Opinion · Un paso al frente

Cuando Brasil veas militarizar…

Brasil militarizado

En las elecciones brasileñas ha triunfado un excapitán que, según los grandes medios, es racista, fascista y homófobo. Precisos calificativos cuando son usados por los medios oficiales e insultos poco mesurados cuando son escritos por esquizofrénicos progresistas. Cosas de la verdad y la posverdad. Pero a lo que nos ocupa, el principal negocio que tenemos que atender: el excapitán Jair Bolsonaro lidera a muchos exaltados, pero sobre todo abandera a los militares.

De hecho, nada más ganar las elecciones lo primero que vieron los brasileños fue al Ejército brasileño desfilando por las calles del estado de Río de Janeiro mientras era jaleado por los ultraderechistas. Al menos tuvieron el detalle de desfilar sin antorchas, aunque aquello debió ser como un 12 de octubre en La Castellana, pero con la Presidencia del Gobierno en la mochila de combate. Estremece.

Jair Bolsonaro se ha hecho acompañar de militares durante la campaña electoral y serán varios altos mandos de la cúpula castrense brasileña los que ocupen carteras ministeriales. Y de ahí a los niveles más bajos de la administración la cifra irá aumentando. Una militarización de la sociedad que veremos cómo termina, porque la historia ha concluido que los militares que obtienen el poder mediante sufragio universal no suelen abandonarlo del mismo modo.

Esta situación que vive Brasil era absolutamente impensable hace solo dos años cuando la llegada de Michel Temer al poder tras la caída de aquella manera de Dilma Rousseff provocó la designación del general Joaquim Silva e Luna como ministro de Defensa. Ese nombramiento fue la cabeza de puente en las playas cariocas del desembarco que hoy acontece: el general en la reserva Hamilton Mourão será vicepresidente, el general en la reserva Augusto Heleno será ministro de Defensa, el teniente coronel y astronauta Marcos Ponte será ministro de Ciencia y Tecnología y el general Oswaldo Ferreira, que ha llevado parte de la campaña electoral de Bolsonaro, y otros altos mandos suenan para distintos ministerios.

Los expertos explican que la ausencia de justicia tras la dictadura brasileña (1964-1985), cuyos crímenes fueron investigados y reconocidos hace pocos años (Comisión Nacional de la Verdad durante el Gobierno de Dilma Rousseff), y la falta de crítica al régimen en los años posteriores al mismo ha generado una idea más suave de la dictadura de lo que realmente fue.

Las analogías con España

Los paralelismos del caso brasileño con el español son estremecedores, sobre todo si tenemos en cuenta que España se encuentra mucho más atrasada que Brasil en cuanto a cuestionar la dictadura y exigir responsabilidades por lo acaecido durante la misma. En nuestro país nadie se ha atrevido a proponer una Comisión Nacional de la Verdad, entre otras cosas porque el jefe del Estado, Felipe VI, forma parte de la familia designada por el dictador. Familia, por otra parte, a la que respetan, dotan de títulos nobiliarios e, incluso, premian con contratos en la Guardia Real.

Todo ello ha generado que el relato sobre la dictadura franquista se haya endulzado de forma obscena en las últimas décadas, hasta el punto de no tener coste político alguno que tanto PP, como Cs, como vergonzosamente el PSOE, impidan investigar a Juan Carlos I, judicializar la dictadura y sus crímenes o promover un referéndum sobre la República.

El aumento del pretorianismo

Otro paralelismo con Brasil emana de la creciente participación de los militares en la vida pública, lo que se conoce como pretorianismo. Este aumento tiene como punto de partida el año 2006 cuando el teniente general Mena amenazó a la sociedad con un movimiento militar en el caso de no ser el ‘Estatut’ catalán que se estaba negociando enteramente de su agrado. Desde entonces múltiples militares han solicitado la intervención militar en Catalunya, destacando sobre todos ellos el general Juan Chicharro, hoy director de la Fundación Nacional Francisco Franco, que en 2013 fue expedientado por unas manifestaciones altisonantes. Expediente que, por desgracia, solo significó la creación de una jurisprudencia por parte del ministerio de Defensa cuyas consecuencias estamos sufriendo hoy en día. Me refiero a la imposibilidad de sancionar a los militares en la reserva.

Hasta que el caso del general Juan Chicharro, ex ayudante del rey Juan Carlos I, llegó al Supremo los militares en la reserva se encontraban sujetos a las mismas condiciones disciplinarias que los militares en activo, pero como había que exonerar al general fascista se creó una nueva doctrina: la ‘doctrina Chicharro’. Doctrina que hoy defiende a los altos mandos militares en la reserva que firmaron el manifiesto en contra de la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, en contra de la decisión democrática de un Gobierno y a favor de un dictador genocida.

Situación de extrema gravedad

Porque la situación actual es de extrema gravedad, por cuanto más de 1.000 altos mandos militares, hoy en la reserva pero en los últimos quince años en puestos de máxima responsabilidad, se han declarado fascistas. No solo eso, sino que las manifestaciones ultras de los miembros de las Fuerzas Armadas son cada vez más frecuentes y descaradas.

Pensemos, si no, en el premio recogido por el teniente general Francisco José López del Pozo en nombre del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, Francisco Javier Varela Salas, de la asociación homófoba y ultra ‘Hazte Oír’. Teniente general, por otra parte, que no es casualidad que fuera firmante del conocido como ‘Manifiesto de los Cien’. Este manifiesto lo firmaron cien militares en apoyo a los golpistas del 23-F como Tejero, Milans y compañía. De los mismos, hasta seis han llegado al empleo de general y algunos lo hicieron con José Bono como ministro de Defensa. Bien, pues uno de ellos, es el que recogió el premio de manos de ‘Hazte Oír’.

El Gobierno de España y los españoles hacen muy mal en no tomarse muy en serio la solicitud del Parlamento Europeo en cuanto a penalizar a las fundaciones que exalten el fascismo, como la Fundación Nacional Francisco Franco. Y hacen muy mal en no eliminar la Ley de Anmistía para poder revisar policial, judicial, política y socialmente la dictadura. Y hace muy mal en no democratizar una institución tan importante como las Fuerzas Armadas.

Los brasileños lo hicieron mucho mejor y hoy son gobernados por un gabinete militar racista, homófobo y fascista. Un gobierno que recude al ridículo la ausencia de independencia judicial en España cuando el hijo del presidente llegó a afirmar hace no mucho que con un soldado y un cabo le bastaba para cerrar el Tribunal Supremo Federal. Un gobierno que ya está solicitando que se denuncie a los profesores progresistas para terminar con el ‘adoctrinamiento de izquierdas’…

Cuando Brasil veas militarizar…

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.