Opinion · Un paso al frente

A Esperanza Aguirre solo le queda la imbecilidad

A Esperanza Aguirre solo le queda la imbecilidad, que puede ser mucho o poco según se mire. Es un argumento al que se agarran o agarraron la Infanta, Rita Barberá, Mariano Rajoy, José María Aznar, Felipe González, Alfonso Guerra y una enorme lista de personajes tan reconocibles como mediocres y/o corruptos. «Yo no sabía nada» es lo que ha venido a decir «la lideresa» mientras dimitía como supuesto gesto de dignidad.

Poco valor tiene dimitir en su caso, por no decir ninguno, si tenemos en cuenta que le quedaban tres meses en el cargo, que ha fracasado en su intento de ser alcaldesa y que su carrera política está prácticamente terminada. Aunque algunos lo esconden, no pensaba presentarse al congreso que se producirá en primavera, por lo que sería más apropiado decir que se va unos meses antes.

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Esperanza ya dimitió en una ocasión (2012). Lo hizo como ahora, de verdad pero de mentira. Dejó a su delfín, Ignacio González, que desprende un olor bastante desagradable a estas alturas de la película, como Granados y otros que ella misma nombró. Su movimiento escondía un asalto a la presidencia que se tuvo que quedar en alcaldía. Perdió pero ganó y luego ganó pero perdió.

Esperanza Aguirre tuvo la poca vergüenza de afirmar hace unos meses que España no estuvo en la guerra de Irak y muchos lacayos y troles la secundaron. No ya sin pensar, lo hicieron sin saber. Su argumentación consistió en interpretar que la guerra fue únicamente la invasión de Irak y que todo lo que sucedió después fue un repartir magdalenas. Murieron y fueron heridos militares y civiles en número superior a los dos millones y se produjeron batallas tan sangrientas como la Batalla del 4 de abril (en la que los militares españoles participaron) o la Segunda Batalla de Faluya, descrita por militares norteamericanos como el combate urbano más duro desde Vietnam. Supongo que Esperanza tampoco considera una guerra lo que sucedió en Vietnam…

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La lideresa, la misma que tuvo las agallas de mentir sobre la guerra de Irak utilizando una sutileza y una maldad fuera de toda duda, pretende ahora decirnos a todos algo así como que es la tonta del bote. Una persona inocente y confusa que de nada se enteró durante todos estos años (¡más de 30!) y que fue la casualidad la que obró en su contra, porque si por ella hubiese sido habría terminado con la corrupción de España y parte del mundo.

No es nueva la vileza de Esperanza, que se nos presentó hace no mucho como la persona que destapó la «Gürtel». Es irrefutable que no solo no descubrió la «Gürtel» sino que ha destrozado a Ana Garrido, la que sí lo hizo, cuya vida ha terminado casi en la indigencia.

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La realidad, por la que pasará a la historia, es por haber liderado una de las organizaciones más corruptas que han existido en este país. Es innegable que Esperanza Aguirre es corrupta. Lo es por activa o por pasiva, ya sea porque ha tenido pleno conocimiento sobre lo que pasado, porque lo ha fomentado y liderado o porque ha permitido que sucediera. No se puede estar vinculada durante más de tres décadas a semejante antro de corrupción sin estar corrompido en mayor o menor medida, menos aún sin saber nada.

Por si fuera poco, en su último golpe de mano ha demostrado una maldad que poco o nada tiene que ver con la estupidez. Por un lado ha dimitido sin dimitir, porque seguirá siendo portavoz del PP y porque ya se iba.

Por otro, ha intentado asestarle un golpe mortal a Mariano Rajoy, un enemigo íntimo, con un «yo caigo pero tú vienes conmigo». La dimisión de Esperanza Aguirre tiene más que ver con esa última puñalada que con cualquier ataque repentino de dignidad. Ha pretendido desnudar a Rajoy dejándole solo delante de los focos con su nombre inscrito en la libreta de Bárcenas y su «sé fuerte» en el móvil. Una estocada mortal justo en el momento en el que este intentaba forzar unas elecciones para conseguir volver a ser presidente. Quién sabe si será recompensada por un futuro presidente popular que no sea Mariano, si es que ello se produce, o por alguna empresa.

Mariano Rajoy, afirma comprender a Esperanza, aunque desconozco el qué o si de verdad es capaz de comprender algo. El día que le toque el paseíllo a Rajoy no tendrá mucho problema para hacerse pasar por lo que haga falta, porque realmente es tonto o se trata de un genio incomprendido que nos tiene totalmente confundidos. Todavía no le encontré explicación.

En breve los jueces, fiscales, abogados y ciudadanos escucharán a Esperanza Aguirre afirmar que nada sabía, que no se enteró y que era tonta, tonta de capirote o lo que haga falta, porque lo único que le queda a «la lideresa» para defenderse, como a la Infanta y como a muchos otros, es la imbecilidad. Ciertamente, no estamos gobernados por imbéciles, no en todos los casos al menos, sino por corruptos, por lo que espero que Esperanza Aguirre, como muchos otros, termine en la cárcel, tarde o temprano.

Imbécil o no, lo merece.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de las novelas «Código rojo» (2015) y «Un paso al frente» (2014).

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