Un paso al frente

¿Es la tropa chusma?

Hay una jerarquía racial en las Fuerzas Armadas

Cuando los oficiales de la antigua escala media (los que procedían de la escala de suboficiales) se integraban en la nueva escala unificada de oficiales se decía que se blanqueaban ya que en el Ejército a los oficiales de la antigua escala superior se les conoce como blancos, a los oficiales de la antigua escala media como mestizos y a los suboficiales como negros. Aunque parezca increíble, a día de hoy existe una denominación/clasificación racial para las escalas. Tal es la frecuencia y la aceptación de dicha clasificación que cuando un oficial de la antigua escala superior se mostraba muy altivo rápidamente se le calificaba como blanquito.

En esta jerarquía racial, ¿dónde se encuentra la tropa? Pues bien, si en la academia de oficiales se recalcaba con denuedo que los suboficiales (los negros) eran el enemigo y que no había que dejarles ni a sol ni a sombra porque te la podían jugar o bien podían intentar escaquearse, a la tropa se la solía califica de chusma. La tropa, según esta teoría, estaba compuesta por una serie de rufianes y desechos de la sociedad que entraban en el Ejército porque no tenían ningún otro lugar donde caerse muertos. Por ello, con la tropa valía (y vale) todo.

Por un lado, todos los latigazos que se les dieran estaban bien vistos. Un oficial que supiera cómo manejarles, que les atizara en el lomo sin compasión era un buen oficial. Un oficial que compadrease con ellos, tenía un defecto, tropeaba. A mi personalmente, me llegaron a bajar las calificaciones por tropear, lo que no es ni más ni menos que ir a tomar café con tus compañeros de trabajo fuesen estos los que fuesen. Recuerdo un capitán que solía desayunar siempre con otros capitanes, hasta que ascendió a comandante y dejó de desayunar con los capitanes para hacerlo con los comandantes.

La tropa es chusma y por eso no se necesitan a los mejores

Por otro lado, como la tropa es chusma también se le puede dar ciertas licencias y permitir vicios o defectos que jamás se le permitirían a un suboficial y menos aún a un oficial (y ya no digo nada si este es blanquito). A la tropa lo primero que se le repite es que no ha entrado al Ejército para pensar (de hecho hace unos años se bajó el coeficiente intelectual para ingresar como soldado) y, por supuesto, ni hablar de cambiar esto o aquello (si no te gusta te vas al mercadona, no haber entrado si no te gustaba o ya sabías lo que había).

En esta situación es normal que hubiese soldados que al dirigirse a mi me dijesen "te apoyo, pero solo soy un simple soldado". Es mayoría el caso de los soldados que se sienten frustrados por ser solo soldados.

Las condiciones laborales son pésimas, los soldados ven como a muchos compañeros que se han jugado la vida los expulsan sin pensión ni ningún tipo de contraprestación. De repente, después de veinte o veinticinco años de servicio, después de sudar y sangrar, de arriesgar la vida, de sufrir divorcios, de no ver crecer a los hijos o abandonar a sus familias cada dos por tres, se encuentran en la cola del paro con una mano delante y otra detrás, y sin más formación que la de ser soldado. Eso por no hablar de la forma en que se acosa a los que solicitan la conciliación familiar, tienen hijos o exigen sus derechos.

La tropa entra en un bucle de frustración

Todo esto forma un bucle del que es muy difícil salir, es lo que se conoce como círculo vicioso. El soldado no encuentra incentivo alguno para realizar sus tareas, sabe que es prescindible, que su propio Ejército le va a abandonar en cuanto tenga una lesión como si fuera un juguete roto (vergonzoso lo que sucede con los tribunales médicos y los porcentajes de minusvalías), que no le van a pagar lo que le corresponde, que no tiene posibilidades de ascender ni de mejorar. Es indudable que en estas condiciones de precariedad laboral (por la temporalidad, el sueldo, etc.) y de total carencia de derechos el soldado pierda por completo la ilusión, aun cuando en la mayoría de los casos se trata de personas que un día soñaron con ser militares.

Esta pérdida de ilusión lo que hace es que el soldado se dedique a hacer lo justo para cumplir e, incluso, comienza poco a poco a escaquearse de todo aquello que puede porque lo que siente es que le están explotando y, encima, la sensación que tiene es que trabaja para que sus jefes (oficiales) se ganen un ascenso o una medalla.

Esto genera que la tropa responda al patrón de chusma que al oficial le habían contado en la Academia y se refuerza su opinión de la tropa, lo que hace que la trate con poco respeto. A su vez, este trato alimenta a los soldados a hacer lo mínimo, a darse de baja, a hacer lo justo por cumplir, etc.

Todo esto supone más presión en los soldados que siguen aguantando y haciendo su trabajo porque ven que otros no lo hacen, lo que les fuerza a terminar arrastrados por la desmotivación o enfrentados a sus propios compañeros al sentir que hacen el doble de trabajo porque estos se dan la baja o no cumplen. Incluso muchos terminan juzgando a otros compañeros o recriminándoles por estar o no de baja, a veces con razón pero otras muchas sin ella.

Esta situación es más evidente en el contraste entre soldados recién salidos de la academia y aquellos veteranos que ya han sufrido lo suficiente como para sentirse desengañados y saber lo que les espera.

Por increíble que parezca este bucle no supone problema alguno para los altos mandos debido a que genera que los soldados sean más manejables, ya que se encuentran enfrentados entre ellos, y así es mucho más fácil despedirles, acosarles o humillarles. Al final, cuanto menos se le pague a la tropa, mayor temporalidad tenga y menos unida y organizada esté, más fácil será para los altos mandos seguir teniendo sus privilegios (clubes y residencias militares, campos de golf, viajes a Europa, etc.). Unos soldados profesionalizados, unidos, organizados y motivados supondrían un serio problema para los privilegios, corrupciones y abusos de la cúpula militar.

En esta calamitosa situación, la lógica a lo que invita es a cambiar el modelo para invertir la tendencia

Empecemos a considerar a los soldados lo que son (el elemento fundamental de cualquier Ejército), paguémosles como merecen, dotémosles de las condiciones necesarias para que sientan sus expectativas cumplidas y respetemos sus derechos laborales o su necesaria conciliación familiar. Ello nos llevará a exigir a los soldados formación, valores y esfuerzo porque ya no serán chusma, sino soldados a los que se les paga una cantidad considerable de dinero. Ellos comprenderán que por lo que les pagan les pueden exigir, sabrán que si les expulsan es de forma justa y no porque ya son trapos que nada más pueden aportar... (Casi muero por darlo todo por un país que luego te da una patada en las naricesLa Razón)

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Son un valor que tenemos y lejos de querer sustituirles por reservistas (propuesta electoral del PP) lo que hay que hacer es sacarles el mayor partido posible y después asegurarles un futuro en la administración pública cuando su edad y/o su salud no les permita seguir dando su vida. En ese momento habrán ofrecido sus mejores años y sería justo que no se les abandonasen ni terminasen desilusionados después de convertir en pesadilla el sueño de su vida.

Merece la pena intentar cambiar un modelo que se sabe hace siglos que no funciona, por mucho que sea rentable para los altos mandos. La realidad es que no lo es para la mayoría de los militares y no lo es para el conjunto de la sociedad que paga la factura.