión no tiene previsto desplazarse a conflicto alguno. Por tanto, más de lo mismo: contradicciones, mentiras y esa opacidad incomprensible en una sociedad moderna como la nuestra.

Sinceramente, me parece una torpeza que con los tiempos que corren se estén produciendo este tipo de contradicciones entre la información del ministerio de Defensa y la del EMAD o que se esté produciendo este aumento del entrenamiento en control de masas. No ayuda en nada a la situación, como tampoco que unos altos mandos jubilados amenazasen a Cataluña con no sé qué desde su rancia asociación.

Hace un mes, más o menos, recuerdo que salió una entrevista que me hicieron en la que el titular era "la mayoría de los militares no entraríamos en Cataluña" y ello fue una bomba en nuestro ámbito militar. Conste que me parece un escenario IMPOSIBLE que las Fuerzas Armadas actúen contra la población civil y no me cansaré de tranquilizar a todos en este sentido. Cuando se publicó la entrevista en cuestión –la mayoría solo leyeron el titular-, hubo muchos que no lo entendieron y lo tacharon de traición. Y de ahí a rojo, bolchevique, maricón, etc. se tardó poco. El caso es que hasta se me ha abierto un expediente disciplinario por estas declaraciones cuando creo que fueron más que positivas para la sociedad. Debido a esta incomprensión que sufro a veces en el ámbito militar y aprovechando esta noticia, voy a intentar aclarar el motivo por el que nunca metería los tanques por Las Ramblas.

Lo primero que hay que resaltar es que muchos militares desconocen que ya no existe la obediencia debida, es decir, no hay obligación de cumplir una orden si ésta es ilegítima y en caso de cumplirla, la responsabilidad de las consecuencias de su cumplimiento o no cumplimiento es tanto de quien la recibe como de quien la cumple y/o transmite. Esa desinformación sobre la inexistencia de la obediencia debida demuestra que nuestro mundo militar tiene sus propias leyes no escritas.

No es menos importante recordar que Cataluña, en mi opinión, es un problema político que tendrán que resolver los políticos y los ciudadanos como en cualquier otra democracia avanzada de Europa pero, y esto es lo más importante, nunca el Ejército. El Ejército es la institución que protege la integridad territorial, cierto es, pero de ataques externos. Una democracia moderna tiene otras herramientas y/o resortes para resolver conflictos similares que, desde luego, están muy alejados del uso de las Fuerzas Armadas. De esta afirmación no habría duda alguna en la mayoría de los países de Europa y lo triste es que ésta exista en alguna parte del viejo continente, máxime entrado ya el siglo XXI. ¿Por qué digo que el Ejército nunca debe intervenir en este tipo de conflictos (como afortunadamente así sucederá) y que debe ser evidente para todos los ciudadanos? Pues porque ello sería un problema añadido y nunca una solución.

Primero, en el mejor de los escenarios posibles (guerra civil, conflicto armado, desobediencia civil o inacción de la población), es decir, que no hubiese ninguna respuesta ni falleciese nadie, las imágenes de los militares en Cataluña darían la vuelta al mundo y ocasionarían un daño a nuestra imagen terrible. Serían unas imágenes grotescas y vergonzosas. Duele imaginar a la CNN, la BBC y el resto de televisiones del mundo abriendo los telediarios con esas imágenes y me cuesta concebir que alguien no entienda que ello supondría un daño irreparable para todos, empezando para España.

Y lo que es peor todavía, sería un acontecimiento que perviviría durante generaciones en la memoria colectiva de los catalanes y del resto de españoles, igual que en la actualidad todavía somos esclavos de la maldita guerra civil. El odio hacia lo militar aumentaría hasta niveles insoportables en muchos ámbitos de la sociedad. Si los militares, la mayoría, nos quejamos del poco aprecio que se nos tiene desde determinados sectores o de lo injusto que se nos trata a pesar del extraordinario trabajo que realizan muchos de nosotros, después de un acontecimiento de esta magnitud, el odio y la fractura con la sociedad sería insoportable. Si ahora muchos militares sufren las consecuencias de acontecimientos, hechos, conductas y enfrentamientos que se han producido antes de su propio nacimiento, ¿cómo se puede ser tan inconsciente de no darse cuenta que semejante acción condenaría a los militares durante generaciones? ¿No hemos tenido suficiente con lo que ya hemos vivido en el pasado? Y lo más grave de todo es que ni siquiera conseguiríamos solucionar el problema porque la fuerza, como ha demostrado la historia, nunca es una solución en este tipo de conflictos.

Es por ello que yo como soldado pienso –porque los soldados tienen que pensar- y, por tanto, decido sobre la legitimidad o no de las órdenes. Y decido que si una orden no es legítima no la cumplo, y no solo no la cumplo, sino que asumo sus consecuencias –las derivadas de no cumplirla-. Creo que nada mejor como hablar de forma pública de lo que cada uno pensamos para que la información y el debate lleguen a todos los rincones de la sociedad, incluidos aquellos en los que parece que escuchar, hablar, discutir y pensar está prohibido. Los militares, con nuestras distintas ideas -incluidos los que piensen diferente a mí-, debemos empezar a expresarnos y, también, a pensar.

Hablando de la obediencia debida y la obligación de cumplir determinadas órdenes, quisiera acordarme de muchos militares, policías o guardias civiles que no tienen elección a la hora de cumplir las mismas. Hace poco hemos visto en televisión el dolor de los guardias civiles y su impotencia por tener que cumplir órdenes ilegales y amorales. Por ello, quisiera recordar a la sociedad que la mayoría de los guardias civiles y policías son gentes de bien que muchas veces tienen que hacer lo que no quieren y muestra de ello es que en la Guardia Civil hay un intento de suicidio cada diez días y un suicidio consumado cada diecinueve. Muchas personas que trabajan en las FCSE sufren auténticos dramas en silencio. Por ello, los guardias civiles o los policías, muchas veces, son tan víctimas como los demás y lo único que pretenden es seguir manteniendo a sus familias.