Opinion · Verdad Justicia Reparación

Millonetis presos: la excepción que confirma la regla

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

“Que España es una democracia avanzada lo demuestra que hoy están presos varios políticos de derechas, algunos empresarios y hasta un ex vicepresidente del Gobierno”: ¿quién no ha sufrido más de una vez esta machacona letanía? Podríamos rebatirla con infinidad de evidencias pero, para demostrar su falacia, bástenos recordar que el tardofranquismo también encarceló a un puñado de Prohombres de esas mismas calañas.

El caso más notorio es el de Rodrigo Rato y su familia. Y es que Ramón Rato, hijo del conde de Duquesne y padre del actual presidiario, fue un distinguido Prócer que llegó a poseer (y quebrar) los bancos de Siero o del Norte, de Medina y también el banco Murciano (antes, de Cieza y Murcia) Pero, ¡oh dioses atolondrados¡, en 1967, quien sabe si creyendo en la “democracia orgánica”, don Ramón exigió al Hermanísimo Nicolás Franco la devolución de un préstamo. Dos semanas después, era detenido en la boda de una hija suya con un miembro del clan Botín. Y, pese a la inquina que representaba semejante detención y pese al subsiguiente paso por los talegos, el entonces patriarca del clan Rato corrió mejor suerte que algunos de los occisos en otro negocio de don Nicolás: léase el caso del aceite de Redondela… Y también peor suerte pues de aquel escándalo galaico-aceitoso nació la carrera política de M. Rajoy.

Pero, en el tardofranquismo, hubo otro caso mucho más conocido que el del imprudente banquero Rato (padre). Me refiero al de Matesa, un escandalito de créditos a la exportación tras el que estaba una pugna interna del Opus Dei y otra externa de ‘la Obra’ con otras familias franquistas. Sea como fuere, en 1967, los hermanos Vilá Reyes terminaron en Carabanchel acusados de haberse inventado aquel artilugio contable –hoy, sus herederos intelectuales, darían clases de “ingeniería financiera” en las mejores escuelas de negocios y de liderazgo-.

Permítanme un recuerdo personal que sólo ilustra la connivencia de aquellos carceleros con los delincuentes de postín: una vez a la semana, los presos políticos de la Tercera Galería de Carabanchel íbamos en corropla a ducharnos a un remoto cuchitril y, en nuestro trayecto, atravesábamos la Quinta Galería donde los “matesos” poseían varias celdas. Ese día, evidentísimamente informados por los boqueras, los Vilá Reyes se ausentaban pero, aún así, nosotros no perdíamos la ocasión de gritar “¡Esooos de Matesa!”.

Pero, si los “matesos” e incluso el patriarca Rato fueron conocidos en los talegos tardofranquistas, hubo otro sumario que jamás se sustanció y del que nunca más se supo: el caso Sofico. Un año antes del anhelado óbito de aquel Jefe del Estado, en 1974, estalló una tormenta financiera en el vaso de agua de las finanzas franquistas pero, escuchando los nombres de los salpicados, todos los presos políticos estuvimos seguros de que el agua del vaso sería de borrajas y de que, en consecuencia, no veríamos en las cárceles a ninguno de los encausados. Y es que esos nombres eran los de altísimos militares como Rafael Cavanillas y de un pariente de Nieto Antúnez y otro de García Valiño (quien, “jugaba con pistolas desde muy niño”, según cantaba el inmarcesible Chicho Sánchez Ferlosio) sin olvidar a Juan Losada que sólo era coronel pero que había sido eterno jefe de seguridad del mismísimo Generalísimo.

Hoy, los escándalos apenas dan titulares (“La crisis ha hecho aumentar el número de millonarios”) aunque, he de reconocerlo, acostumbrados a la impunidad, en ocasiones se les va la mano a estos millonetis y sus chanchullos son tan groseros que a la Justicia (ja, ja, ja) no le queda otro escape que multarlos. Por ejemplo, esa Señorona ha llegado a rozar con una multa de unos cuantos denarios de cobre a los herederos biológicos y patrimoniales de “camisas viejas” como los que conforman el clan Carceller cuya empresa Sacyr-Valoriza, de no ser por la connivencia con las alturas, no se atrevería a planear las minas a cielo abierto que acarrearán la putrefacción de las tierras, aguas y aires de media España.

Resumiendo que es gerundio: Rato (padre) y los Vilá Reyes fueron las excepciones que confirmaron la regla de que ningún millonetis fue a la cárcel durante el tardofranquismo. Hoy, ocurre algo parecido: los Rato (hijo) y compañía, son las excepciones que confirman la regla de que la democracia española (ahora no orgánica sino avanzada) protege a los millonetis.