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Jimena Alonso Mathias. In memoriam

Por Lucía Vicente, integrante de La Comuna

El pasado 17 de septiembre fallecía Jimena Alonso a los 84 años de edad. Durante toda su vida formó parte de numerosas luchas en las que se sintió involucrada, especialmente en la lucha por los derechos de las mujeres. Sin lugar a dudas, Jimena representa una buena parte de la historia del feminismo en este país.

Nacida en 1937, tuvo la suerte de contar con unos padres republicanos, vinculados a la Institución Libre de Enseñanza que, aunque represaliados tras la guerra, pudieron darle una educación en el Colegio Estudio, del que Jimena se sentía muy orgullosa. Su madre supo transmitirle desde muy joven las conquistas que beneficiaron a todas las mujeres en la Segunda República en contraste con la situación imperante en el franquismo, cuyas normas causaron tanto sufrimiento, como el padecido por Jimena cuando, tras su separación matrimonial, sus dos hijas y dos hijos quedaron bajo la custodia de su padre, aunque supusiera un trauma para ellos y para la madre, porque así lo estipulaba la legislación vigente en la dictadura, que negaba a las mujeres ningún derecho sobre los hijos. Cuando finalmente Jimena y sus hijos consiguieron reagruparse, crearon una unidad que el tiempo no hizo sino incrementar.

La conciencia antifranquista de Jimena le llevó tempranamente a participar en las movilizaciones de estudiantes en la Universidad de los años 60 y, más tarde, ya como profesora en el Departamento de árabe en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, en las luchas colectivas de los PNNs, (profesores no numerarios) por la transformación de la educación, por derrocar a la dictadura y, desde el principio, en la lucha por los derechos de las mujeres.

Las que conocimos a Jimena en la dictadura y luchamos junta a ella, fuimos testigos de su fortaleza intelectual, de su gran coraje y combatividad, pero también de su espíritu unitario que le llevó a colaborar tanto entonces como después con distintos partidos de izquierdas.

En el movimiento feminista, Jimena comenzó participando en la Asociación de Mujeres Universitarias de la que fue elegida presidenta en 1973, integrando el grupo de mujeres jóvenes de dicha asociación que más tarde pasaron a llamarse "Frente de Liberación de la Mujer" (FLM). Se definían como feministas marxistas, interesadas en conocer y apoyar las luchas de mujeres trabajadoras. Y por ello se solidarizaron activamente con las trabajadoras en huelga de la empresa textil Induyco y de la Casa de Moneda, entre otras.

También desde el Frente, que se definía como antipatriarcal, anticapitalista y socialista, se impulsaron numerosas campañas, tanto por las condiciones de trabajo de las mujeres, como por la conquista de derechos: a una sexualidad libre, a los anticonceptivos, al aborto...

Con ocasión del debate sobre la constitución del 78, el FLM se posicionó en contra del texto por el hecho de que no se incluyesen leyes referidas a la planificación familiar, el divorcio, la coeducación, etc., y consideraba «que la discriminación por razón del sexo no se modifica declarando la igualdad, sino reconociendo el carácter sexista y clasista de la sociedad y proponiendo formas concretas para transformarlo".

Además, se oponían a la forma política del Estado, la monarquía, a la que definían como «patriarcal y sexista», al mantenimiento de los privilegios de la Iglesia Católica, al sostenimiento del sistema capitalista; y propugnaban el reconocimiento de la autodeterminación de los pueblos.

El feminismo de Jimena, tal y como acertadamente señaló Justa Montero en el homenaje que se celebró en el Cementerio Civil de Madrid, era el que se enlazaba con otras causas y luchas sociales, obreras, y universitarias, ecologistas y en la reivindicación de la memoria histórica. Jimena defendió entonces a las mujeres a las que no se había aplicado la ley de Amnistía y denunció las condiciones inhumanas que sufrían en las cárceles.

En sus testimonios, todas las mujeres protagonistas del movimiento feminista de la época aparecen mencionadas con sumo respeto y cariño. La colaboración existente entre las mujeres feministas, a pesar de la fragmentación de sus organizaciones, hizo posible poner entre todas en pie un proyecto unitario en 1978 como fue la Librería de Mujeres de Madrid, que Jimena impulsó y de la que supo encargarse durante muchos años.

El mismo espíritu unitario que tuvo la creación, junto a Fini Rubio, también integrante del FLM, de la Colección Tribuna Feminista en la Editorial Debate, con la finalidad de dar a conocer la problemática de las mujeres en su más amplio espectro. En la presentación de esa Colección declaraban que su militancia en unas siglas no significaba que quisieran ser portavoces de un grupo, sino que les interesaba resaltar la condición de la mujer. Entendían que los grupos no son más que diferentes formas de lucha con una finalidad común: reivindicar a la mujer en su situación actual y seguir luchando por encontrar soluciones al problema. Así, de la mano de esta colección vieron la luz títulos como "La mujer discriminada: biología y sociedad", de Ann Oakley; "La mujer ignorada por la historia", de Sheila Rowbothan o "Vindicación de los derechos de la mujer", de Mary Wollstonecraft; entre muchos otros.

Jimena fue detenida en 1981 junto con sus hijas y otras personas cercanas –varias mujeres conocidas del movimiento feminista– y se le aplicó la ley antiterrorista, permaneciendo diez días incomunicada en la Dirección de Seguridad del Estado (la misma DGS del franquismo). Denunció que durante su detención sufrió torturas, así como amenazas constantes de violar a sus hijas delante de ella. Una buena parte del movimiento feminista se movilizó para denunciar tanto los mecanismos de represión utilizados por el Estado a través de la Ley Antiterrorista, como la campaña de difamación realizada por la prensa amarilla del momento.

Era una época en que ya habíamos constatado lo que la llamada transición iba a dar de sí en cuanto a la continuidad de los aparatos represivos de la dictadura y así afirmaba Jimena en una entrevista que le realizamos en Combate (publicación de la Liga Comunista Revolucionaria) en 1983, tras su puesta en libertad provisional, "yo lo siento, pero no me creo para nada que se pueda erradicar la tortura si no hay depuración de los cuerpos represivos y también de la magistratura, con toda la connivencia que ha habido entre ambos".

Tras la salida definitiva de la cárcel una vez cumplida la condena de 7 años, Jimena se alejó de Madrid, pero nunca de su compromiso con el feminismo y la lucha por la igualdad. Su maestría culinaria le permitió acometer con éxito un negocio hostelero en el Cabo de Gata, pasando unos años en aquella zona en la que, dado su carácter comprometido, no pudo permanecer al margen de las luchas por la protección medioambiental.

Más tarde, en su retiro en la zona de Gredos, siguió implicándose también con el movimiento memorialista y la recuperación de los cuerpos de las fosas en el Valle del Tiétar. A Jimena la podíamos encontrar igualmente en Madrid, lo mismo en las manifestaciones contra la Guerra de Irak, que un 14 de abril conmemorando y reivindicando la República.

Y por supuesto, estaba presente siempre en las movilizaciones del 8 de marzo, porque Jimena era consciente y estaba orgullosa de la conquista de derechos y las mejoras logradas por el movimiento feminista para la vida de las mujeres, y sabía que esos derechos no los ha regalado nadie sino que ha habido que lucharlos palmo a palmo, consiguiendo que las mujeres jóvenes puedan ser ahora más felices y libres que en épocas pasadas, pero que todavía queda mucho camino por recorrer.

Jimena nos ha dejado, pero nos queda su recuerdo como la persona sólida, valiente, combativa y solidaria que en muchas ocasiones nos sirvió de ejemplo, guía y referente en nuestra lucha, a la que respetábamos y apreciábamos y a la que siempre nos encantaba encontrar y escuchar.

Su coraje y energía se queda con nosotras porque la llevamos dentro.