Un paso al frente

Criminalizar a los titiriteros es asesinar la libertad de creación y la ficción

¡Despellejemos y quitemos la piel y las uñas de los titiriteros! Ah, no, que eso es lo que hacían los GAL que se crearon con el PSOE de Felipe González.

¡Peguemos dos tiros en la cabeza de los titiriteros! Ah, no, que eso es lo que hizo Emilio Hellín, ultraderechista que asesinó de Yolanda González con la complicidad del estado y que terminó impartiendo cursos hasta hace poco a distintas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

¡Decapitemos y crucifiquemos a los titiriteros! Ah, no, que eso es lo que hacen las monarquías del Golfo amigas de nuestros reyes y gobernantes.

¿Qué hacemos con ellos?

No voy a defender el contenido de la obra ni voy a referirme a lo que la mayoría de las televisiones emiten, en muchas ocasiones con escenas y argumentos más violentos, agresivos y ofensivos. No vale el "y tú más". Tampoco es necesario recordar que la representación supuestamente ofensiva (la pancarta de "Gora Alka-ETA", la monja violada o el juez ahorcado) es realizada por muñecos de trapo cuyo impacto es muy inferior a una obra de teatro o una película. Solo hay que recordar dos apuntes del caso: ficción y creación artística.

Se trata de dos terrenos completamente libres en los que los creadores tienen una capacidad de maniobra que en otros formatos no es posible. En su momento, yo sufrí una propuesta de expulsión por escribir una novela que basándose en la realidad era una completa ficción y jamás pensé que vería un caso similar en la sociedad. Me equivocaba. Lo cierto es que las Fuerzas Armadas son reflejo de la sociedad y este caso lo evidencia.

Resulta preocupante que se haya encarcelado a dos titiriteros por una obra de ficción, ocurra lo que ocurra en ella. Creo que en este asunto hay una confluencia de factores como el intento de linchamiento permanente que sufre Manuela Carmena y el Ayuntamiento de Madrid, la intención de dañar públicamente a las nuevas formaciones políticas y la necesidad de oscurecer los incesantes y grotescos escándalos de corrupción. Debido a ello dos personas han perdido su libertad y es una línea roja que jamás se debería haber traspasado.

Supongo por lo que han pasado porque yo perdí la mía 139 días. La rabia, la impotencia y la frustración. Es indescriptible ser encerrado sin justificación alguna y con una completa arbitrariedad, quedar aislado de la sociedad, sentir el dolor que ello causa a tus seres queridos o la forma en la que, día a día, pretenden quebrar tu voluntad. No, la verdad es que no, no hay ninguna justificación para que los titiriteros estén en la cárcel salvo que queramos volver a los GAL, a la más rancia ultraderecha o queramos parecernos a Arabia Saudí. Es inadmisible.

Muy probablemente haya sido un error programar esa obra en ese momento y lugar, o tal vez no, puesto que en Granada se representó sin que hubiera la más mínima queja. No lo sé. Pero de ahí a encarcelar y criminalizar a dos personas por una creación artística, sea cual sea, nos retrotrae a la dictadura y a tiempos mucho más oscuros. Discutible es la programación pero indiscutible es la creación y los creadores.

A día de hoy tengo una sensación de involución muy preocupante, de Antiguo Régimen que empieza a enrocarse, de grupos de poder que parecen capaces de cualquier acción con tal de seguir en el lugar en el que están y de títeres (estos de verdad) que cumplirían cualquier orden por infame que sea.

Una obra puede gustar o no, puede ser acertada o no, pero lo que jamás puede ser es un delito. Si la ficción y la creación literaria se convierten en delitos, la democracia se convierte en lo que no es y no debería ser. Recapacitemos. Los ciudadanos estamos cayendo en la trampa que nos están tendiendo determinados políticos que buscan permanentemente el enfrentamiento y la crispación. Todo lo que está sucediendo en este caso como las amenazas a Juan Diego Botto está sobrepasando todos los límites.

Si pensamos con frialdad, los dos últimos escándalos en Madrid se han producido por la cabalgata y los carnavales... ¿No hay nada más serio que imputarle al gobierno de Manuela Carmena? Supongo que todo se debe a que esta alcaldesa no se dedica a vender pisos de protección a un fondo buitre en el que trabaja su hijo y no forma parte de un partido político que se comporta como una organización criminal...

Creo que la opinión de Joaquim Bosch, Jueces para la Democracia, es de una lógica aplastante: "del vídeo de la obra se desprende que no es un caso de enaltecimiento del terrorismo, sino una crítica a la instituciones del Estado amparada por la libertad de expresión, con independencia de que la obra, que es de ficción, guste o no".

Ahora... ¡Los títeres a la calle y los corruptos a la cárcel!

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de las novelas "Código rojo" (2015) y "Un paso al frente" (2014).

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"Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión" ("A golpe de letra" por Sergio Sancor). ¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA!

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