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Necropolíticas: Cómo el Estado israelí reprime más allá de la muerte

Por Luis Suárez, miembro de La Comuna.

Necropolíticas: neologismo cuya paternidad cabe atribuir en buena medida a la creatividad de los métodos represivos del Estado israelí contra el pueblo palestino. Consiste en controlar los espacios de muerte y de duelo -además de los de la vida -, ya sea secuestrando los cadáveres de las víctimas, impidiendo sus exequias o profanando los cementerios.

En concreto, en lo relativo al secuestro de cadáveres, el gobierno israelí mantiene desde hace décadas 253 cadáveres de palestinos y palestinas mal enterrados en los ‘cementerios de números’, así llamados por contener tumbas no identificadas, solo numeradas, bajo la autoridad militar. En los últimos 3 años, Israel ha decidido retener otros 52 cuerpos de víctimas de la represión, reclamados insistentemente por sus familiares.

Budour Hasan es una joven palestina que trabaja con la organización JLAC (Centro de Ayuda Legal y Derechos Humanos de Jerusalén), que recientemente ha realizado una gira por nuestro país para denunciar las ‘necropolíticas’ aplicadas por el gobierno israelí, prácticas de retorcida crueldad hacia los familiares de las víctimas, sobre las que Budour ha realizado una rigurosa investigación y documentación que próximamente será publicada.

Durante su reciente gira por este país, Budour se ha interesado por conocer nuestra lucha por la recuperación de los restos desaparecidos o secuestrados de víctimas del franquismo, es decir las que yacen en fosas anónimas, en la mayoría de casos aún sin abrir; o las que han sido ilegalmente inhumadas con fines propagandísticos, sin permiso de sus familiares, como es el caso paradigmático del mausoleo franquista denominado Valle de los Caídos. En otras palabras, una modalidad pionera y masiva de necropolíticas aplicadas por el franquismo en la posguerra.

En torno a todo ello he tenido la ocasión de hablar con Budour, que ha accedido amablemente a esta entrevista. ¿Qué efectos persiguen estas necropolíticas desde el punto de vista de la cultura y las tradiciones palestinas, y qué papel juega en el contexto de opresión y desposesión que sufre a manos del gobierno israelí?

En términos religiosos, culturales y de las tradiciones, el enterramiento digno es muy importante para las familias palestinas, y ofrecer al fallecido un entierro honroso es considerado también un deber religioso. Una de las tradiciones entre las familias musulmanas en Palestina, durante el Eid – la festividad religiosa musulmana - es la de visitar los cementerios en expresión de respeto para los muertos. En una ocasión pregunté a un padre cuya hija estaba enterrada en un cementerio de números israelí, sobre el momento más duro para él. Me contestó que durante el Eid, cuando todas las familias van al cementerio a visitar sus seres amados muertos, poner flores en sus tumbas, leerles versos del Corán… y él no tiene ninguna tumba que visitar.

Más allá de los aspectos religiosos y culturales, la imposibilidad de enterrar a sus muertos niega a los palestinos el derecho a saber, a conocer la verdad sobre cómo sus seres amados fueron matados. Algunos incluso viven con la esperanza de que tal vez, solo tal vez, exista una pequeña posibilidad de que sus hijos estén todavía vivos. La retención de los cadáveres por parte de Israel afecta no únicamente a la familia en particular, sino también a la comunidad palestina en su conjunto debido al significado que tienen los mártires para los palestinos.

En cuanto al papel que juegan estas medidas en el sistema de opresión israelí, la investigadora palestina Nadera Kevorkian ha escrito que en tanto que potencia colonial, Israel no sólo persigue el control de las vidas de los palestinos, sino también sus muertes y sus ‘espacios de muerte’. Al negarse a devolver los cadáveres, al imponer restricciones sobre los funerales y sobre los lugares de funeral o de enterramiento, Israel busca controlar a los palestinos incluso después de la vida. También persigue borrar la memoria de los muertos evitando su entierro digno.

¿Cuál sería el andamiaje legal doméstico que ampararía esa política, y qué validez puede este tener a la luz de la doctrina internacional sobre los derechos humanos?

La Regla 133(3), una norma de emergencia promulgada por el Mandato Británico (1917-1948). Permite al mando militar enterrar a los muertos in situ sin informar a sus familiares. Israel ha utilizado esta norma desde los años 90 para retener los cuerpos con dos criterios: o bien uilizarlos como moneda de cambio en intercambios de prisioneros; o cuando la policía alega que los funerales pueden alterar el orden público y la seguridad.

La Ley Antiterrorista, aprobada por el parlamento israelí el 7 de marzo de 2018, permite a la policía imponer restricciones a los funerales de mártires palestinos a los que Israel considera terroristas. Por otra parte, el gobierno israelí decidió el 1 de enero de 2017 autorizar al ejército a retener su cuerpo si el mártir palestino es un miembro de Hamás, o si el ataque que realizó es considerado grave. Recientemente, el nuevo ministro israelí de Defensa recomendó que todos los cuerpos de palestinos acusados por él de terroristas fueran retenidos con independencia de su filiación política.

En relación a la legislación internacional: La política israelí de negarse a devolver los cadáveres a sus seres queridos, sin tomar las medidas necesarias para identificar y documentar a muchos de quienes fueron matados en choques en los años 70 y 80, que derivó en la ‘pérdida’ de muchos cuerpos, así como la forma humillante en que los cuerpos palestinos están enterrados, viola las reglas sobre tratamiento de los muertos, definidas en los artículos 15, 16 y 17 de la Convención de Ginebra I (CG I); arts. 18, 19 y 20, CG II; arts. 120 y 121 CG III y arts. 16, 129, 130 y 131, CG IV.

¿Cuáles serían los paralelismos que, a tu juicio, pueden observarse entre las necropolíticas israelíes y las prácticas aplicadas por el franquismo a muchas de las víctimas de la guerra y posguerra, ya sea las arrojadas en fosas anónimas y sin identificar, o las secuestradas en el mausoleo de Cuelgamuros?

Obviamente, en términos de números es imposible comparar, puesto que en el caso palestino hablamos de menos cantidad. Entre los puntos en común está el intento de borrar la memoria colectiva y deshumanizar al ‘otro’. Franco trató a los republicanos ejecutados como sub-humanos que no merecían ni el derecho a una digna sepultura. Israel también trata a los mártires palestinos como sub-humanos. La deshumanización y la venganza contra los muertos son elementos clave en ambos casos. También la utilización de los muertos como escarmiento ‘ejemplar’ dirigido a los vivos, para su disuasión y castigo colectivo.

Otra cosa en común es la resistencia de las familias, tanto en España como en Palestina. Cuando pienso en Ascensión Mendieta, la hija de Timoteo, o en Diego González, quien falleció en octubre de 2018 antes de ver cumplirse su sueño de enterrar a su padre, recuerdo a las madres y padres palestinas que repiten que lo único que desean hacer antes morir es enterrar a sus hijos.

Finalmente, ¿cómo crees que se puede apoyar la lucha contra estas políticas desde la solidaridad?

Dado que los palestinos estamos atados actualmente bajo el sistema legal israelí, debido a que en septiembre de 2019 la corte suprema decidió que era legal retener los cadáveres como moneda de cambio, nuestra única esperanza recae en la solidaridad internacional, en que los pueblos, especialmente en España con quienes hemos compartido este dolor, presionen a sus gobiernos para que exijan a Israel el fin de esta política. También requerimos asesoría experta en materia de creación de bancos de datos genéticos para la identificación futura de restos.