Algo apesta en Dinamarca y en toda Europa

Algo está podrido en el Estado de Dinamarca y en toda la Unión Europea. El Gobierno del país nórdico anunció ayer que restablecerá el control de sus fronteras, en un momento en que Bruselas, a instancias de Francia e Italia, estudia una reforma del Tratado de Schengen que podría restringir la libertad de circulación de ciudadanos en el territorio europeo. Estos movimientos regresivos en materia de derecho tienen por objetivo a los inmigrantes, que en estos tiempos de crisis ya no son tan bienvenidos como lo eran cuando contribuían con su fuerza de trabajo a la prosperidad desbocada del continente. El sentimiento creciente de xenofobia en determinados sectores de la sociedad está permitiendo el auge de formaciones ultraderechistas, y estas, a su vez, están imponiendo su agenda política sin que nadie parezca capaz de remediarlo. Así, el Gobierno danés ha tomado su decisión de romper de modo unilateral con el Tratado de Schengen tras un acuerdo con el Partido del Pueblo Danés, la formación de extrema derecha en que se apoya parlamentariamente.

El espectáculo que están ofreciendo los dirigentes europeos no puede ser más deplorable en términos morales. Y pone además de manifiesto las debilidades de una Europa miope que sólo se ha preocupado realmente en avanzar en la cohesión económica y financiera. Una mayor unión política permitiría, sin duda, gestionar de otro modo el fenómeno de la inmigración. Pero esto es lo que hay: un proyecto deslavazado en el que los valores más elevados tienen hoy difícil cabida.