Un paso al frente

Enterrar a los muertos

Siempre supe —y el tiempo me lo ha confirmado—, que no sería nada fácil. Sabía que en las Fueras Armadas hay excelentes militares por los que merece la pena luchar: oficiales que no rehúyen sus obligaciones —aunque escasos—, suboficiales a los que deben permitir ascender y tropa a la que deben permitir ser militar de carrera.

También sabía que una parte de la cúpula militar comete abusos, corruptelas y disfruta de unos privilegios inadmisibles mientras el resto de la cúpula militar lo tolera por miedo o por interés o por ambos.

Era fácil prever que nunca se haría una auditoría en condiciones, que la justicia militar se dedicaría a tapar lo sucedido, que el Rey miraría para otro lado o que me encontraría con una obscena persecución.

Lo que jamás llegué a imaginar, es que no me concediesen un permiso de tres o cuatro horas para poder enterrar a mi tío —fallecido ayer— y poder abrazar y consolar a mi familia, al tiempo que ellos lo hacían conmigo. No lo pude imaginar porque pensaba que podrían ser mezquinos o ruines, pero tendrían un código de honor, uno de esos códigos que hasta los delincuentes poseen.

Lo pensé porque yo, que pienso luchar hasta el final por conseguir justicia me encierren el tiempo que me encierren, sí les habría dado ese permiso. No lo habría hecho por caridad, ni tampoco por ser buena persona, lo habría hecho porque hay un código de honor no escrito que permite poder hacer concesiones como que cada uno entierre a sus muertos, sin que por ello se pierda un ápice en la batalla, sea del tipo que sea, hasta en el caso de su vendetta.

Esta noche, sólo en la habitación, después de casi 130 días de arresto (más de lo que sufrirán la mayoría de corruptos) y de haber pasado por todo tipo de abusos, siento más que nunca que este no es el Ejército que había soñado, ni el que quiero, ni el que debería ser.

Esta noche lloro porque no podré cumplir mi promesa de ver a mi tío el día que recupere mi libertad porque ya no estará, lloro porque no he podido abrazar y consolar a mi familia y que ellos me consolaran, lloro porque ninguna otra noche me dolió tanto ser prisionero de esta batalla, pero esta noche también lloro por un Ejército que ya no tiene un código de honor, ni tan siquiera, el que comparten los ladrones.

 

 

El teniente Segura se encuentra arrestado en un centro disciplinario militar desde el pasado 15 de enero. Es su tercer arresto en menos de un año. La autoridad militar le acusa de "atentar contra la disciplina de las Fuerzas Armadas" por la publicación de su libro, Un paso al frente (Tropo Editores)   —una obra de ficción donde denuncia casos de corrupción en el Ejército—, afirmar que él no entraría en Catalunya para frenar el auge soberanista y colaborar con este y otros medios de comunicación. 

El teniente denuncia que estos arrestos suponen un ataque a su libertad de expresión, así como que el Ejército ha recrudecido sus condiciones. Continúa con las publicaciones de su blog a través de manuscritos que hace llegar a Público.es.
Más información:

"La ciudadanía no puede regalar el Ejército a los seudofascistas"

El Ejército aplica un régimen disciplinario de máxima seguridad al teniente Segura