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El mural (y la memoria feminista) se quedan: los nombres que VOX, Ciudadanos y PP no podrán borrar

Por Clara Gutiérrez Vega, miembro de La Comuna

Un mural,
dieciséis rostros,
dieciséis mujeres,
dieciséis luchas,
dieciséis historias,
una Historia.

 

En la madrugada del 5 de agosto de 1939, cuando Julia Conesa Conesa estaba a punto de ser fusilada por un pelotón franquista por su pertenencia a las Juventudes Socialistas Unificadas, escribió una carta a su madre que concluía con un contundente "Que mi nombre no se borre en la historia". Habían pasado cuatro meses desde el fin de la guerra. 80 años después, en la mañana del 4 de octubre de 2019, Javier Ortega Smith, secretario general del partido ultraderechista VOX, afirmaría en la televisión pública que Julia Conesa y el resto de sus compañeras "lo que hacían era torturar, violar y asesinar vilmente". Pero esa ya es otra historia… aunque quizás no tanto.

Pensándolo bien, quizás no sea otra historia que Ortega Smith, sano hijo de un régimen genocida ultrapatriarcal, haga uso del altavoz mediático que su cargo político le otorga para atacar a las Trece Rosas, tratando de invisibilizar, precisamente, el hecho de que fueron fusiladas por su actividad política (paradójicamente, en una dictadura que siempre negó a las mujeres la categoría de presas políticas). No, no es otra historia. En realidad es la misma historia de siempre. La historia de cómo las mujeres somos expulsadas de lo público, de lo político, una y otra vez. A veces (muchas veces, porque no solo fueron trece) nos matan. Otras, nos silencian en vida. Y después tratan de borrarnos: vivas o muertas, intentan hacernos desaparecer. La derecha lleva años tratando de que nuestros nombres, nuestros rostros, nuestras luchas se borren en la historia. Porque nuestra presencia pública les incomoda, les molesta. Porque les recuerda que, aunque mataran y callaran a muchas, otras, sus nietas, estamos vivas y tenemos voz. Estamos vivas y ocupamos las calles. Estamos vivas y protagonizamos murales.

Pero ojo, no pensemos que molestamos porque somos mujeres, no. La derecha no odia a las mujeres: odia a las mujeres que no entienden "su" lugar. Por eso el concejal de Ciudad Lineal, Ángel Niño (Ciudadanos), nos asegura en Twitter que siempre le encontraremos "a favor de la #igualdad entre hombres y mujeres sin distinción ni ideología política" pero señala los rostros de Liudmila Pavlichenko, Kanno Sugako y la Comandanta Ramona porque según él, "debemos rendir homenaje a quienes hacen de nuestra sociedad un lugar mejor y son ejemplo para nuestros jóvenes y en este mural, no todas las figuras lo son". Porque si eres mujer, al rebelarte contra un poder opresor y luchar por tu liberación no estás haciendo del mundo un lugar mejor. Estás disputando un espacio que solo los hombres tienen derecho a ocupar. Y el castigo por la transgresión es la expulsión, la desaparición: antes tiraban de fusil, ahora tiran de hipocresía.

Lo que a Ángel Niño le preocupa lo expresa muy bien uno de sus seguidores cuando sostiene en otro tuit que "Seguramente habrá mejores ejemplos. Como deportistas, escritoras, científicas, políticas, profesionales, madres. Y sin necesidad de revoluciones". "Madres", como si lo verdaderamente molesto de estas mujeres es que decidieran ser otras cosas y no (o no solo) madres. Repito: la derecha no odia a las mujeres, odia a las mujeres que no entienden su lugar. Esta es la gente que luego dice que no hay que mezclar feminismo y política. Claro. Todavía no han entendido que ganar un partido de tenis, salir del armario o viajar al espacio es político. Que maternar (o no) también es político. "Sin necesidad de revoluciones". Los señoritos de la derecha no entienden la necesidad de las revoluciones. Claro. Porque a ellos las revoluciones, por lo general, han tendido a generarles, más bien, molestias. Como ese señor que pita desde su 4x4 porque una manifestación por el clima ha cortado la calle y él va a llegar tarde. Los fachas llevan toda la vida llegando tarde.

Y mientras, con nuestras innecesarias revoluciones, las mujeres nos dejamos la vida y tratamos de que nuestros nombres no se borren en la historia, porque sabemos lo que hay en juego, porque nos va la vida en ello. Porque entendemos la importancia de que una niña que camina por la calle vea un mural y sepa. Sepa que puede ser astronauta, tenista o campesina. Sepa que es libre para amar a quien quiera. Sepa que puede soñar un mundo donde quepan muchos mundos y pintarlo de colores. Sepa que puede luchar por su tierra, que puede tomar la palabra y levantar el puño. Sepa que no tiene que ceder su asiento ni soltar su micro, aunque nos quieran sumisas, aunque nos quieran calladas. Sepa que es (y será) porque otras fueron.

El mural se queda. No se queda porque Ciudadanos haya decidido "salvarlo", como ha titulado El País. Se queda porque, gracias a la lucha del movimiento feminista, hoy Emma Goldman, Kanno Sugako, Lilia Brik, Lucía Sánchez Saornil, Frida Kahlo, Rosa Parks, Liudmila Pavlichenko, Nina Simone, Valentina Tereshkova, Billy Jean King, Angela Davis, Rosa Arauzo, Rigoberta Menchú, Comandanta Ramona, Chimamanda Ngozi y Gata Cattana son, además de lo que siempre fueron, dieciséis nombres que VOX, Ciudadanos y PP no podrán borrar en la historia.