Opinion · Verdad Justicia Reparación

Por favor, no me rehabilite

Antonio Pérez,
integrante de La Comuna

En la rehabilitación de la antigua cárcel de Victoria Grande se ha perpetrado otro delito más contra el Patrimonio y la Memoria. Esta vez los demoledores disfrazados de rehabilitadores no han eliminado los innumerables rastros históricos que conservaba este castillo de Melilla sino que han hecho algo peor: han ‘limpiado’ las piedras despojándolas intencionada y sistemáticamente de su pasado carcelario. Ahora, los visitantes pueden admirar un aséptico edificio del que han desaparecido las celdas, el paredón y los locutorios. Desde ahora, los turistas nunca sabrán que por Victoria Grande pasaron, como militares, los Próceres de la Independencia latinoamericana Francisco de Miranda y José de San Martín y, como presos, liberales como José de Calatrava quien, antes de ser presidente del Gobierno, osó enfrentarse a la vesania de Fernando VII, el rey Felón.

Pero no tenemos que remontarnos a los siglos XVIII y XIX para calibrar la magnitud del destrozo. Nos basta con señalar que en esa cárcel estuvieron detenidos republicanos como Antonio Díez, alcalde de Melilla y fundador en esa ciudad del PSOE y de la UGT (que fue asesinado) y como Carlota O’Neill, quien en tan infame mazmorra estuvo presa.

El caso O’Neill merece un comentario especial. Nada más comenzar la sublevación franquista, esta escritora perdió a su marido, el capitán de aviación Virgilio Leret, El Caballero del Azul, escritor e inventor y, junto con dos de sus alféreces, los primeros torturados y asesinados de la Guerra Civil. “Ah, –dirán los impíos-, pero eso ocurrió hace muchos años; es más, la viuda tuvo suerte porque sólo estuvo retenida cinco años”.

No exageramos. Todos sabemos que todavía hay gente psicopáticamente cruel que piensa así aunque ahora no se atreva a escribirlo. Nosotros no sabemos si 1936 es un año lejano o cercano pero nos consta que el caso O’Neill sigue en carne viva puesto que esos homúnculos que se creen dueños de Victoria Grande siguen queriendo ocultarlo.

Lo demostraron hace algunos meses, cuando a Carlota Leret O’Neill –hija de Virgilio y Carlota- se le denegó el uso de un salón de la ex cárcel para que pudiera presentar el libro Romanza de rejas, escrito por su madre en esas mismas celdas. Lo que era una humilde petición absolutamente acorde con el significado histórico de Victoria Grande fue considerada como una provocación subversiva. 

Queremos recordar a los demoledores y censores que su ‘rehabilitación’ ha atentado contra algunas de las primeras leyes franquistas -increíble pero cierto-. Por ejemplo, contra aquella que restablecía “a la plenitud de su tradicional significación los bienes constitutivos del antiguo Patrimonio de la Corona”, pero también contra aquella que dictaba: “Todos los castillos de España, cualquiera que sea su estado de conservación, se ponen bajo la protección del Estado, que asume la responsabilidad de impedir toda intervención que alterase o pudiera provocar su derrumbamiento.”

Y ahora vayamos a las leyes vigentes. Por ejemplo, a la ley 16/1985 llamada “del Patrimonio Histórico Español”, en cuyo artº 4 se define el delito de destrucción total o parcial del Patrimonio y en cuyo artº 39-3 se lee: “Las restauraciones de los bienes a que se refiere el presente artículo respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará con carácter excepcional y siempre que los elementos que traten de suprimirse supongan una evidente degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir una mejor interpretación histórica del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas”

La lectura de este artículo nos obliga a formular unas preguntas capciosas: antes de acometer la ‘rehabilitación’, ¿se pidió alguna autorización excepcional? Otrosí, ¿las celdas representaban una “evidente degradación del bien”? Item más, los visitantes de Victoria Grande, ¿tienen acceso a la documentación sobre el uso penitenciario que tuvo hasta hace pocos años ese castillo? 

Las respuestas caen por su propio peso: no se creyó necesario pedir ningún permiso excepcional porque los demoledores creen que el pasado es degradante –paradójica mentalidad la de estos censores dedicados a conservar los bienes históricos. En cuanto a la documentación disponible, “que la busquen en internet” pensarán los vándalos. Por lo demás, nada nuevo puesto que es exactamente lo mismo que vienen haciendo con todas las cárceles franquistas: o bien las arrasan –léase, Carabanchel y Jaén- o bien las pervierten –Palencia okupada por la Policía- o bien las desnaturalizan con un maquillaje cultureta –Segovia-.

En Victoria Grande se está faltando a la verdad, no se está haciendo justicia a las víctimas pues jamás fueron siquiera consultadas y se están burlando de la reparación que se les debe a las familias. Por si todo ello fuera poco, al amputar delictuosamente la Historia de ese castillo, los demoledores están tirando piedras contra su propio tejado puesto que están eliminando los verdaderos alicientes turísticos para aquellos que quieren conocer la Historia real. 

La ‘rehabilitación’ de Victoria Grande ha conservado el esqueleto del edificio pero vaciándolo de sentido. Ha matado el alma blanquinegra de aquel fortín carcelario convirtiéndole en un vulgar mamotreto zombie apto para adornar cualquier Disneylandia. En definitiva, es una intervención miserable cuyo único mérito es demostrar por enésima vez que éste no es un país desmemoriado. España es algo peor: es un país de amnesia selectiva, de pasado hemipléjico y de presente cómplice, miedica e ignorante.