Opinion · Verdad Justicia Reparación

Homilía en Mingorrubio

Por Oscar Pantoja, miembro de La Comuna.

La guinda del pastel de la exhumación de Franco saltó en el cementerio de Mingorrubio cuando, en la ceremonia de inhumación del Genocida, un hijo del Tejero golpista, el orondísimo cura Ramón Tejero, pronunció una homilía hagiográfica que representa perfectamente la coyunda entre la Iglesia católica y los franquistas de ayer y de hoy. Toda ella no tiene desperdicio, beligerante, extremista y buen ejemplo del cainismo consustancial al neofranquismo. Hoy, citaremos sólo algunos de sus puntos más escandalosos.

Para empezar, el P. Ramón T. nos sorprende inventando desde su acendrado patriotismo español un concepto político, escatológico y religioso -o, quizá, meramente astronómico: “Esa Patria Celeste de la que goza ya nuestro Caudillo… que supo donar en gratuidad su vida… y lo lanzaba a la entrega generosa y sacrificial de su ser a Dios y a España, realidades transcendentes” (nuestras negrillas, en éste y en los siguientes párrafos en cursivas).

Patria celeste… ¿este cura quiere decir que ni en el cielo nos libraremos de las patrias? En cualquier caso, ¿cuál es nuestra patria celeste?, ¿la Vía Láctea o, más modestamente, sólo el Sistema Solar? En tal caso, si no se han confesado antes del viaje estelar, ¿son profanadores los astronautas? Otrosí, Dios y España, ¿son realidades transcendentes? Entonces, para el sermoneador, ¿qué significa la trascendencia?, ¿una realidad tangible y hasta geográfica como España o una intangibilidad tan sui generis como la divina? Prosigamos con la homilía:

Nosotros no podemos comprender la gran afrenta que algunos están haciendo con sus restos mortales, pero estoy convencido que él lo asumiría como un sacrificio más por Dios y por España, él era un cristiano de tal altura espiritual que sabía descubrir que “no hay que temer a los que matan el cuerpo, pero sí a los que matan el alma”… Quizás la rabia carcoma nuestro corazón [pero] seamos como lo fue el Caudillo, constructores de un mundo nuevo que cimentado en los valores evangélicos se transforme en una verdadera Civilización del Amor.

Una vez repuestos del síncope que nos ha causado asociar al Genocida con una supuesta ‘civilización del amor’, lo primero que nos desconcierta es la referencia a los que ‘matan el alma’. Nos alarma porque esa frase es un banderín de enganche para exterminar a los réprobos no sólo físicamente -en eso los franquistas tienen una enorme experiencia- sino también espiritualmente -en lo que también son profesionales-. Pero está bien que un Tejero nos recuerde las verdaderas intenciones de la Familia Martínez-Bordiú-Franco y del clero ultra, sobre todo en estos días en los que el neofranquismo insulta y basurea a una de las figuras republicanas de mayor empaque cuando recita sin pudor ¡a Antonio Machado!

Asimismo, repugna la asimetría histórica y la crueldad que conlleva esa lastimera queja por “la gran afrenta que algunos están haciendo con sus restos mortales”. Repugna especialmente en El País de las Cunetas rebosantes de republicanos fusilados. Zanjemos este tema: si por mí hubiera sido, los huesos del Generalísimo habrían sido arrojados a cualquier ignota cunetísima. Así sabrían los Martínez-Bordiú-Franco y los Tejeros lo que es la simetría social.

La homilía continúa con una recitación de las Bienaventuranzas bíblicas de las que hemos seleccionado sólo cinco. Según el orden expositivo marcado por el susodicho tonsurado, éstas serían:

2.- Bienaventurado por las lágrimas que derramó durante toda su vida, porque ellas purificaron su alma. Insólito, estrambótico y, desde luego, tan insultante como el resto de la homilía: el Genocida lloraba a menudo como medio para pacificar su espíritu. Pues lloraría en la intimidad, quizá para compensar los gemidos de las cunetas y de los paredones, de las rejas y de las mujeres rapadas. En definitiva, el Gran Asesino no lloró nunca, ¿por qué habría de hacerlo si triunfó por los siglos de los siglos? En cuanto a su alma, en efecto, estaba en paz pero por una simple razón: porque, nada más nacer, se la llevó el Demonio.

5.- Dichoso es Ud. Excelencia por su compasión y su entrega a los más desfavorecidos en momentos de extrema necesidad, por implantar la Justicia Social en nuestra Patria, por dar trabajo, vivienda y sanidad a todos. La conocida propaganda franquista inventa delirios como que el Enorme Súcubo creó la Seguridad Social, las leyes laborales, los pantanos, el desarrollo nacional y un larguísimo etcétera. Obviamente, todo eso es pura mentira y es sencillísimo demostrarlo puesto que el franquismo, acostumbrado a la absoluta impunidad, nunca se molestó en disimular sus embustes.

6.- Bienaventurado por su limpieza de corazón que le llevaba al sacrificio extremo por los demás sin pedir nada a cambio. Caray, no se pase señor Tejero jr. ¿Cómo se atreve a mentir de forma tan obscena?, ¿no sabe que mentir es un pecado? Cuando las fuentes más moderadas hablan de que el Genocida dejó una herencia superior a los 500 millones de euros, ¿cómo entender eso de que ‘no pidió nada a cambio’?

7.- Bienaventurado por la Paz que nos entregó y mantuvo a lo largo de tantos años, una Paz que llevó a la Reconciliación. Nuevo susto. Al cabo de las décadas, el hechicero ultra recurre a la antañona Reconciliación que predicaba el PCE, una política que tantos éxitos -es broma- le granjeó a Carrillo. A estas alturas, cuando sólo un puñado de enchufados y de perversos se atreven a usar tan estúpido concepto, es insólito que la clerigalla acuda en su rescate.

8.– Dichoso por haber sido perseguido por causa de la justicia, durante toda su vida y ahora en su muerte. Por enésima vez, nos topamos con la inversión en estado cristalino: ¿Franco perseguido por la Justicia? Será por la divina pero no por la humana. Ni en su vida ni en su muerte. Nosotros achacamos esta vuelta del calcetín charlatán a la inercia del neofranquismo. Huérfanos de palabras modernas, incapaces de actualizar su retórica de luceros e imperios, no han tenido ningún escrúpulo en apropiarse del léxico izquierdista. Más les valiera estrujarse el cerebro pero, claro, no tienen tiempo para esfuerzos intelectuales porque prefieren dedicarlo a llenarse los bolsillos, de ellos y de sus tataranietos.