Opinion · Fundación 1 Mayo

Insistir en recetas fracasadas, letal para las personas

Rodolfo Benito Valenciano
Secretario Confederal de Estudios de CCOO y Presidente Fundación 1º de Mayo

 

Paro, pobreza y desigualdad. Estas, y no otras, son las prioridades que hay que abordar. Y ello exige profundos cambios en la política económica que requieren, a su vez, del arrumbamiento definitivo de las políticas de austeridad.

El panorama social se caracteriza por el incremento de la pobreza asociada al alto y prolongado desempleo, que hace que 740.000 hogares en los que viven 1.400.000 personas, no perciben ningún tipo de ingresos. Baja la protección por desempleo y su calidad se degrada. Tenemos, de otra parte, los índices de desigualdad más altos de la Unión Europea.

Cierto es que asistimos a una cierta, aunque anémica, recuperación económica, pero con marcadas incertidumbres internas y externas, que no comporta cambios y no se traduce en mejoras para la población, en primer lugar para quienes peor lo está pasando.

El empleo, hemos de afirmarlo con total rotundidad, no está creciendo de manera efectiva, sino que se está produciendo un reparto espurio del mismo por la vía de la contratación precaria, a tiempo parcial no deseada y con bajos salarios.

Se está configurando una salida de la crisis reproduciendo uno de los factores, el impulso a actividades de bajo valor añadido que, junto al “boom” de la construcción residencial, caracterizaron el modelo de crecimiento de la etapa anterior y que en gran medida fueron responsables de la misma.

Y ésta en ningún caso puede ser la salida. Es necesario un nuevo modelo económico, un decidido impulso de la economía productiva, del sector industrial, la restitución de derechos sociales y laborales y un mercado laboral que favorezca la estabilidad y la calidad del empleo y con ello, también, unos mayores niveles de productividad.

El sector público debe tener un papel relevante en la recuperación económica siendo parte fundamental para el necesario cambio de modelo económico.

No se puede, en definitiva, insistir en recetas fracasadas, en neoliberalismos ciegos pero letales para las personas, en políticas, que una vez realizado un balance social de daños, va a ser demoledor.

Un proyecto de país que defina un nuevo modelo de crecimiento, con el objetivo de mucho más y mejor del empleo y el incremento de la productividad del trabajo. No es un problema técnico-económico, es una decisión política.

Para ello, es fundamental, democratizar la economía, un nuevo nexo de unión entre economía y política democrática, un papel mucho más relevante del Estado en el conjunto de la actividad económica y una concentración del esfuerzo inversor privado en el incremento del volumen de capital físico de las empresas y en su capacidad de innovación tecnológica, desacoplándose de actividades especulativas a corto plazo, como la inmobiliaria.