Zapatero y el escudo antimisiles

Hace diez años, cuando Aznar apoyó el escudo antimisiles que comenzaba a impulsar EEUU, Zapatero, entonces líder de la oposición, exigió un debate público sobre la política de defensa. Ayer, Zapatero anunció por sorpresa en la sede de la OTAN –no en el Parlamento español– la cesión de la base de Rota para el proyecto militar, tras varios meses de negociaciones secretas de las que, dijo, mantuvo informado a Rajoy. Ciertamente, el escudo antimisiles al que se suma ahora España es más moderado que el que promovía Bush: en 2009, Obama redujo su alcance y consiguió vencer así las reticencias de varios países europeos y de Rusia, que consideraban muy agresiva la primera versión. Pero esta circunstancia no puede servir de excusa para que una decisión tan sensible se despache sin debate público. Zapatero destacó ayer el carácter “defensivo” del escudo y el impacto positivo que tendrá en la economía de la Bahía de Cádiz. Incluso siendo así, el presidente haría bien en explicar su decisión. Muchas personas seguramente no compartirán la necesidad de este proyecto. Otras pondrán el énfasis en la inoportunidad del anuncio de ayer, por considerar que, en estos momentos de crisis, lo que espera la sociedad no es protección contra hipotéticos ataques con misiles desde Irán o Corea del Norte, sino que se depuren responsabilidades de la catástrofe financiera y surjan propuestas para avanzar hacia un mundo más equilibrado y justo. Y hay quienes no comprenderán la conveniencia de unos mensajes de encastillamiento defensivo cuando el Magreb está en plena ebullición contra sus dictaduras. Todas merecen explicaciones.