Opinion · Verdad Justicia Reparación

Cárcel de Cáceres. Por un espacio de memoria.

Por Pablo Mayoral, presidente de La Comuna. Preso político en las cárceles de Carabanchel, Cartagena y Cáceres.

¿Cuántos muertos se necesitan para que, como mínimo, se construya un espacio de Memoria?

La Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (AMECECA) está llevando a cabo una campaña reivindicativa en la que solicita que a la antigua Prisión Provincial de Cáceres se le dé en el futuro un fin sociocultural, en el que se incluya la creación de un espacio de memoria relacionado con la represión franquista.

Es ésta una reivindicación elemental. También en Madrid estamos reivindicando un espacio de Memoria en lo que ahora ya son solo los “terrenos” de la cárcel de Carabanchel. En el caso de la cárcel de Cáceres su siniestra historia está ligada a la más brutal represión franquista, primero cuando se consumó el golpe de Estado en Extremadura y después cuando se instauró la dictadura franquista en todo el Estado.

Según lo denunciado por José Hinojosa Durán, historiador y vicepresidente de AMECECA, de esa cárcel (era la cárcel nueva recién inaugurada), desde agosto de 1936 hasta el 1 de abril de 1939, salieron 338 personas (algunas también de la cárcel vieja) para ser asesinadas por piquetes militares. Hay que tener en cuenta que el golpe triunfó en Cáceres el mismo mes de agosto de 1936, o sea que estas personas fueron asesinadas no en actos de guerra sino directamente en la represión política que caracterizó a la dictadura franquista.

El Alcalde de Cáceres elegido en 1931 y que fue también diputado socialista a las Cortes, Antonio Canales González, fue ejecutado junto a otras 34 personas el 25 de diciembre de 1937. La crueldad de los nuevos responsables de la dictadura en Cáceres no parecía tener límites. Como en otros muchos lugares, el hecho de ser elegido por votación popular en la República, era suficiente motivo para ser ejecutado y, para mayor escarnio, se eligió una fecha tan señalada por la autoridad eclesiástica como era el día de Navidad.

Además de estos presos asesinados por piquetes militares, en ese mismo periodo fallecieron dentro de la prisión 19 presos. En noviembre de 1937 había cerca de 1.100 presos.

Posteriormente, desde el 1 de abril de 1939 hasta septiembre de 1943, otras 129 personas, presas en esta cárcel, fueron asesinadas por orden de los tribunales franquistas. Y en el interior de la prisión en ese mismo periodo murieron 130 más. José Carcelén González, de 40 años, vecino de Socuéllamos (Ciudad Real), fue la última persona recluida en esa cárcel ejecutada el día 4 de septiembre de 1943. El fin de las ejecuciones públicas no sé si tendrá algo que ver con la derrota del ejercito nazi en Stalingrado y Kursk ese mismo año (febrero y agosto de 1943), que significaron el principio del fin de Hitler y su régimen de terror, pero eso es materia de otro artículo.

En total, más de 600 personas murieron en esa cárcel o salieron de ella para ser fusiladas, miles de personas vivieron entre sus muros los periodos más negros de sus vidas, todas por defender la libertad, por defender las conquistas democráticas conseguidas en la República. En 1940 se contabilizaban 2.516 presos, la mayoría presos políticos. Es lógico que desde AMECECA se reivindique un espacio de memoria desde donde se explique y documente cada uno de estos asesinatos y sirva también de memoria colectiva. Un lugar donde cada uno de esos resistentes antifascistas reciban el recuerdo y homenaje de su lucha por la libertad y la democracia. No hacerlo así es una injusticia de gravísimas consecuencias.

No basta con que AMECECA realice todos los años unas jornadas de Homenaje a todas las víctimas y personas represaliadas en la ciudad de Cáceres y se sucedan los actos de repulsa de la represión franquista a las puertas de esta cárcel, es necesario recuperar nuestra historia y, desde luego, las páginas de heroísmo escritas en esa cárcel merecen un Museo o Memorial Antifranquista entre esos mismos muros.

Además, esa cárcel siguió funcionando como penal de cumplimiento de penas para presos políticos. A principios de la década de los 60 unos 200 presos antifranquistas originarios de otras provincias españolas cumplieron allí sus condenas.
A esta prisión fue destinado Manuel Cañaveras de Gracia, uno de los condenados a muerte en los Consejos de Guerra celebrados en agosto y septiembre de 1975, en los que los jueces militares impusieron acabaron con 11 sentencias de muerte, de las que cinco se llevaron a cabo el 27 de septiembre con el asesinato por fusilamiento de cinco los jóvenes antifascistas: Baena, Sánchez-Bravo, García Sanz, Otaegui y Paredes Manot.

Manuel Cañaveras de Gracia murió muy joven (en 1997, con 42 años), al igual que sus compañeras de sumario Concha Tristán y María Jesús Dasca que, como Manuel, fueron conmutadas de pena de muerte y condenadas a 30 años de prisión, y también murieron jóvenes, Concha en 2009 con 55 años y María Jesús en 2007 con 52 años. Sin lugar a dudas, los terribles días pasados en los últimos coletazos del franquismo les pasaron factura.

En octubre de 1977 fui trasladado del Penal de Cartagena, donde cumplía 30 años de condena, a esta cárcel de Cáceres y pude compartir con Manuel más de un mes de reclusión, hasta que, por la aplicación de la Ley de Amnistía, Manuel y yo salimos en libertad el 8 y 9 de noviembre de 1977. Los recuerdos de aquellos días pasados dentro de esa prisión son ahora un tanto difusos, más nítidos tengo los recuerdos de mi salida de esa cárcel y el reencuentro con mis familiares, mi compañera, mis padres, mis hermanos, mi abogado y los compañeros de mi partido.

En aquellos momentos no conocía las terribles historias de los crueles asesinatos que sucedieron entre los muros de esa cárcel desde 1936 a 1943, pero hoy sumo mi voz a todos aquellos que están reclamando, que además de usos socioculturales, exista en el edificio de la cárcel (declarado en su día bien protegido) un espacio de memoria que recuerde el carácter de cárcel política ligada a la represión franquista.

Memoria y Justicia ¡¡qué menos!!