Opinion · Verdad Justicia Reparación

La cara oculta de la convención pepera

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

“Quien a los 20 años no sea revolucionario no tiene corazón, y quien a los 40 lo siga siendo, no tiene cabeza» dicen que dijeron el precoz genocida Churchill, los griegos o los persas. Si traducimos este aforismo de almanaque a la actualidad, podríamos sentenciar que, para una parte de los neofranquistas (léase, el trifachito PP-C’s-Vox), tan groseros en privado como repipis en público, “Quien a los 20 años no era franquista, no tenía huevos; quien a los 40 no es neoliberal, no tiene cerebro”.

Para zanjar este pronóstico, el PP ha celebrado una Convención bajo el lema del “rearme ideológico”. Desecharon términos como renovación –muy blando- y otros como restauración, rehabilitación o renacimiento –aún más aborrecidos- en favor de un término militar: rearme. Por ende, ya sabíamos que el Ágape de los Amnésicos Históricos tendría una banda sonora estilo “¡¡hurra hurra viva españa bla bla bla rojos malsanos chunda chunda viva españa!!”. Puros mítines exclusivamente políticos para la galería. Pero, ¿dónde quedó la economía? A eso vamos.

El problema del PP estriba en que sólo una fracción de los neofranquistas se aferra al nacional-catolicismo mientras que otra fracción, más joven, quiere encomendarse al ultra-neoliberalismo. El embrollo de los primeros es que Vox resulta más descarado en su franquismo; al mismo tiempo que, para los segundos, Ciudadanos tiene más experiencia mitinera en la prédica neoliberal.

En realidad, estas diferencias son tormentas en vaso de agua puesto que, el bunker neofranquista –ahora, maquillado con titanlux-, hace muchas décadas que aceptó el tránsito del franquismo al liberalismo y lo hizo encabezado por el hoy anciano Velarde Fuertes, un economista que, durante el tardofranquismo, fue de los primeros falangistas camisas viejas en echar siete llaves al sepulcro de su Jefe el Ausente, especialmente de aquellas frases:

El liberalismo económico dijo que todos los hombres estaban en condiciones de trabajar como quisieran… pero, como los obreros no tenían para comer… tenían que aceptar estas condiciones o resignarse a morir de hambre… el liberalismo, mientras escribía maravillosas declaraciones de derechos en un papel que apenas leía nadie… nos hizo asistir al espectáculo más inhumano: en las mejores ciudades de Europa, en las capitales de Estados con instituciones liberales más finas, se hacinaban seres humanos, hermanos nuestros, en casas informes, negras, rojas, horripilantes… recibiendo de cuando en cuando el sarcasmo de que se les dijera cómo eran libres y, además, soberanos” (José Antonio Primo de Rivera, discurso de proclamación de Falange Española de las J.O.N.S., 1934-03-04)

Para saber algo más de la performance clave de la Convención –el discurso de clausura-, hemos buscado quiénes fueron los escribidores de esa pieza oratoria, sin duda digna de inscribirse en criselefantino. Y, con todas las salvedades que impone el secretismo de los gabinetes, hemos sabido que a Casado le escribieron su perorata íntimos asesores suyos como Javier Fernández-Lasquetty y Blanc —pionero en la privatización de la sanidad madrileña-, el democristiano Rafael Rubio Núñez, “especializado en analizar la participación política y la incidencia de las nuevas tecnologías en la democracia, especialmente en los procesos electorales” e Isabel Benjumea.

Fijémonos en esta última, no porque sea el cerebro gris sino porque nos descubre una enésima think tank, club o merendola proveedora de la oculta discusión ideológica del PP. El día 3 de enero, Benjumea renunció a la dirección de la Red Floridablanca –en un guiño al nacionalismo español, escogieron a Floridablanca quizá porque fue un Prócer que se opuso a la invasión napoleónica- para integrarse plenamente en el equipo de Casado lo cual significa el ascenso de esa Red al núcleo irradiador de la crema genovesa. ¿Y quién conforma esta capillita, ahora tan encumbrada? Pues personajes ultra-neoliberales con gotas de democracia cristiana. Por ejemplo:

Ignacio Ibáñez, miembro de la Sociedad Mont Pélerin y aprendiz en Viena del fanático neoliberal Ludwig von Mises –no olvidemos que Daniel Lacalle, incontestable gurú económico de Casado, es presidente de la rama española del Instituto von Mises-. Debió ser este Ibáñez quien introdujo en los preliminares de la Convención el contradictorio concepto de que el PP es “liberal-conservador”. Y ello porque este feroz neoliberal coordinó el grupo de trabajo que les enseñó a los Floridablanca cómo superar ese confuso disparate.

Las otras enseñanzas de Ibáñez tienen poco de contradictorias y mucho de martillazos sin hoz y a la cabeza del joseantoniano ‘pueblo soberano’. Ejemplos: “A nivel individual… consideramos importante ayudar a nuestras familias y a nuestra comunidad, y realizar donaciones a organizaciones no gubernamentales, caritativas y religiosas” –volveremos sobre esto-. Item más, sermonea el floridoblanco que “A mayor tamaño del Estado, más poder y dinero deberemos los ciudadanos ceder, en detrimento de nuestra libertad para decidir en qué y cómo gastamos nuestra propiedad”. Significativamente, nada dice de cómo adquirir esa propiedad. Y culmina: “El Estado no es el único proveedor posible: en un Estado de Derecho, con más libertad—y dinero en nuestros bolsillos, que no en las arcas del gobierno—para elegir bienes y servicios, podremos encontrar mejores respuestas para nuestras necesidades y deseos”. Traducción: nos repartiremos las privatizaciones de los recursos estatales –volveremos sobre esto-.

Otras floridablancas son el democristiano Javier Rupérez, Alicia Delibes Liniers (esposa de Regino García-Badell Arias, sempiterno jefe de gabinete de Esperanza Aguirre y sobrino de aquel lloroso Carlos Arias Navarro, alias Carnicerito de Málaga) y Alejandro Antonio Chafuen, presidente de Atlas Network –Atlas, en homenaje a Ayn Rand, gurú literaria del ultra-neoliberalismo- y, lógicamente, también miembro de Mont Pélerin. Pero, ojo, no creamos que estamos señalando a unos intelectuales que sólo piensan y nada ejecutan. No, esta capillita es también manager empresarial y su influencia se notará en el acaparamiento de apaños monetarios… y en la obesidad de sus bolsillos.

Por lo demás, el discurso de Casado, centrado en la bronca política entendida como rudo eco del exabrupto aznarista, repetimos que pasó de puntillas sobre la relación Estado-Economía; ¿porque no tienen modelo?, quiá, porque lo ocultan. Todo lo más, aludió de pasada al «intervencionismo orwelliano» de la izquierda contra el que promete que, cuando llegue al Gobierno, llevará a cabo «la mayor devolución de libertad» puesto que es imperativo ‘reducir el papel del Estado’. Traducción al roman paladino: a) aumentaré los impuestos indirectos que pagan los pobres y disminuiré drásticamente los directos a los ricos –la primera medida de la nueva Junta de Andalucía fue suprimir el impuesto de sucesiones-. b) eliminaré el gasto social al mismo tiempo que pregonaré millones de microsubvenciones/exenciones a mis ong’s que también son las de la Iglesia –triunfo del “nivel individual”, como predica uno de esos asesores que señalábamos antes-. Y, en general, las consabidas privatizaciones y guerras contra el sindicalismo. Nada nuevo bajo el sol negro de Thatcher, Reagan, Blair, Pinochet, Bolsonaro, etc. Pero, eso sí, con el paraguas pretendidamente académico-literario de los von Mises, Hayek, Friedman… y de esa Ayn Rand, tan escondidamente influyente, pero que, en España, sólo ha sido denunciada por un puñado de raros estudiosos, entre ellos Ramón Cotarelo.

La jura de bandera del rearme tuvo precisamente el formato de ‘Convención’ para que las banderías peperas desistieran de batallar en serio -léase, de nombrar cargos-. Por ello, creemos que la escasa atención prestada a la economía es señal débil pero premonitoria; o, si lo prefieren, su escasez ante los focos esconde la asesoría neoliberal personificada en los antes citados. El resultado de la guerrita interna del PP lo iremos viendo en las próximas semanas. Más o menos, cuando todos hayamos olvidado la batahola mitinera de la susodicha Convención.