Opinion · Un paso al frente

Vender armas a Arabia Saudí es participar de una carnicería

La industria armamentística no tiene ninguna razón de ser en España. Son muchas las ocasiones en las que defiendo la necesitad de tener unas Fuerzas Armadas, aunque deberían ser muy diferentes a las que tenemos. Necesitamos cambiarlas internamente y conseguir que sirvan a la sociedad y no a las grandes empresas. No podemos volver a permitir desastres como los acaecidos en Irak o Afganistán, porque estas guerras han generado muerte, destrucción, terrorismo y enriquecimiento. Han sido las petroleras, las industrias farmacéutica, textil y militar y una serie de personajes oscuros los que se han lucrado con estas guerras. Por tanto, el mal uso de las Fuerzas Armadas es más que evidente, ya que se han usado para guerras neocoloniales con intereses empresariales, pero eso no significa que no se necesiten ejércitos.

Para terminar con el EI necesitamos una intervención terrestre, al igual que para terminar con la situación Israel-Palestina, los genocidios de Yemen o Sudán, permitir la implantación de ayuda al desarrollo en estados fallidos, desactivar minas en lugares en conflicto, etc. Es decir, necesitamos una milicia aunque no sea esta ni para lo que está siendo utilizada.

Si bien es cierto que para terminar con el EI necesitamos un ejército no lo es menos que para terminar con el terrorismo no será suficiente con ello. Son los planes de desarrollo de las regiones más deprimidas y los planes de integración de las comunidades más marginadas en Europa los que terminarán con el terrorismo. Las armas que debemos emplear son la educación, la sanidad, las infraestructuras y el progreso, pero no podemos confundir EI con terrorismo. El primero se combate con un ejército, pues es muy difícil su posibilidad de extinción espontánea, y el segundo con un plan de desarrollo, pues esta es la mayor prevención para la existencia en un futuro de un nuevo EI.

Defendida la necesitad de unas Fuerzas Armadas, aunque sean otras, creo que es completamente innecesaria la existencia de la industria armamentística. A día de hoy, la mayoría del armamento se compra a los mismos países y la necesidad de secreto es muy reducida. Prueba de ello es que la información sobre las unidades militares y su armamento puede ser consultada de forma sencilla en internet. Casi todos los países compran y comparten armamento, lo que hace superfluo que cada país tenga su propia industria que le provea de armas o se dedique a la innovación de estas. Salvo las grandes potencias, el resto no tienen exigencia de fabricar nuevas y exclusivas armas. Quien alegue que ello lo hacemos para no depender de otros países niega la evidencia: militarmente hablando (y en muchos sentidos) España es una colonia.

La fabricación de armas en España se ha multiplicado de forma brutal desde el año 2000, beneficiándose precisamente de guerras como las de Irak y Afganistán, y en la actualidad somos la séptima potencia del mundo en fabricación y exportación de armas. En total, son 8.800 millones de euros los que factura esta industria, unos 4.000 millones los que exporta y 22.000 los puestos de trabajo que ofrece.

Ni es ético ni es responsable sostener esta industria, lo que no quiere decir abandonar a las 22.000 familias que viven de ella. Es necesario reconvertirla y para ello los políticos tendrán que trabajar duro, pero es del todo inaceptable que continuemos potenciando dicha industria.

Hoy, en Público, Carlos del Castillo nos informa de la situación de la venta de varias corbetas a Arabia Saudí, país que ha estado bombardeando Yemen y ha asesinado a más de 700 niños y 6.000 personas. España, que el año pasado exportó el 26% de las armas a este país, es colaborador del genocidio que se está cometiendo y deberíamos ser los españoles los que pidiésemos su cese. Esta venta supondría unos 3.000 millones de euros en ingresos y un aporte de cinco corbetas que ayudarían a Arabia Saudí a proseguir su genocidio en Yemen. Hay que pensar en todos los muertos que se derivarían, aunque sea de forma indirecta, de esta venta.

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En muchas ocasiones nos arrojan como arietes las 22.000 familias que pueden ver amenazado su empleo, pero lo cierto es que los verdaderos beneficiados de todo esto son otrosEl rey Juan Carlos es el que participa en muchas ocasiones en la intermediación de venta de armas a Arabia Saudí y, curiosamente, en su entorno había al menos dos personas con cuentas en Panamá. Cuentas en Panamá que también tenía Miguel Blesa, vinculado a Aznar, y con las que vendía armas. Por si fuera poco, en esta historia aparece otro personaje muy inquietante, Gadafi, y la venta de armas a Libia.

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A poco que recordemos, en noviembre de 2013 Elipidio Silva afirmó tener correos electrónicos que vinculaban a Aznar, Agag, Blesa y el tráfico de armas. Los que hayan leído la novela Código rojo habrán comprobado que la ficción termina por convertirse en realidad o que esa ficción estaba documentada. El tiempo pone a cada uno en su sitio.

En este mundo tan globalizado, si fabricamos armas es porque hay personajes muy siniestros ganando mucho dinero con ello y varias industrias que convierten los cadáveres en billetes.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

Puedes obtener más información en las novelas «Código rojo» (2015) y «Un paso al frente» (2014).

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Próximas presentaciones: ZAMORA (22 de abril), CIUDAD RODRIGO (23 de abril), CUENCA (26 de abril), TOLEDO (27 de abril), MOLINA DE SEGURA (28 de abril) y CARTAGENA (29 de abril). Consultar Facebook para más información.

«Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión» («A golpe de letra» por Sergio Sancor). ¡CONSÍGUELA AQUÍ FIRMADA Y DEDICADA!

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