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La memoria del fascismo en Madrid

Por Jesús Rodríguez Barrio. Activista de La Comuna.

Con fecha 1 de enero de 1943, el Grupo de Ejércitos Norte de la Wehrmacht (el ejército de la Alemania Nazi) al mando del general Küchler incluía, entre otras, a la 250 División de Infantería (1). Una división de voluntarios armada, pagada y condecorada por Hitler; pero reclutada y también pagada por Franco como agradecimiento a la inestimable ayuda recibida de Hitler. Ayuda que había resultado imprescindible para el triunfo de los sublevados contra el gobierno legítimo de la República Española.
Con tan ilustres padrinos esta fuerza militar, que en España recibió el nombre de División Azul, estaba llamada a las más nobles hazañas. Entre ellas la de participar en el cerco de la ciudad de Leningrado. Una operación de exterminio a gran escala que, según las últimas estimaciones (2), causó la muerte a más de un millón de civiles como consecuencia del hambre, el frío y los bombardeos aéreos y de artillería, cuyo objetivo principal era exterminar y aterrorizar a los habitantes de la ciudad. Esta operación militar fue enjuiciada, en 1946, por el Tribunal Militar Internacional de Núremberg como un Crimen de Guerra y un Crimen contra la Humanidad y formó parte de las acusaciones que llevaron a la horca a los principales dirigentes del ejército nazi.

El Ejército Rojo, contra el que combatió la División Azul, fue el que liberó, en 1944 y 1945, los Campos de Exterminio nazis, situados todos en la Europa Oriental. Unos campos cuya única finalidad era el exterminio, a escala industrial, de los grupos de población (principalmente judíos) considerados racialmente inferiores por los jerarcas nazis. Por su eficaz desempeño en el combate, los voluntarios de la 250 división de infantería del ejército nazi fueron generosamente recompensados y condecorados por Hitler y Franco. Pero cada día que se retrasó el avance de los liberadores fue un día más que las cámaras de gas y los hornos crematorios de Treblinka, Maidanek, Sovibór, Chelmno, Belzec y Auschwitz-Birkenau siguieron funcionando para el exterminio industrial. Solo en Treblinka y Auschwitz fueron asesinadas más de dos millones de personas. De esta forma, los voluntarios españoles del ejército nazi también contribuyeron de forma objetiva a prolongar y sostener el funcionamiento de la maquinaria de exterminio del Holocausto y la Solución Final.

El pasado martes (día 25 de octubre) un concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid ha justificado el mantenimiento de una calle con el nombre de "Caídos de la División Azul", según sus propias palabras: "en memoria de unos españoles que fueron voluntarios a luchar contra la dictadura más sangrienta y salvaje que ha asolado Europa en el siglo XX como es el comunismo". Pero el hecho objetivo e incuestionable, establecido hace mucho tiempo por toda la historiografía más solvente, es que aquellos soldados españoles del ejército nazi no fueron a luchar por la libertad sino que formaron parte de una maquinaria militar al servicio del proyecto de conquista colonial, exterminio y esclavitud racial que Hitler había diseñado para la Europa Oriental.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, en esa misma sesión, este concejal también defendió el mantenimiento de una calle en homenaje a Millán Astray, un fascista militante y autodeclarado, el campeón de la muerte y enemigo de la inteligencia que ejerció, directamente a las órdenes de Franco, como jefe del Departamento de Prensa y Propaganda del ejército rebelde durante la Guerra de España.

A las instituciones de un país autoproclamado como una democracia avanzada se les debería suponer la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos. Por eso resulta una imperiosa obligación, ética y moral, valorar lo que significa mantener hoy un homenaje público en la capital de España a una división de voluntarios del ejército nazi y a un personaje como Millán Astray, un fascista declarado que participó al servicio de Franco en la guerra que llevó al establecimiento de la sangrienta dictadura que exterminó a los cientos de miles de personas que, a día de hoy, aún permanecen desaparecidas en las fosas repartidas por toda la geografía de nuestro país.

El actual alcalde de Madrid declaró hace un tiempo: "seremos fascistas, pero sabemos gobernar". Pues va a ser verdad (lo de fascistas, claro). Pero no solo porque él lo diga, sino por su permanente defensa de la memoria del fascismo y las guerras coloniales y la destrucción de memoriales democráticos en la ciudad de Madrid. La actitud de su gobierno municipal, de mantener los homenajes al fascismo y al nazismo en el callejero de la capital de España, es una vergüenza para esta ciudad, una ofensa para las víctimas, una burla a la Memoria Democrática y una afrenta contra todos los que defienden los Derechos de la Humanidad.

NOTAS
1) Glanz, David M. La Batalla por Leningrado. Desperta Ferro, Madrid (2018). Pág 661.
2) Glanz, pág. 675.

Imagen: 'Poema público Calles Dignas', realizado por la Plataforma por la calle de la Maestra Justa Freire ante el Ayuntamiento de Madrid, el pasado 25 de octubre, cuando se presentó la moción para revertir los nombres franquistas de las calles.