Opinion · Un paso al frente

Jorge Fernández Díaz, de encontrar a Dios en Las Vegas a los sobresueldos en el PP

Jorge Fernández Díaz no sale de una para meterse en otra, aunque poco parece importarle. Si él no evidencia la más mínima preocupación por su conducta, en el Partido Popular no parecen plantearse una decisión drástica. Por el contrario, parecen sentirse confortables con los escándalos, lo que ha provocado que algunos se planteen si los estos les generan un rédito electoral. Incluso algunos afirman que en las últimas elecciones el PP estuvo a dos o tres escándalos de la mayoría absoluta… ¿Tendrán razón?

El último disparate en el ministerio del Interior ha sido una riña entre altos mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil que ha terminado con un «en mi despacho mando yo». Como si de niños se tratase. Dado que no hubo consecuencias tras la matanza en la playa de El Tarajal, entiendo que nada ocurrirá en esta ocasión.

Por desgracia, no es el primer altercado ni será la último puesto que el ministerio del Interior es lo más parecido a un psiquiátrico, lo que tiene mucho que ver con el ministro. Antes de esta disputa hubo otras muy sonadas («Bronca en Interior: la Guardia Civil acusa a la Policía de vetarla en reuniones europeas», 07/02/2016; o «La histórica lucha de poder entre armas continúa», 04/02/2013).

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Jorge Fernández Díaz, un ministro franquista 1.0

Del ministro del Interior se ha hablado mucho, entre otras cosas, porque es muy del gusto de protagonizar altercados y dar muestras constantes de delirios, enajenaciones y negligencias. En su carrera profesional hay un poco de todo, aunque si destaca por algo es por ser un franquista de manual, de la primera versión del Franquismo, la 1.0, esa que carece de evoluciones y maquillaje. Es de los que no se oculta.

Hijo de franquista y hombre familiar

Jorge nació en el seno de una familia franquista cuyo padre, Eduardo Fernández Ortega, fue teniente coronel y Subinspector Jefe de la Guardia Urbana en Barcelona. Los barceloneses guardan un recuerdo imborrable de aquella época por el exquisito trato dispensado.

El joven Jorge no tardó mucho en llegar a la cumbre, pues en 1978 se convirtió en Delegado de Trabajo en Barcelona. Lo primero que hizo fue trabajar con denuedo para satisfacer la obligación recién adquirida de encontrar trabajo a sus conciudadanos, por ello colocó a dos hermanas (Isabel y Carmen), un hermano (Francisco José), tres cuñadas, su esposa y una prima de esta. Y eso que no era una buena época para encontrar trabajo porque España cuadruplicó el número de desempleados entre 1976 y 1983.

Así pues, con solo 28 años daba comienzo una meteórica carrera profesional al servicio de su familia que rubricaría casi en la edad de jubilación al construir un cuartel de la Guardia Civil donde nació su padre y todavía veranea su madre. En mitad de una crisis económica sin precedentes y con los guardias civiles sin chalecos antibalas y sus coches cayéndose a pedazos no encontró inconveniente en dilapidar más de un millón de euros en un nuevo homenaje familiar. La familia es lo primero, ya se sabe.

Dios acudió a su encuentro

El ministro tuvo claro que no había nada por delante de la familia hasta que su vida cambió a principios de los años noventa. Todo ocurrió en un viaje a Las Vegas, la Ciudad del Pecado. Hay quien pierde la cabeza o la fortuna, quien se casa y al poco tiempo se divorcia, quien sufre un terrible resacón… Jorge encontró a Dios en Las Vegas y este le debió susurrar en una de sus múltiples conversaciones (de momento no se conocen grabaciones de las mismas) que se aproximase al Opus Dei. En todo lo que aconteció después el Señor tuvo mucho que ver: se declaró en varias ocasiones contra el matrimonio homosexualcomparó el aborto con ETA, se hizo amigo de un ángel llamado Marcelo que le ayuda a aparcar y a resolver las grandes cuestiones, comenzó a rezar en el Valle de los Caídos sobre las tumbas de 35.000 cadáveres y condecoró vírgenes. Lo que se espera de cualquier español de bien.

Amigo de sus amigos

El ministro no solo es una persona familiar y católica, también es muy amigo de sus amigos. Por ese motivo, nombró comisario honorífico a Francisco Marhuenda, aunque ello le ocasionara una querella de los propios policías, y tuvo el gesto de recibir a Rodrigo Rato en pleno escándalo para tranquilizarle. Los amigos están en los escándalos y en las entregas de sobres.

Su despacho, centro de operaciones políticas

Tal fue su importancia durante la legislatura del Gran Mariano que su despacho se convirtió en uno de los lugares más importantes de nuestro país. En él se gestaron campañas de acoso y desprestigio a rivales políticos y filtraciones de informes policiales con fines políticos. No sé lo que pensará Dios de todo esto o si el ángel Marcelo le ayudó a orquestar alguna de las chapuceras operaciones, pero el caso es que hace unos meses Público difundió grabaciones sobre conversaciones bastantes comprometedores en su despacho.

¿Puede que Dios o el ángel Marcelo le quieran castigar por algo y enviasen las grabaciones a Público? ¿Tal vez fue Dios el que le incitó a tales actos o fueron idea del ángel Marcelo? A estas cuestiones no puedo responder porque no he podido contactar ni con uno ni con otro.

Compañerismo ante todo

Dos apuntes más sobre su extensa carrera profesional: aparece en documentos como uno de los cargos que cobró sobresueldos en el PP y bajo su mandato se produjeron los lamentables incidentes de la playa de El Tarajal que terminaron con un número indeterminado de muertos que oscilan entre 15 y 80, según versiones. Ambos hechos, conociéndole, creo que se deben a un ejercicio de compañerismo y solidaridad. En el caso de los sobresueldos lo hizo por solidaridad con Rajoy, Bárcenas y el PP; en el caso de la matanza por hacerle un guiño a Aznar, al que esperemos que algún día juzguen por crímenes de guerra.

La infamia

Es difícil encontrar más motivos para cesar a un ministro, para que dimita o para que nunca hubiera ocupado tal cargo. Si nuestra sociedad y nuestros políticos fueran profundamente democráticos nada de lo narrado aquí habría acontecido y el amigo Fernández Díaz no gozaría de excelente salud política y profesional. Es más, bastaría con que tuviéramos la cordura que ha demostrado El Vaticano al vetar el nombramiento de embajador que se pretendía para Fernández Díaz.

Por tanto, no queda más remedio que aceptar la realidad: nuestro país muestra unas enormes carencias democráticas, se encuentra carcomido por un franquismo travestido y exhibe un absoluto desprecio por la honestidad. Puede que todo se deba a que siguen ganando las elecciones.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra.

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