En la cumbre de la pobreza

Zapatero y la tasa sobre las transacciones financieras

Sarkozy, Zapatero y Barroso no lo hicieron mal ayer. Deben saber que les observamos y, lo que es más importante, tenemos memoria a medio plazo, lo suficiente para llegar a las próximas elecciones.

Que Zapatero lo sabe, de eso doy fe. Estuvimos con él 5 minutos antes de marcharse a Naciones Unidas, para entregarle las firmas de la campaña que hemos movido desde que España tomó la presidencia rotatoria de la Unión Europea hasta hoy, una campaña en la que, con diversas acciones, le ha recordado al Presidente que tenía en sus manos la posibilidad de cumplir con todos sus compromisos públicos hacia los Objetivos del Milenio. "Los Objetivos del Milenio son el primer compromiso del mundo con la Humanidad", dijo el año pasado en Copenhague. "Mi Gobierno se compromete a defender y a llevar a la práctica la nueva tasa [sobre las transacciones financieras]" ha dicho aquí, frente a los 200 países que asisten a la Cumbre.
Entrega de firmas para un rescate de los ODM

Después de un pequeño momento de reconciliación con los líderes europeos, nuestra llama de esperanza tiembla hoy con la falta de una referencia a la TTF por parte de Ángela Merkel. No deja de ser significativo que el país que más fuertemente impulsó la idea de encontrar un impuesto para financiar el desarrollo lo más rápido posible antes de que sea demasiado tarde para los ODM y para millones de personas, haga mutis sobre este tema ahora que sobrevive con otra coalición en el Gobierno.

Leo en la prensa española todo tipo de reacciones ante el anuncio de Zapatero. No se equivoquen por lo que quieren que crean. Seamos lectores críticos, tomemos las frases y leámoslas teniendo claro quién las dice y qué interés tiene detrás. Sarkozy y Zapatero no tienen ahora más dinero para hacer grandes anuncios aquí, con los que demostrar que siguen apostando por los ODM. Saben que la crisis ha golpeado fuerte a los más vulnerables en los países en desarrollo y que sin financiación no se podrán poner en marchar las estrategias de transformación que se necesitan de aquí a 2015. Proponen una tasa que no recaerá sobre sus presupuestos y de la que no son responsables en exclusiva, porque si los países emergentes y otros la siguen bloqueando en el G20 es posible que no se aplique jamás.

Los bancos y las cajas se escandalizan porque alguien quiere sacar un pellizco de su gran bolsa de beneficios, la mayor de todos los sectores económicos, incluida la industria extractiva. Dicen que acabará afectando a los consumidores, porque temen que los ciudadanos la apoyen y los políticos crean que les puede beneficiar ante su electorado. Manipulan a conciencia, porque saben que la tasa sólo está planteada para gravar las transacciones financieras entre entidades financieras, no entre particulares y las entidades.

Dicen que frenará el crecimiento económico. La tasa propuesta es el 0’05%, 40 veces más pequeña que lo que ha supuesto el incremento del IVA en España este verano. Yo sigo comprando el pan a pesar de ello, porque lo necesito. Pero quizás una parte del 80% de las transacciones financieras -el porcentaje de operaciones que son meramente especulativas- se replanteen andar jugando al RISK para hacer fortunas en paraísos fiscales.

Dicen que frenará el crédito. La demagogia es un arte; yo no soy artista. Los grandes bancos han vuelto a anunciar beneficios en el primer semestre 2010. No por ello parece que aumenten en la misma medida el crédito para familias por el momento.

Incluso alguno ha dicho que queremos regar a los países pobres de dinero. Es cierto que los 400.000 millones de dólares que se podrían llegar a recaudar si se pone en marcha una TTF a nivel global, el triple de dinero que la actual ayuda oficial al desarrollo. Es mucho dinero. No todo se destinaría al desarrollo de los países pobres: también a la lucha contra el cambio climático y a dotar a los presupuestos de los países que la recauden para que puedan mejorar la protección social y la inversión. Y en los países en desarrollo ese dinero no lo quieren para regar: lo quieren para contratar a los seis millones de trabajadores de la salud y la educación que les faltan para formar generaciones de trabajadores sanos y preparados, para poder cultivar distintas cosechas y comer tres veces al día todo el año, para poder crear canalizaciones de aguas sucias en las zonas rurales y los campos de desplazados y refugiados y huir de las epidemias. Esos son los cambios estructurales de los que estamos hablando aquí en Nueva York, por más que algunos en Madrid se hagan los sordos.