Opinion · Verdad Justicia Reparación

A otro hueso con esos perros

Por Luis Suárez. Miembro de La Comuna.

Qué largo se está haciendo el franquismo

En memoria del poeta y luchador antifascista Marcos González Sedano

Anda este país lleno de malos humores en ambas sus acepciones, es decir, de estados de ánimo, por una parte, y de secreciones y fluidos, por otra. Y todo por culpa de, ¡voto a bríos!, el dictador Franco que, aunque muerto desde hace 44 años, sigue jodiéndonos la existencia.

¿Cómo puede ser que ese mediocre personajillo haya de tal forma marcado el devenir de un país entero de mediano tamaño durante tanto tiempo? ¿Cómo es posible que semejante milico tardo-colonial y clerical, sin más atributos que su inhumanidad y codicia, aupado a golpe de mandoble y traición a la grupa de la bestia genocida, siga lastrando, como fardo de estiércol, la vida política del país?

Sólo pensarlo fríamente, sin siquiera intentar responderlo, me deprime, debería deprimirnos colectivamente. Nos devuelve un retrato como sociedad que espanta. Siendo como soy refractario a toda forma de pensamiento mágico, me cuesta admitirlo, pero empiezo a sospechar que este pueblo es víctima de una siniestra maldición.

La maldición franquista

En esta ocasión no se trata ya del postfranquismo, el neofranquismo, el retrofranquismo, franquismo nostálgico, los residuos del franquismo, sus pervivencias, sus herencias, su veneno aún circulando en las venas, ríos, cloacas, tuberías del país… Se trata de él/ello mismo en persona, su materialidad residual y putrefacta, su presencia endémica y tóxica… la maldición franquista que pende sobre este pueblo.

Mi generación, sin ir más lejos, nació en pleno franquismo de posguerra; sufrió el tardofranquismo; asistió a la milagrosa ‘democratización’ de conveniencia de este… y, entrada ya en la senectud, sigue asistiendo atónita al deambular del espectro del dictador por este paisaje posmoderno y consumista.

Y según avanza el tiempo, aparecen más epígonos y restauradores de su figura y ‘obra’.

Una estrafalaria legión (muy legión y mucha Legión) de followers

La inminencia de la exhumación de sus restos, tras caer las tramposas defensas legales levantadas, está haciendo aflorar lo peores instintos y resabios de la derecha española. No vale la pena hacer un inventario, sólo citar algunas reacciones significativas.

Una bien publicitada ha sido la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Sra. Díaz Ayuso, que, a interpelación de la diputada ultra Monasterio (aunque en las posteriores justificaciones de sus compinches se han achacado sus exabruptos a la manía izquierdista de volver al pasado), de forma muy espontánea (es decir, leyendo la chuleta para no perderse), ha sacado a pasear la quema de ‘parroquias en el 36’, a la par que renegaba de la memoria histórica – al parecer le ‘espanta’. O sea, reniega de la MH, pero recurre a esta, o a su caricatura, por menos que canta un gallo. Una forma nueva del dúo paródico, tan arraigado en nuestra tradición escénica, la que nos ofrecen estas figuras parlamentantes con sus cómicos diálogos ‘improvisados’.

¿Qué habremos hecho la ciudadanía madrileña para merecer semejante presidenta regional? Otra desasosegante cuestión para la que tampoco encuentro una respuesta fácil.

Menos publicitada, aunque creo que merecedora también de mención, la reacción de otro demócrata sui géneris, nada menos que el exministro del PP, Jorge Fernández Díaz (sí, el de la policía ‘patriótica’, el de las cloacas del Estado fabricando casos, el de las medallas a las vírgenes…). En una columnita en ABC, encuentra espacio suficiente para exhibir un poco de todo: incultura general al afirmar que a Franco se le está aplicando la romana damnatio memoriae, cuando es un caso justamente de lo contrario, es decir, de rememoración agotadora; una lección de tergiversación de la historia, cuando califica a los responsables de la exhumación de Franco como ‘sucesores de políticos causantes de nuestra Guerra Civil’ (la izquierda, o más concretamente, los socialistas, como provocadores de la GC, no los golpistas con Franco a la cabeza); y por supuesto, de reivindicación implícita del golpe de estado y la dictadura (pues serían la respuesta inevitable a aquellos que provocaron la GC…).

En el camino oculta que la exhumación de Franco es una decisión de un Parlamento y no de unos ‘sucesores de políticos’, pero no evita que se le vea el plumero cuando dice maliciarse que una vez ‘removida’ la tumba, ya nada se opondría a la resignificación de la basílica como museo-memorial de los “horrores del franquismo”, así, con esas comillas delatoras.

La Mentira Histórica, modalidad facha de la memoria histórica

Podría seguir ad nauseam (literal) las citas, por ejemplo con las infamias del tal Ortega Smith que ha aprovechado la ocasión para difamar a las 13 Rosas -por cierto, sin que en este caso la Fiscalía haya tenido a bien actuar de oficio en defensa de unas víctimas del terrorismo humilladas -, pero no quiero que este articulito apeste a heces más de lo soportable; lo que me interesa es subrayar que a nuestra derecha no le ‘espanta’ la memoria histórica, al contrario, recurren a una variedad peculiar de esta – la falsificación histórica fascistoide – cada tres por cuatro, lo que sí les espanta es la memoria histórica democrática, es decir, en nuestro caso, antifranquista. O, dicho de otra forma, les repele la verdad histórica y practican sin rubor la Mentira Histórica, la misma que se nos administró metódicamente por aquel Régimen que añoran.
Al respecto, da la casualidad que en estos mismos días se ha aprobado en el Parlamento Europeo una resolución denominada ‘Sobre la importancia de la memoria histórica europea ara el futuro de Europa’, que ha suscitado enorme polémica por su indisimulada finalidad doctrinaria anticomunista – equiparando, por ejemplo, nazismo y comunismo; o identificando comunismo con estalinismo -, pero de la que sí vale la pena rescatar alguna idea como la del siguiente párrafo:

Expresa su profundo respeto (el Parlamento Europeo) por cada una de las víctimas de estos regímenes totalitarios y pide a todas las instituciones y agentes de la Unión que hagan todo lo posible para asegurarse de que los atroces crímenes totalitarios contra la humanidad y las graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos sean recordados y llevados ante los tribunales, y que garanticen que estos crímenes no vuelvan a repetirse jamás; hace hincapié en la importancia de mantener viva la memoria del pasado, puesto que no puede haber reconciliación sin memoria, y reafirma su posición unida contra todo régimen totalitario sea cual sea su ideología de base.

El párrafo anterior al copiado aclara los regímenes a los que se refiere: ‘Comunista, nazi y otros regímenes totalitarios’. Más allá de la mencionada manipulación política sectaria relativa al ‘comunismo’, es obvio que entre esos ‘otros regímenes totalitarios’ del pasado siglo, a cuya herencia apunta esta resolución, se sitúa destacado y por derecho propio el franquismo. Y la pregunta es: ¿está el Estado español haciendo los deberes que reclaman con tanto énfasis desde las instituciones europeas?. Es decir, ¿está recordando y llevando ante los tribunales los crímenes franquistas? ¿garantizando que no vuelvan a repetirse? ¿manteniendo viva su memoria – puesto que no puede haber reconciliación sin memoria -?

La respuesta es en todos los casos la misma: El Estado español no hace nada de lo exigido por Europa, y no lo hace, en primer lugar, por la impunidad sellada en la Transición, y ahora, además, por la metamorfosis evolutiva desde la impunidad a la justificación de los crímenes franquistas que persigue la derecha.

¿Se puede hablar de derecha demócrata en este país?

Una vez más, la reflexión que se impone es que nuestra derechona no es antifranquista, por eso solo aplica esos enérgicos principios anti-totalitarios a los regímenes ajenos. A diferencia de la mayoritaria derecha europea, que lleva el antifascismo grabado – por el momento – en su ADN, la nuestra nunca ha hecho semejante ejercicio de purificación ideológico-genética. Y, por lo que se ve ahora, los genes franquistas no son patrimonio de las filas más veteranas de la derecha, sino que son hereditarios y reaparecen como erupción cutánea en sus jóvenes huestes.

El citado show Monasterio-Ayuso de hace unos días ilustra bien dos realidades: Por una parte, que la extrema derecha no tiene el monopolio del filo-franquismo, sino que este, aunque más disimulado, habita cómodo en el alma (o morada equivalente) de la derecha pretendidamente demócrata; y, por otra, que el agente franquista envenena de igual forma la sangre de la vieja y de la joven guardia de la derecha.

¿Es necesario repetir que en este país no hay forma verosímil de credencial demócrata sin público repudio del franquismo y reconocimiento de sus crímenes?

Con la iglesia hemos topado (una vez más)

Y, al final del camino, una vez más, los curas. ¿Qué se puede decir, sin caer en la violencia verbal, de ese fraile-guerrero falangista, custodio celoso de los huesos del tirano, a la par que disfrutador perpetuo de subvenciones y rentas de ese tétrico inmueble propiedad del patrimonio nacional, prebendas de las que, por cierto, nunca rindió cuentas? Ese prior levantisco, capaz de conjugar sin aparente conflicto el mensaje evangélico con la defensa del genocidio franquista, nos ofrece el último numerito, por ahora, de este desfile de esperpentos y espectros de un pasado en permanente proceso de exhumación.

Y, cerrando el círculo, reaparece de nuevo el beato Fernández Díaz para defender al prior y su plante – ‘le conozco desde hace muchos años’, afirma -; por decirlo en su propio lenguaje, ‘Dios los cría y ellos se juntan’. Yo les sugeriría una solución de compromiso: exhumación de la momia del dictador, pero bajo palio, como en los buenos tiempos.