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La guerra de las calles

por Ramón Alonso, socio de la Comuna

La vigente Ley de Memoria Histórica establecía la retirada de nombres y simbologías franquistas de las calles y espacios públicos. A pesar de estar en vigor esas obligaciones, hubo muchas demoras injustificables o incumplimientos de estos mandatos legales. La derecha de nuestro país siempre ha sido contraria a la aplicación de esta ley. Sus argumentos, repetidos hasta la saciedad son: "Son casos de hace muchos años y que no tienen relevancia ahora" "No hay que abrir viejas heridas", "Son temas superados o que no interesan más que a los que buscan subvenciones" "Que todos los hechos relativos al franquismo fueron amnistiados" han sido las escusas más frecuentemente utilizadas para justificar los retrasos en la eliminación de muchos remanentes de tan sombría época. Los gobiernos de Rajoy no derogaron la ley, pero si la dejaron sin asignación presupuestaria. En concordancia con su ideología e intereses, muchos ayuntamientos o instituciones obstaculizaron todo lo que pudieron la aplicación de esta ley. Entre los incumplidores, destacaba el Ayuntamiento de Madrid.

No obstante, en la anterior legislatura, el entonces equipo de gobierno municipal madrileño acordó, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica cambiar los nombres de 52 calles de su término municipal, dado su claro sentido de exaltación franquista, por otros más acordes con el marco legal vigente. Varios juzgados de Madrid aceptaron las querellas presentadas por organizaciones derechistas y ordenaron eliminar el cambio de seis calles y el anterior gobierno municipal de Manuel Carmena presentó recurso y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dictó auto desestimándolo. El actual equipo de gobierno de Martínez Almeida, a pesar de que el marco jurídico no ha cambiado, no ha respetado los acuerdos tomados por el anterior gobierno y tampoco hizo nada por presentar los recursos o por retomar los casos que por cuestiones puramente formales habían sido objetadas por los tribunales. Citaremos algunos de los casos más sangrantes:

En el distrito Latina, en el caso Millán Astray, los jueces no consideraron suficientemente probado que quien fue el primer jefe de la oficina nacional de propaganda de Franco, quien protagonizó el amenazador enfrentamiento con Unamuno por su posición crítica al franquismo, o quien en varios materiales gráficos de la época figura abrazando o acompañando al dictador fuese un franquista, se cambió por voluntad de la corporación municipal el nombre de la calle Maestra Justa Freire, quien en toda su vida no utilizó otras armas que la pluma, la pizarra o el conocimiento para combatir el analfabetismo, para volver a homenajear a tan ilustre guerrero. Este cambio se produjo en el pasado mes de agosto. Y el 2 de octubre tuvo lugar importante manifestación para reclamar que vuelva a denominarse calle de la Maestra Justa Freire.

En Vallecas, se ha cambiado el nombre Barco Sinaia, de destacada intervención en la evacuación de cientos de refugiados y exilados tras la guerra civil, por el de Crucero Baleares, navío que bajo la bandera franquista tomó parte en el bombardeo de civiles que huían de Málaga. Esta brillante operación, llevada a cabo en colaboración con la marina italiana causó de más de cinco mil muertos. El ultimo hecho bélico donde participó fue su hundimiento ante unidades de inferior armamento de la marina republicana.

En el caso de Ciudad Lineal y San Blas, la vía principal que se había renombrado como Avenida de la Institución Libre de Enseñanza ha vuelto a denominada Avenida Hermanos García Noblejas. Conviene aclarar algunos extremos:

Los citados hermanos fueron muy destacados activistas de Falange y tan implicados con el nazismo que dos de ellos participaron en la división azul, muriendo uno en campaña y el ultimo, fallecido en 1942 en accidente de trafico cerca de Madrid, recibió homenaje póstumo de la embajada alemana y del partido nazi.

La Institución Libre de Enseñanza domiciliada en Madrid, fue un hito del acervo cultural español: fue visitada por Einstein y el premio nobel de medicina Santiago Ramón y Cajal, participó activamente en sus actividades. Generó incontables actividades de promoción de la salud, el conocimiento y la ciencia, también fomentó la incorporación de la mujer a todos los niveles de la enseñanza. Es decir, una entidad ampliamente merecedora de reconocimiento público. Así de conformidad con el marco jurídico vigente, se acordó cambiar rendir homenaje a catedráticos, no a fanáticos.

En el pleno de Ciudad Lineal del pasado día 14, a respuesta de pregunta capciosa de VOX al respecto, el Concejal dijo que ese asunto estaba pendiente de resoluciones judiciales. Sin embargo, el pasado lunes 17, se produjo el cambio de los rótulos de Avenida Institución Libre de Enseñanza por el de Hermanos García Noblejas. Según las declaraciones del Alcalde al respecto, este hecho se debe al cumplimiento de sentencias de los tribunales, añadiendo que los gastos, que tanto airearon en su día, ahora son asequibles, aunque pueden generar algunas molestias a los vecinos de Ciudad Lineal. Es decir, que el equipo de Almeida, en concreto Andrea Levy, responsable del área de cultura y de los nombres de las calles, no informó al Concejal del distrito o este ocultó esta información.

Como antes se indicó, esta actitud no es nueva, ni tampoco se debe al cumplimiento de sentencias, pues los casos de las Trece Rosas, del memorial del cementerio de la Almudena, o recientemente la polémica respecto a Almudena Grandes, no han sido objeto de decisiones judiciales, por tanto no pueden alegar el cumplimiento de sentencias en los casos donde no las hubo y en los que si hubo sentencias, estas declararon que las decisiones para los cambios no estaban suficientemente motivadas, es decir defectos subsanables o recurribles. Ni motivaron ni recurrieron, simplemente repusieron las denominaciones de la dictadura. Nos encontramos ante una política sectaria del actual gobierno municipal, quienes sistemáticamente quieren condenar al olvido a todas las figuras culturales o de cualquier otro ámbito cuya existencia no concuerda con sus intereses políticos.

Lamentablemente, la guerra de las calles es fruto de la política de crispación y ocultación de responsabilidades de muchas figuras significativas de la dictadura mediante el olvido. No hay que echar en saco roto que muchos de los actuales figurones de las organizaciones derechistas o de sus portavoces mediáticos son familiares o descendientes de los beneficiados por el régimen. Las organizaciones memorialistas, también deben tener en cuenta estos hechos y a sus responsables, pues nada bueno pueden esperar de los mismos. Ante estas agresiones, nacidas en muchos casos de instituciones o cargos institucionales, el movimiento memorialista debe organizarse mediante fórmulas integradoras e inclusivas, que permitan dar respuesta rápida, eficaz y contundente a este tipo de ataques.

Imágenes: distintas movilizaciones realizadas en Madrid para reclamar al Ayuntamiento el mantenimiento de las calles con su denominación democrática.