Verdad Justicia Reparación

Gladys del Estal

Tudela, 1979

Por Álvaro Esteras Ruiz, miembro de La Comuna

Hoy los tontos, los sinvergüenzas y también algunos juntaletras al servicio de las corporaciones capitalistas continúan negando el cambio climático. Pero ya prácticamente solo les creen los idiotas sin solución: la cosa es obvia incluso para quien no se quiere enterar. Hasta Ángela Merkel anuncio, después del accidente de Fukushima, que Alemania cerraría para 2022 todas las centrales nucleares. Sin embargo, los combates nunca son fáciles. No siempre fue así.

En marzo de 1979 había tenido lugar el accidente de la central de Harris¬burg, uno de esos accidentes, que según la industria eran imposibles, con fusión parcial del núcleo incluida. Ante la gravedad de los hechos, organizaciones de todo el mundo se reunieron en Suiza y decidieron declarar el Día del Medio Ambiente de ese año como Jornada Internacional contra la Energía Nuclear, tanto en su faceta civil como militar.

Los Comités Antinucleares decidieran convocar su celebración el 3 de junio en Tudela, ya que, por una parte, estaba afectada por el Plan Energético Nacional del Gobierno de Adolfo Suárez que incluía la instalación de una central nuclear (que no la única) en esa localidad y por otra, por el campo de tiro militar (que sigue estando) de las Bardenas Reales.

Gladys decidió acudir, era militante ecologista y pacifista. Pertenecía al Grupo Ecologista de Egia y a los Comités Antinucleares de Euskadi. Había participado en la organización de numerosas actividades y movilizaciones ecologistas.

El acto estaba autorizado y tenía permiso hasta las 17 horas, pero antes de que se cumpliese el plazo llegaron cuatro furgonetas y un autobús de la Policía Armada, relatan los testigos: "Los organizadores y algunos cargos electos trataron de dialogar con los mandos, pero fue inútil". Se ha dicho que alguien había gritado ¡alde hemendik! (fuera de aquí), lo que sí es seguro es que los policías comenzaron a lanzar pelotas de goma y botes de humo.

En ese momento, como relatan los testigos, la gente comenzó a retirarse hacia los autobuses. "El tráfico estaba atascado y en aquellas circunstancias, algunas personas, entre ellas Gladys, se sentaron en el suelo junto al puente del Ebro, para protestar de manera absolutamente pacífica contra aquel abuso". Fue entonces cuando un grupo de guardias civiles se dirigió hacia los manifestantes.

Según la versión del comunicado de la Guardia Civil, "sobre las 17:30 horas cruzaron el puente un grupo numeroso de personas (la mayoría jóvenes) y cortaron la circulación, atravesando un vehículo, y se sentaron en la calzada, todo ello junto a la zona de estacionamiento". La Guardia Civil daba su versión que luego asumirían los tribunales, que pretendía que "un manifestante agarró por detrás, tirando con fuerza de la metralleta que, colgada del hombro, portaba uno de los guardias, tratando de arrebatársela. El guardia sujetó el arma, echándose hacia delante para contrarrestar el tirón, llegando casi a perder el equilibrio; en el forcejeo se produjo un disparo del arma, que alcanzó a Gladys del Estal", Esto a pesar de lo manifestado por testigos, así el guarda de la fábrica papelera que estaba junto al lugar de los hechos manifestó que el guardia civil golpeó con la culata a la joven, que profirió un grito e intentó levantarse y que en dicho momento el citado guardia civil le disparó un tiro en la cabeza. .../... que no vio a ningún manifestante intentar golpear a ningún guardia civil ni intentar quitarle el arma.

El camionero Ángel Hernández que estuvo retenido por las protestas justo en el puente del Ebro dijo que unos 50 jóvenes estaban parando la circulación y unas 7 u 8 chicas sentadas. El subteniente al mando de la fuerza dijo ‘os doy cinco minutos para desalojar’ prácticamente antes de terminar de hablar empezaron a dar culatazos. Por el costado izquierdo de una de las chicas un guardia civil le pegó por detrás con el arma, cayó hacia delante e inmediatamente después la dio un tiro por detrás, cayendo sobre el hombro derecho. Los testimonios de María Cruz Arcos, que se encontraba en el huerto cercano al cruce de carreteras y Rafael Alday, estudiante donostiarra compañero de Gladys, que se encontraba en el lugar de los hechos, coinciden en que no hubo violencia alguna ni agresiones por parte de los manifestantes.

La sentencia estableció que José Martínez Salas disparó en una acción de "omisión negligente no maliciosa" y califica de "temeraria la conducta del agente al carecer de las más elementales precauciones en su actuar, es una acción incorrecta y precipitada ante la falta de peligro", calificando de "gravemente imprudente montar el arma Z-70 y quitar el seguro y tras ello emplearla como medio coactivo contra la joven", concluyendo que "es claramente previsible que un arma de fuego de las características del subfusil se puede disparar en tales circunstancias, máxime si se emplea para golpear o empujar a una persona, extremo éste que no ha quedado demostrado". También afirmaba que "un subteniente disparó al aire y ordenó a 5 guardias civiles que desalojaran a una decena de jóvenes que se habían sentado delante de un camión para cortar la circulación, entre las que se encontraba Gladys del Estal. La versión que se plasmó en el texto de la sentencia no fue aportada por ningún testigo ocular de los hechos.

El guardia civil José Martínez Salas fue condenado el 14 de diciembre de 1981 por la Audiencia de Pamplona a 18 de meses de prisión como "autor responsable de un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte". Se fijaba además una indemnización de dos millones de pesetas a los padres de la víctima. Un ecologista de Mallorca fue condenado a un año de cárcel por el terrible delito de colocar una pancarta de protesta por la muerte de Gladys.

El 4 de marzo de 1993 José Luis Corcuera, ministro de Interior del Gobierno del PSOE, defendió que al miembro de la 'Benemérita' José Martínez Salas se le hubiera concedido la Cruz del Mérito Militar. Consta en el acta de aquella sesión (¿del Consejo de Ministros?), que Corcuera manifestó que el guardia civil "se encuentra rehabilitado del delito de imprudencia temeraria, con resultado de muerte, después de haber cumplido la condena que le fue impuesta por los jueces". Corcuera también manifestó que "Cumplida la condena en la prisión correspondiente y reintegrado al servicio, observó una conducta intachable, habiendo obtenido la cancelación de antecedentes, conforme a lo dispuesto en el artículo 118 del Código Penal, desde el año 1987". Si lo decía el ministro Corcuera sería verdad, ¡por favor!, pero no existe constancia de que el condenado José Martínez Salas pasase por la cárcel, quizás cumpliese la pena en una prisión militar como Tejero y Milans.

Debió rehabilitarse muy rápido de imprudencia temeraria y también demostrar muy deprisa la observancia de una conducta intachable porque, aunque no se sabia públicamente en 1993 (no dijo nada al respecto el Sr. ministro Corcuera) en 2019 el semanario Argia desvelo que el guardia civil José Martínez Salas, había sido condecorado con la Cruz del Mérito de la Guardia Civil con Distintivo Blanco ya en 1982, el 15 de febrero, apenas dos meses después de haber sido condenado. Quien quiera amargarse el día solo tiene que comprobar los requisitos para obtener la precitada medalla.

El grupo de rock "Avance", dedicó a finales del año 79 una canción a Gladys del Estal "Balada a una mujer anónima", ahora siempre que actúan el público les pide esta canción. En Tudela hay una calle que lleva su nombre y en el 2004 se colocó una placa en su recuerdo y Donostia en 2009 se dio su nombre a la pasarela peatonal que une el Parque de Cristina Enea con el paseo de Federico García Lorca, en 2010 se puso una placa junto a la pasarela.

El estado español no ha realizado ninguna acción de reconocimiento de Gladys del Estal. El ayuntamiento de Donostia solicitó al Congreso de los Diputados que fuese oficialmente reconocida como víctima de la violencia policial sin que este se pronunciara.

Como le sucede a Iñaki Egaña que la recuerda en el artículo, "VICTIMAS SIN INVENTARIAR", sé que muchos no podemos evitar acordarnos de su foto paseando en bicicleta por el boulevard de Donostia con un globo antinuclear atado a una de las ruedas.