Opinion · Verdad Justicia Reparación

ESTA DEMOCRACIA / NO ME HACE MUCHA GRACIA

Por Antonio Pérez, miembro de La Comuna.

Aviso a los navegantes interesados en el procés: no siga leyendo quien prefiera utilizar esos términos machacados por la Brigada Acorazada Mediática como son “políticos presos, diálogo o división de poderes”. Y, menos aún, quien crea que las balas de goma pueden escamotearse denominándolas “de foam espuma”, como si tan estúpido anglicismo disminuyera su letalidad. ¡Eufemismos fuera!

Més a més, también puede ahorrarse un disgustillo quien espere una glosa sobre la sentencia del Tribunal Supremo porque no vamos a caer tan bajo. No merece nuestros desvelos un texto jurídico que promulga que la protesta es un “exótico derecho”, que poco después se despeña por la suprema irracionalidad de castigarla en todas sus formas como “sedición” (¿es sediciosa esta nota?), que califica la ceremonia de la efímera Declaración Unilateral de Independencia (DUI, 2017) como “simbólica” dictaminando a renglón seguido una ristra de castigos penales nada simbólicos y que, en correlativa definitiva, en el más puro estilo franquista, no juzga símbolos ni hechos sino intenciones. Dicho en breve: para cogitaciones íntimas y subjetivas, ya están el psicoanálisis, la ciencia ficción y los mercados de futuros. Así pues, ¡naftalina fuera!

Aquí sólo tenemos espacio para comentar un par de hechos menores y, desde luego, aparentemente inconexos: una declaración de un ministro y un apunte sobre los CDR. Guardando ese orden expositivo: el ministro del Interior ha pregonado a los cuatro vientos que ‘los servicios de inteligencia de España son tan estupendos que descubrirán quiénes son los líderes que se ocultan tras el Tsunami Democrátic (TD)’. Lo primero que nos confunde es algo más retórico que real, ¿por qué habla Marlaska de espías?, ¿no habíamos quedado en que el CNI depende de la Vicepresidencia del gobierno, la sra. Calvo en este caso? Enfin, pelillos a la mar y con su pan se lo coman. Porque semejante declaración oficial nos sugiere un par de preguntas: ¿se refiere el ministro a ese CNI al que colaron 8.000 goles en forma de urnas para el referéndum del 2017? El partido entre la mitad de los catalanes y las-fuerzas-y-cuerpos-de-seguridad-de-Estado terminó con un 8.000 a cero patatero que escocerá a las susodichas fuerzas por los siglos de los siglos, de ahí la torpeza de encomendarse precisamente al CNI en una coyuntura casi idéntica a la de aquel memorable (des)encuentro. ¿O bien se refiere Marlaska al CNI que reclutó al finado Imán de Ripoll, explosionado en su casa horas antes de los atentados yihadistas en las Ramblas? Todavía estamos esperando que el CNI aclare aquellos crímenes ante una institución oficial.

Pero este problema no termina con la seguramente imposible comparecencia pública del CNI sino que comienza ahora con la búsqueda de culpables. Porque sabemos de sobra que, cuando un ministro promete identificar a unos líderes sediciosos, sean del TD sean de una hoja parroquial, los acaba encontrando. En la película Casablanca el Prefecto francés lo ordena con frase memorable a sus policías: “Detengan a los sospechosos habituales”. La caza comenzó antes de la sentencia, cuando detuvieron a unos CDR’s en una operación copia de la que, años atrás, llevó a la cárcel a los musulmanes del Comando Dixan –Dixan es un vulgar detergente transformado en explosivo por la imaginación policial.

Sigamos el orden expositivo. La Acorazada Mediática guarda celosamente una de las muchas consignas que recibe a diario: nunca jamás llamar republicanos a los catalanes en general y, especialmente, a los CDR. Sin embargo, es obvio que estos sediciosos por antonomasia no se titulan CDC –que significaría Comités de defensa de Catalunya- sino CDR donde, evidentemente, esa “R” no se refiere a Catalunya sino a la República. El motivo de esa consigna es notorio: hacernos creer que los indepes son sólo indepes, es decir nacionalistas, turbas aferradas a su rusticidad que levantan fronteras porque son obtusas enemigas de la globalización. Nadie duda que alguno habrá, entre los CDR y en Catalunya, pero, por favor, si queremos no romper más puentes de los ya destrozados, empecemos por respetar las siglas del ‘enemigo interno’. Los CDR lo han dicho por activa y por pasiva: ellos son republicanos y, después, nacionalistas. Que cada cual establezca los porcentajes que quiera siempre que recuerde que el orden de los factores sí altera el producto. En Madrid, los manifestantes por “Sí, sí, sí / derecho a decidir” –y por la libertad para los presos políticos que viene a ser lo mismo-, sintetizaron magistralmente los porcentajes entre republicanismo y nacionalismo/autonomismo exhibiendo una gran bandera española-republicana con un crespón amarillo.

Y, para finalizar, un poco de humor que falta nos hace. Un amigo mío centra su descontento con el procés en que le parece ‘egoísta’ que pida la República sólo para Catalunya y no para el resto del Estado español (también) Me ha recordado aquella copla que el inmarcesible Chicho Sánchez Ferlosio cantaba exaltando la Huelgona de 1962: “Ay, asturianos / que están nuestros destinos / en vuestras manos”. Casi 60 años después, ¿hoy deberíamos parafrasearlo como “Ay, catalanos / que están nuestros destinos / en vuestros republicanos”? Pues quizás pero con una condición: que nos riamos de nosotros mismos -pobres que sobrevivimos al nacionalismo mesetario-, con el humor que demostró el miércoles la manifestación que, pese a los impunes fachas que la asaltaron, recorrió el centro de Madrid cantando en catalán lemas ecologistas como “Visca la terra” pero también, y muy en especial, “Esta democracia / no me hace mucha gracia”.