Opinión · Un paso al frente

La inquietante sombra de Juan Carlos I en el escándalo DEFEX, el caso de corrupción en la venta de armas

Juan Carlos I, en una imagen de archivo. EFE.
Juan Carlos I, en una imagen de archivo. EFE.

La semana pasada DEFEX volvió los medios de comunicación por una pieza judicial separada de la inicial (Angola) y centrada en la venta de armas a Arabia Saudí. Para ser más exactos, en la corrupción realizada a través de la venta de armas a esta monarquía denunciada por la vulneración de derechos humanos y la perpetración de crímenes de guerra. Sin embargo, los que solo hayan leído lo que se informó la semana pasada podrían correr el riesgo de perder parte de lo descubierto hasta el momento. Una porción demasiado significativa.

Lo divulgado la última semana

El pasado 25 de octubre El País publicaba que la Audiencia Nacional investigaba los presuntos sobornos que directivos de la empresa DEFEX pagaron para vender armas a Arabia Saudí. En total se trata de cinco ventas realizadas entre 1992 y 2004 y once contratos entre 2005 y 2014 que alcanzan unos 70 millones de euros. Se informaba, igualmente, que DEFEX es una empresa semipública cuyo accionariado se reparte entre el 51% de Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) y el 49% de compañías privadas.

El escándalo de corrupción en DEFEX, continuaba El País, estalló cuando en el año 2014 se descubrieron sobrecostes millonarios en la venta de marial policial a Angola. Ello provocó un proceso judicial que ha terminado en la liquidación de la empresa y la imputación de sus tres máximos responsables (José Ignacio Encinas Charro, presidente; el vicepresidente, que no se nombra; y Ángel María Larumbe Burgui, director de operaciones y del que no se desvela que es coronel). También resultó imputada Beatriz García Paesa (sobrina del famoso espía español Francisco Paesa, un tipo que llegó a simular su muerte en los años noventa), otras dos sociedades y más de 25 imputados.

La trama aprovechaba que DEFEX era una empresa con capital público para obtener con facilidad las autorizaciones para exportar armas y munición y después pagaban comisiones ilegales a personalidades conectadas con el país comprador. Y, también, a los propios directivos de la empresa.

En uno de los casos judicializados, DEFEX cobró 19 millones de euros, pero el material suministrado solo alcanzó 14,5 millones de euros; en otro caso, lo que sucedió fue que se pagaron 7,6 millones de euros a una empresa saudí sin que se justificase la razón de dicho pago; y en operaciones similares se perdieron otros 60,7 millones de euros que terminaron en Islas Caimán, concretamente en Peninsula Inc Ltd.

Hasta aquí el tosco resumen de lo que fue portada de El País hace una semana.

Lo que no se cuenta: la trama angoleña

Para que la información sea completa se hace necesario conectar la trama saudita con la angoleña (relatada en el capítulo 21 de ‘El libro negro del Ejército español’ titulado ‘El negocio del «king»’). Esta trama consistía en vender material policial por valor muy superior al real (152 millones de euros cuando el material transferido tenía un valor de 50 millones) mientras Beatriz García Paesa desviaba los fondos a paraísos fiscales (Gibraltar, Hong Kong, Suiza, Islas Caimán, Luxemburgo…). Es decir, en esencia, un funcionamiento muy parecido al relatado en el caso de la pieza saudita.

En el entramado angoleño se le detectaron cobros por 323.000 euros en Suiza a Ángel María Larumbe, coronel que aparece en la anterior publicación, y a Encinas Charro, un imputado que no aparece en la misma, unos 380.000 euros en una caja de seguridad.

Pero lo más importante, y aquí es donde se encuentra la inquietante sombra de Juan Carlos I, deriva del correo electrónico entre Beatriz García Paesa y Juan Carlos Cueto (otro imputado), en el que hablaban de transferir tres millones de euros «al Kin» (sic), y de las declaraciones de los imputados. Pues si bien los investigadores afirmaron que «el King» era el general Armando Da Cruz Neto, exembajador de Angola en España, el expresidente de DEFEX atestiguó que en África no había ningún «king» y que “eso eran palabras mayores”.

Lo de “palabras mayores” podría haber sido tomado por un farol si la trama corrupta hubiera quedado circunscrita a Angola, pero lo cierto es que ya entonces sabíamos que DEFEX estaba intentando vender carros de combate y barcos a Arabia Saudí, una de las piezas más importante del puzle. Un país en el que la trama de DEFEX coincidió con Juan Carlos I y con Corinna en la venta a los sauditas de más de doscientos carros de combate. Lo que no deja de ser un tanto delirante, pues nos encontramos con una empresa pública haciendo la competencia al jefe de Estado de su propio país (y a su amante). Lo que resulta claramente ilógico, a menos que fueran lo mismo, compartieran intereses y formaran parte de lo mismo. ¿Qué sentido tendría corromper a funcionarios y altas autoridades sauditas para conseguir la venta de unos carros de combate que también estaba intentando vender el rey?

De hecho, una publicación del 18 de mayo de 2015 confirmaba que la empresa Nytel Global, localizada en Girona, recibió una transferencia por valor de 16 millones de euros desde United Patrimonium, empresa de Beatriz García Paesa. Y lo hizo con motivo del intento de venta de los 200 carros de combate Leopard que se querían vender, aunque esta venta no se produjo finalmente.

A poco que revisemos la hemeroteca comprobaremos que el rey Juan Carlos I recibió, en junio de 2012, al ministro de Defensa de Arabia Saudí, el príncipe Salman bin Abdelaziz, para tratar la venta de 200 a 270 carros de combate Leopard por un importe de unos 3.000 millones de euros y dos años después, en mayo de 2014, intentó reactivar la operación y acudió a Yeda (Arabia Saudí) junto a altos cargos, empresarios y consejeros.

Y, por si fuera poco, las últimas noticias de las ‘Cloacas de Interior’ revelan: 1) que el comisario Villarejo grabó a Corinna, la amante del rey, asegurando que Juan Carlos I había cobrado parte de los 100 millones de euros de comisión por la concesión del tren de alta velocidad en Arabia Saudí; y 2) que la amiga íntima de Juan Carlos viajó a la petromonarquía a intermediar junto al embajador español en el país como enviada del rey.

Todo ello resulta tan sospechoso como para preguntarse: ¿Es Juan Carlos I el «king» de DEFEX? ¿Es DEFEX un entramado de corrupción espontáneo que hacía competencia a su propio jefe de Estado o forma parte de una trama de corrupción mucho mayor en la que se incluyen las más altas personalidades de este país?

Quizás nunca lleguemos a saberlo.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.