Un pésimo ejemplo de comportamiento democrático

L a decisión de Mariano Rajoy, y de la inmensa mayoría de los diputados del PP, de no asistir ayer a la segunda jornada del debate sobre el estado de la nación constituye un pésimo ejemplo de comportamiento democrático y una flagrante falta de respeto hacia el Parlamento. La cita política más importante del año exigía la presencia del líder del principal partido de la oposición, sobre todo en un momento de extraordinaria dificultad para España. Pero Rajoy consideró más importante permanecer en su despacho de la calle Génova que escuchar al portavoz del PSOE, a los de los grupos minoritarios BNG, Coalición Canaria, UPyD y Nafarroa Bai y la intervención final de Rodríguez Zapatero. Ya el jueves, el presidente del PP había dado señales de desdén por el debate al afirmar que “esto no da más de sí”.

La ausencia de Rajoy no impidió, sin embargo, que el debate mantuviera un elevado interés. En respuesta a la diputada Rosa Díez, que criticó al president Montilla por encabezar una manifestación contra la sentencia del Estatut, Zapatero, en uno de los momentos más intensos de la sesión, replicó que no se puede “tapar la boca” a quienes se sienten una nación. También destacó la llamada del jefe del Ejecutivo a eliminar los anuncios de contactos sexuales de los medios de comunicación (Público no admite desde su nacimiento este tipo de publicidad). Es cierto que, con los medios tecnológicos existentes, Rajoy no tenía que estar presente en el Congreso para seguir el debate. Pero un político como él, que tanta atención concede a los símbolos, debería saber que, en ocasiones, hay que estar donde se debe.