Versión Libre

El Ateneo de Madrid lucha por su democracia y su independencia

Miguel Pastrana

Ex secretario de la Junta de Gobierno del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid

El presidente del Ateneo, Luis Arroyo, interviene en 'Los Aperitivos del Ateneo', en el Ateneo de Madrid, a 1 de octubre de 2021, en Madrid (España).- Jesús Hellín / Europa Press

Puede considerarse este artículo, en cierta medida, continuación de otro el cual escribí también aquí a finales de agosto. En él le vaticiné al actual Presidente de la Junta de Gobierno del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, Luis Arroyo Martínez, que sus propósitos, declarados y en marcha, de cambiar el histórico Reglamento de la asociación (porque el Ateneo de Madrid es una asociación, nadie lo olvide), estaban destinados al fracaso; destinados a chocar con una decidida resistencia social, de la cual quien estas líneas escribe forma parte, a mucha honra. Ello, a pesar de que mi relación con Arroyo, a quien conozco desde finales del año 2020 (se hizo socio del Ateneo a principios), es personalmente buena. Pero, en mi caso, una cosa no quita la otra. 

En estos días se ha escrito profuso sobre el Ateneo madrileño en un órgano propiedad de un poderoso grupo mediático-político-empresarial, el Grupo PRISA. Desde el respeto, cabe afirmar por mi parte, lo primero, que hay una enorme tendenciosidad trufada de inexactitudes. A favor de Luis Arroyo y su proyecto de reconversión del Ateneo de Madrid, cambio del Reglamento mediante. Que en el Grupo 1820 -la marca electoral de Luis Arroyo dentro del Ateneo- haya, respetablemente, una persona Consejera del Grupo PRISA, otra persona alto directivo de CaixaForum y varias personas también altos ex–directivos de la SGAE; todo esto, digo, puede explicar el apoyo de ciertos medios. Además, el propio Luis es alguien mediático; asesor de comunicación pública quien trabajó, en su perfecto derecho, para Dña. Carme Chacón y D. Eduardo Zaplana. Todo esto, digo, puede explicar, en efecto, apoyos mediáticos (y no sólo mediáticos...) que tiene. Pero, en mi opinión, no justifica grandes distorsiones las cuales se están haciendo en determinadas informaciones. 

Conviene dejar algunas cosas claras; hechos fácilmente comprobables: Luis Arroyo Martínez y su Grupo 1820 hicieron, meritoriamente, a lo largo del año 2020 y principios de 2021, cerca de doscientos nuevos socios/as del Ateneo. Así lo ha publicado el propio Grupo en diversas ocasiones. En mayo de 2021, de entre cinco candidaturas, la de Luis Arroyo y su Grupo ganó la Presidencia de la Junta de Gobierno ateneísta. Tuvo 254 votos. Mi candidatura -Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo, en alianza con independientes- tuvo 153 votos, quedando en segunda posición. A comienzos del verano, Arroyo impulsó dos iniciativas de mucho calado y, a mi parecer (y no solamente el mío...), contrarias al espíritu social del Ateneo: una, crear un puesto de "Gerente", retribuido con cerca de 65.000 euros anuales. Otra, aún de mayor relevancia, iniciar un intento de cambio del Reglamento del Ateneo. Sobre dicho cambio, los socios y las socias deberemos votar en su momento (el propio Luis está demorando la votación pues sabe bien que no le salen las cuentas). El cambio, en los términos escritos por los integrantes del Grupo 1820 -quienes lo han propuesto formalmente-, supondría facilitar la expulsión de socios/as, alargar substancialmente los mandatos de los directivos de Junta de Gobierno y reducir, también apreciablemente, el número -además de las competencias- de la Junta General de Socios, el máximo órgano asambleario ateneísta.  

Finalmente en esta relación de hechos, el pasado 26 de octubre, hace bien poco, el Grupo 1820 perdió estrepitosamente las Elecciones de Secciones del Ateneo (para los profanos: algo así como el equivalente a las elecciones autonómicas). Una gran alianza bajo el nombre En Defensa del Reglamento (de la que formamos parte esencial Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo) derrotó en diecinueve de las veintiuna Secciones donde competían al Grupo 1820. Luis Arroyo tuvo 202 votos (cincuenta y dos menos que en mayo) como candidato en la Sección de Sociología, no resultando elegido. Las personas candidatas En Defensa del Reglamento más votadas en Secciones han llegado a tener 220 votos. Estos son, repito, los hechos y las cifras, fácilmente comprobables. 

Tristemente, Luis Arroyo parece no haber entendido el mensaje social de los y las ateneístas. Muy al contrario, su "batería mediática", en respuesta a la derrota en las urnas del 26 de octubre, ha respondido con un redoble de "andanadas". Las que han venido por parte de alguna pluma al servicio del Grupo PRISA y conocida personal de Luis al menos desde el año 2014 resultan especialmente graves. Como muy bien escribió en su Twitter el profesor García Bilbao, destacado ateneísta comprometido con la defensa del Reglamento, mejor hubiese hecho el Sr. Manuel Viejo reportando una Asamblea del Grupo PRISA que una del Ateneo de Madrid. Es cierto que el Ateneo tiene dificultades (creo que el Grupo PRISA también tiene algunas, dicho sea con todo respeto...), pero la lamentable caricatura del Ateneo, hecha a página entera, tomando partes descontextualizadas de dos o tres intervenciones donde hubo bastantes más, y potenciando siempre las mejores palabras -que no fueron todas...- de Arroyo; esa muy elaborada distorsión, digo, señala sin duda un antes y un después de la ahora ya más que evidente apuesta de un muy determinado gran Grupo mediático-político-empresarial, por hacerse de facto con el control de la, hasta ahora, asociación independiente Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. ¡Atención a esto, madrileños y madrileñas! Hablamos de un enorme e histórico edificio en pleno corazón de la capital; de una Tribuna prestigiosa y, al menos hasta ahora, libre, a menos de cien metros del Congreso de los Diputados. ¡De todo esto hablamos!  

Algunas cosas han de quedar claras frente a la distorsión: la oposición democrática a Luis Arroyo y su Grupo 1820, no son "veinte socios" viejos y desfasados. Antes he mostrado los números, constatables. En la Defensa del Reglamento hay socios/as jóvenes y mayores. Yo mismo (46 años de edad) soy más joven que el propio Luis Arroyo, aunque lleve dieciocho años más que él en el Ateneo. Por otra parte, el Grupo 1820 ha cooptado a un no irrelevante número de viejos directivos (entre ellos cinco ex-Vicepresidentes del Ateneo, Srs. Carlos Mendoza Bullón, Tomás Mallo Gutiérrez, Pedro López Arriba, José Antonio García Regueiro y Miguel Ángel García Raserón). Es del todo legítima su posición y que hayan sido candidatos/as del Grupo 1820 (aunque fracasando) en Secciones frente a la alianza En Defensa del Reglamento. Pero, me temo va a resultar difícil, muy difícil, que el Ateneo social -el cual tiene gran memoria...- olvide. Pues una cosa es que personas recién llegadas, como el propio Luis Arroyo, digan que casi todo en el Ateneo era un desastre hasta que llegaron ellos, y otra cosa muy distinta, que viejos directivos quienes han tenido altas responsabilidades (por consiguiente, en el supuesto desastre anterior a la llegada del Grupo 1820) se adhieran a eso, como se han adherido sin rubor. Resulta entonces comprensible que tantos socios y tantas socias lo perciban como una auténtica traición

No es descabellado creer que antes perdonará el Ateneo social a las personas "nuevas" quienes han dicho y hecho cosas quizá por desconocimiento, que a esas otras personas "antiguas", sumadas -no todas, pero sí bastantes- al Grupo 1820 por oportunismo, por medro. Creían ponerse, como siempre han hecho, del lado ganador. Las elecciones de Secciones del pasado 26 de octubre les han significado un primer serio aviso. A la vez, como ya adelanté en otro artículo, la "suma" de oportunistas y arribistas va a ser y ya está siendo la piedra al cuello de todo el proyecto de Luis Arroyo. 

Frente a la distorsión inducida sobre cuanto en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid está sucediendo en esta época, resulta muy importante sentar algunos datos.

Primera distorsión: el pulso el cual hay planteado en el Ateneo de Madrid actualmente, no es entre "viejos" y "jóvenes". Incorrecto. Hay de ambos en los dos lados: el de cambiar el Reglamento (que defiende el Grupo 1820) y el de mantenerlo (que defendemos Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo y en alianza con otros sectores) 

Segunda distorsión: ni Luis Arroyo ha sido el Presidente electo con más diferencia de voto en muchos años, ni el Ateneo tiene ahora más socios ni socias que hace, por ejemplo, diez años. Es algo cuantificable y asombra que profesionales de un gran medio de comunicación repitan datos inexactos sin antes verificarlos. 

La tercera distorsión es, posiblemente, la más importante a nivel conceptual; el quid de todo. A saber: la pugna actualmente planteada en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid no es entre supuestos progresistas quienes procuran cambiar el Reglamento histórico de la entidad, y supuestos reaccionarios quienes nos "obcecamos" en mantener dicho Reglamento. Nada de eso. Mucha atención aquí, lo ruego.

Yo fui Secretario-Coordinador de Actos en la Junta de Gobierno presidida por D. Carlos París entre 2009 y 2014. Mi trayectoria socio-cultural puede contrastarse. No creo que nadie -serio- pueda llamarme a mí reaccionario. Menos aún a D. Carlos París. Con él formamos la Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo en 2010. Y en ningún momento nos planteamos ni contratar a un Gerente, ni cambiar el Reglamento del Ateneo. Nada que ver con lo actual, nada. Lo digo para quienes, supuestamente muy progresistas, ya se han olvidado de D. Carlos París y abrazan alegremente una filosofía -la que actualmente impulsa el Grupo 1820- para el Ateneo de Madrid, que es la antítesis de cuanto defendía Carlos París. Su idea de Ateneo -idea que mantenemos en la Convergencia- era social. La idea del Grupo 1820 es gerencial y corporativa.

El Reglamento del Ateneo de Madrid; el histórico, el vigente, el de Azaña (por ese nombre se le conoce), resulta mucho más progresista, participativo y democrático que el de ninguna otra gran entidad socio-cultural española. Ninguna. Invito a comparar. Es por ello justamente que el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid es la última gran entidad de su especie. Por eso ha podido permanecer independiente hasta hoy: por su Reglamento. Porque este les otorga un gran poder de decisión a los socios y a las socias. Y por eso, precisamente por eso, se quiere cambiar ahora el Reglamento: para que el Ateneo acabe convertido en el epígono de un gran Grupo mediático-político-empresarial. 

Con todo respeto; con todo respeto al Grupo PRISA, a CaixaForum, a la SGAE (el Ateneo ha colaborado históricamente con esas y otras muchas entidades; lo sé bien, ya he referido que fui Coordinador de Actos durante varios años...); con todo respeto a todos, pero manteniendo la independencia, digo no; la Convergencia del Ateneo dice no, la alianza En Defensa del Reglamento dice no y -en suma- el Ateneo social dice no. No al Plan de Reconversión agazapado tras el cambio del Reglamento del Ateneo que impulsa el Grupo 1820. Sabemos bien cuanto ha pasado en otras grandes entidades que eran parecidas al Ateneo. Sabemos muy bien lo que ha pasado... Por eso, en el Ateneo de Madrid, no pasará.

Sépanlo todos los madrileños y todas las madrileñas; todo el país: el Ateneo lucha por mantener su democracia interna y su independencia; lucha para no ser engullido por un gran Grupo empresarial. ¡Por eso luchamos! Y venceremos. Ello es -ya lo he afirmado en otro importante medio escrito y hoy lo reitero-, seguro. No importa cuán desequilibradas parezcan las fuerzas mediáticas a priori: el Ateneo de Madrid, por la tenacidad de su gente, resulta como los pequeños países donde acaban naufragando grandes imperios. El 26 de octubre Luis Arroyo ha tenido un primer aviso; una primera seria derrota. Tendrá más, y mayores, si continúa en su empeño de cambiar el Reglamento ateneísta. 

Sépanlo todos: el Ateneo no es uno de esos lugares donde todo está en venta y todo sucumbe al poder del dinero (aparente). Sabemos bien que en muchos, muchos sitios es así. En el Ateneo de Madrid, no. Por eso somos ese imponderable en la ecuación que mantiene, en última instancia, la esperanza humana; la llama. 

Así alumbra en nuestro escudo histórico; el del Ateneo Científico Literario y Artístico de Madrid. Así animo yo hoy a formar parte de este Ateneo, a mantener esa llama.