Un paso al frente

¿Un ejército democrático o el ejército de Gila?

Han sido muchas las voces dentro y fuera del ámbito militar que han considerado que la afirmación de ejército democrático es una paradoja. Los más enrocados han protestado porque no se imaginan que para tomar una colina sea necesario someter tal decisión a una votación y los más maliciosos han querido ver en la democratización de las Fuerzas Armadas desde purgas soviéticas hasta la implantación de asambleas. Parece que la mera evocación de la palabra democracia genera bastante temor dentro del ámbito castrense, lo que en sí mismo no es un buen indicador.

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Los militares no siempre reparten magdalenas

Aunque sea una obviedad, hay que resaltar que a los militares les dan armas y les mandan a los lugares más conflictivos del mundo, lo que genera que en ocasiones tengan que hacer uso de ellas y que, por desgracia, terminen causando la muerte de otras personas. Sobra decir que es imprescindible que la formación en derechos humanos sea muy intensa, ya que no se pueden repartir armas sin más (algo que sucede a día de hoy). Por ello siempre digo que a los soldados hay que pagarles más y mejor (eliminar la precariedad laboral y darles la condición de militares de carrera) pero también exigirles mayores conocimientos en el desempeño de sus funciones.

La guerra no tiene ni un artículo en la Constitución

Resulta incomprensible que no exista en la Constitución Española ni un solo artículo dedicado a los conflictos armados ni a las guerras. No es que pretenda que se someta a votación el tomar una colina o no, lo que es absurdo debido a la necesaria jerarquización que debe existir en un ejército, lo que pretendo es que se implementen las debidas garantías que impidan un mal uso del mismo y/o unas malas prácticas dentro de él.

Así pues, el primer paso sería definir lo que es un conflicto armado y cómo se intervendría en él. Mi opinión es que la decisión última la deben de tomar los ciudadanos mediante un referéndum. Para ello habría que informar a la ciudadanía de la intervención que se quiere realizar y los motivos, para que se pueda refrendar la decisión. Intervenciones como las de Iraq o Afganistán se han terminado por convertir en auténticas estafas, sin olvidar sus nefastas consecuencias geopolíticas.

Cuando hablamos de referéndum (otra palabra maldita para los altos mandos militares), no faltan los críticos que se preguntan si haríamos un referéndum en caso de una agresión externa. Es evidente que se podría introducir en el mencionado artículo constitucional un apartado que se refiera a estas agresiones y a la pronta respuesta.

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¿Qué conseguiríamos con la constitucionalización de la guerra?

Lo más importante sería legitimar al militar que pueda tener la desgracia de participar en un conflicto armado, ya que aquello que hiciese sería plenamente respaldado por sus ciudadanos. No hay que olvidar que también se podría evitar que el ejército fuese usado de forma inapropiada por intereses particulares o que se acercaría la milicia a los ciudadanos al sentir estos que los militares responden a sus designios y no a los de determinados poderes.

¿Son las Fuerzas Armadas responsables de la integridad territorial, la independencia y la soberanía nacional?

Sería conveniente, pues, eliminar el infausto artículo octavo que versa sobre la integridad territorial y que cada cierto tiempo es esgrimido por algún alto mando a modo de anacrónica advertencia. Es innegable que las Fuerzas Armadas "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional" pero no de forma autónoma, sino de forma subordinada a los propios ciudadanos.

Son los partidos políticos elegidos de forma democrática los que deben cargar con esta responsabilidad y no las Fuerzas Armadas.

No se trata de ningunear a nadie, sino de dar el espacio que le corresponde a cada uno dentro de un ámbito democrático, y en las democracias los ejércitos no pueden funcionar de forma autónoma, ya que son una herramienta al servicio de sus propios ciudadanos. Este artículo octavo podría costarnos un disgusto en cuanto a que una interpretación literal del mismo podría ponernos en una situación indeseada. Quisiera dejar una pregunta en el aire: ¿qué sucedería si los ciudadanos deciden romper la integridad territorial? ¿Deben las Fuerzas Armadas en cumplimiento de este artículo atacar a sus propios ciudadanos?

El problema es, por ejemplo, que si todos los ciudadanos votan mañana decidiendo que las autonomías se independicen unas de otras porque así lo desean (por teorizar sobre algo inverosímil) o se plantean ceder toda la soberanía e independencia de España en aras de la construcción de una Europa unida (lo que es más probable), ¿podrían las Fuerzas Armadas impedirlo dado que son los guardianes constitucionales de la integridad territorial, la soberanía o la independencia? Ahí lo dejo...

¿Existe un funcionamiento democrático en las Fuerzas Armadas?

Es necesario implementar una serie de garantías para que se respeten los derechos humanos y los valores democráticos en el seno de las Fuerzas Armadas. Estos elementos de control deberían ser más completos que los existentes en la actualidad (si es que existe alguno) o en el mundo civil, ya que la fuerte jerarquía del mundo castrense y la necesaria subordinación para su funcionamiento requieren de controles exhaustivos para que estos no degeneren en los abusos, privilegios o corruptelas. Una cosa es la subordinación y otra bien distinta la sumisión.

Para conseguir un control más eficiente del mundo militar sería necesario que la justicia, la sanidad, la educación, el sistema auditor o la Guardia Civil sean independientes del mismo o, lo que es igual, que las Fuerzas Armadas dejen de ser un estado propio dentro del estado y se integren en él.

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Quizá llevemos retraso frente a otros países...

Llevamos un considerable retraso pero nunca es tarde si la dicha es buena... ¿Democracia o nuestro entrañable Gila?