Un paso al frente

Algunos hombres buenos (o mujeres) y el discurso del rey

En los últimos tiempos, es difícil encontrar militares honrados que den la cara más allá de las órdenes, sobre todo, si ello supone un enfrentamiento contra el sistema o poner en juego su carrera militar o su empleo. En mi mente está la imagen de la película "Algunos hombres buenos" (A few good men, 1992), con esa brillante escena en la que el protagonista, el teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise), pregunta al coronel Nathan R. Jessup (Jack Nicholson) si ordenó el código rojo. En ese momento de tensión, se lo juega todo a una carta con ese "¡Quiero la verdad!" y recibe la ya legendaria respuesta del coronel Jessup: "Tú no puedes encajar la verdad".

Siempre he criticado a esa gran cantidad de mandos militares, como a otros ciudadanos, que permanecen inertes, casi como macetas, dejando hacer a esos otros militares que son verdaderamente corruptos, lo que les convierte en cómplices y responsable de lo que sucede. La cita de Edmund Burke, Para que el mal triunfe, basta con que los hombres buenos no hagan nada o el poema/sermón de Martin Niemöller sobre su inacción en la Alemania Nazi son reveladoras del mal que causa en la sociedad que una parte de ella permanezca al margen por no verse afectada o por encontrarse teóricamente en el grupo de personas favorecidas.

Debido a esa inacción predominante en la sociedad, aquellas personas que se arriesgan a hacer lo que tienen que hacer o el actuar como si que describía Christopher Hitchens en sus Cartas a un joven disidente (gracias por este libro Leticia), les convierten en especiales. Yo quisiera poner el foco en una persona excepcional, en mi opinión, una auténtica heroína. Se llama Patricia Moncada y es capitán y juez en el Juzgado Territorial número 12 de Madrid. Por lo común, tengo que reconocer que mis contactos con la justicia militar me han hecho descubrir lo peor de la propia justicia y lo más bajo de los propios juristas militares, cuya gran prioridad es proteger a la institución con todo tipo de ardides, artimañas y bajezas. La gran prioridad de la capitán Patricia Moncada es impartir justicia y por ello, y por hacerlo en las condiciones tan adversas en las que lo hace, debería ser recordada por la ciudadanía, ensalzada por los medios de comunicación y protegida por las instituciones. En cambio, lo que esta juez ha recibido es el desconocimiento de los ciudadanos, el silencio generalizado de los medios de comunicación y el perverso ataque de las instituciones, especialmente de las Fuerzas Armadas.

Esta semana he tenido tiempo de recordar otra gran película, "El discurso del Rey" (The King´s Speech, 2010), excelente película en la que Colin Firth interpreta el papel de Jorge VI. De las Fuerzas Armadas hablaba su majestad el Rey Felipe VI en su discurso, sin tartamudear, de la Pascua Militar, y lo hacía para dejar una frase para la posteridad: "Mandar es servir". Supongo que no se referirá a lo que decía un general en unas conversaciones grabadas que aparecieron en La Sexta, las cuales aquí dejo por si quiere alguien revisarlas (sobre todo, el Rey), más que nada para que sepa lo que sus generales consideran mandar y servir ("No te empeñes en sanear una empresa cuando todo el país está podrido" decía el general, entre otras muchas perlas).

El discurso del Rey, resultó desalentador para los que denunciamos corrupción, por no hablar de lo lamentable que supuso oír al ministro de Defensa pidiendo más dinero para realizar más compras en armamento, que no para mejorar las condiciones de los militares de tropa. Ello es especialmente grave cuando la factura no habrá forma de pagarla, se están expulsado a militares de tropa que trabajan con contratos basura o se están planeando sus ceses forzosos, por no hablar de los enfermos de hepatitis C que se mueren porque no reciben tratamientos. Yo soy de los que piensa que es necesario gastar en Defensa, ojalá no lo fuera, pero con el uso de la razón. Lo que no se puede es seguir tirando de chequera cuando la anterior factura en juguetitos de guerra asciende a 30.000 millones de euros y no hay forma de pagarla, el excedente de oficiales o macrocefalia consume más de 2.000 millones de euros anuales y resulta que nos comprometemos a otros 10.000 millones de euros en compras. Aunque claro, si se elige como ministro de Defensa a una persona que ha estado tan relacionado con la industria armamentística estos años, lo normal es que pase esto, que se gaste más dinero en material que no se necesita ni se puede pagar, porque ya vendrán los siguientes y pagarán, y si no pueden pues se quiebra, y si se tienen que quedar enfermos sin medicamentos, ¿cuál es el problema? Ninguno, al fin y al cabo, la ciudadanía parece más preocupada del pequeño Nicolás o de Isabel Pantoja que de otra cosa.

Hablando de discursos y de películas, espero y deseo que un día, su majestad el Rey Felipe VI le dedique un discurso íntegro a la juez Patricia Moncada por su extraordinaria labor (también que haya más juristas militares y más oficiales que hagan lo que tienen que hacer) y encare los problemas que hay en las Fuerzas Armadas con el mismo coraje con el que el papa Francisco I se enfrenta a la pederastia y otros problemas en la Iglesia, sin duda un ejemplo a seguir.

Patricia Moncada (capitán del cuerpo jurídico, no sé si lo había dicho) es la responsable, para los que lo desconozcan, de reclamar un informe secreto del accidente del F-5 que se produjo en Badajoz, uno de esos informes que se pierden y nadie encuentra, cosas de la justicia militar y nuestro mundillo (aquí es que los informes se camuflan y son expertos en operaciones especiales por lo que no hay forma de encontrarlos). También es la responsable de conseguir que se realizase la auditoría en el Acart de Getafe, la única que se ha hecho pública durante 2014 y que no tiene desperdicio desde luego (millones de euros por aquí, por allá, facturas falsas, cuentas corrientes ilegales, cientos de botellas de alcohol y kilos de embutidos comprados...). Por esa auditoría, y para impedirla, le abrieron un expediente disciplinario con objeto de arrestarla, lo que no fue nada más que una auténtica aberración, una de tantas de las que se cometen en el ámbito militar.

Por suerte, el Consejo General del Poder Judicial tuvo que intervenir para darle amparo, lo que resultó un enorme revés a la justicia militar. Debido a este caso, los generales del Tribunal Militar Central, el mismo que juzga a los altos mandos aforados (de empleo igual o superior a comandante) y que eran los que pretendían expedientarla, terminaron recusados. Hecho este último, como tantos otros, que poco o nada parecen importar a dicho tribunal o la inevitable pérdida de su prestigio, que a estas alturas es una auténtica sangría.

Pero en el año 2014 tuvo tiempo para más (si todos los juristas militares fueran como ello, sobre todo, los del Juzgado Central al que ya se encargarán más de uno que nunca llegue salvo que no sea para condenarla...), ya que también instruyó las brutales palizas a las que sometieron militares españoles a iraquíes. Estos hechos que deberían haber sido juzgados con dureza, algo que todos esperábamos, especialmente los militares, se cerraron con una sentencia sin precedentes, al considerar el Tribunal Territorial número 1 que los hechos no eran constitutivos de delitos ya que no se sabía si los apaleados eran terroristas o civiles. Algo que resulta por completo indecente e inmoral y que ha pasado de puntillas en los medios de comunicación, lo que quedará, con el tiempo y junto a otros episodios olvidados, como una de las grandes infamias que han cometido estos. Todavía no me explico cómo pueden dormir tranquilos unos señores que aseguran que los apaleados, sean o no terroristas, no están bajo los convenios de Ginebra. Máxime, cuando días después de conocerse esta sentencia se publicó el informe de la CIA sobre las torturas en Guantánamo y este concluía que ninguna de ellas había servido para proporcionar pista alguna.

Espero, sinceramente, que para este años 2015 haya una huelga en el mundo de los medios de comunicación porque esta desinformación acompañada de censura va a terminar por condicionar nuestro futuro, el de todos (periodistas y sus familias incluidas), que haya algunos hombres buenos más (y mujeres claro) y que por Dios, por todos los santos y por Hollywood, alguien cambie el guión del discurso del Rey

 

Pd: Quisiera pedir a los Reyes Magos (aunque esté fuera de plazo) que los altos mandos dejen de robar en las residencias, como ocurrió en la Residencia Universitaria de la Borbolla en Sevilla o que dejen de acondicionarse sus pabellones gastándose el dinero de otras partidas presupuestarias, como pasó en Murcia (Javalí Nuevo), en la que se gastaron 92.000 euros "adecentando" su residencia, aunque la sala V de lo militar del Tribunal Supremo lo absolvió en otra sentencia sin precedentes... Como podría estar haciendo peticiones semejantes durante horas y no quiero cansar a los Reyes Magos (que bastante cansados están ya), diré como dicen en los escritos los juristas, denlos por reproducidos por economía procesal y pasaré a mi última petición, que como en el Reino de los Cielos es la primera para 2015: Una Auditoría pública y externa para las Fuerzas Armadas. Si no la podéis traer vosotros, Reyes Magos, tampoco me importa que la traiga su Majestad el Rey D. Felipe VI y ya si echan a los corruptos en lugar de a mí... (Lo dejo que ya me estoy pasando con tanto pedir cuando lo único que me van a traer los reyes es carbón, algún encierro más y el despido... Sea como sea, FELIZ AÑO 2015 a todos).