Versión Libre

¿Un tribunal penal financiero internacional?

Al día siguiente de la cumbre del G-20, escuché en un bar una conversación que mantenían dos personas acerca del encuentro. Una de ellas formuló una pregunta de aplastante sencillez: ¿Por qué no se crea un tribunal internacional que juzgue a los responsables de la catástrofe económica?
Es más que probable que nunca veremos semejante tribunal: la justicia internacional suele actuar contra los vencidos y/o los abandonados por EEUU. Pero la pregunta refleja el sentir de muchas personas que se preguntan, indignadas, cómo es posible que nadie responda penal o políticamente por esta depredación global que está dejando hipotecadas a varias generaciones de ciudadanos. No vale el estribillo de que todo fue causado por "algunos ambiciosos". El debate sobre las responsabilidades debe ir más al fondo y tener consecuencias.
The New York Times desveló ayer en su web que el jefe de los asesores económicos de Obama, Lawrence Summers, ganó el año pasado 5 millones de dólares en un hedge fund, instrumento financiero especulativo y ajeno a todo control que mucho tiene que ver con la actual crisis mundial. Summers obtuvo además 2,7 millones de dólares por conferencias en compañías de Wall Street, algunas de ellas beneficiarias de los planes de rescate que se han activado con el dinero de los contribuyentes.
¿Dimitirá Summers? ¿Se investigará el pago de 165 millones de la aseguradora AIG –rescatada con fondos públicos– a sus altos ejecutivos, con independencia de la pretensión de Obama de recuperar parte de ese dinero mediante un endurecimiento tributario? ¿Impedirá alguien que el ex presidente del Royal Bank of Scotland Fred Goodwin se lleve una pensión vitalicia de 723.000 euros tras dejar hundida su empresa? Más aun, ¿exigirá alguien responsabilidades a sir Fred?
El G-20 y distintos países se han comprometido a inyectar cinco billones de dólares en la economía para combatir la crisis. Al margen de si las medidas son o no adecuadas, lo grave es que no se acompañen de actuaciones aleccionadoras. Los facinerosos de Wall Street esperan en sus lofts de Manhattan que pase el temporal. Los jefes de las agencias de calificación miran para otro lado. Los banqueros no dan explicaciones por haber alimentado burbujas económicas. Los mandatarios no lamentan haber alentado activamente unas economías especulativas. Nadie responde. Nadie paga. Salvo los contribuyentes.