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La despedida de Zapatero

Un día antes de que los delegados al 38º Congreso del PSOE elijan al próximo líder del partido, José Luis Rodríguez Zapatero se despidió con un discurso de elevado contenido cívico en el que se esforzó por defender la vigencia de los valores de la socialdemocracia. Alegó que él siempre se preocupó de aplicar esos valores, y para demostrarlo enunció una serie de iniciativas que impulsó su Gobierno, entre ellas el matrimonio homosexual, la Ley de Dependencia o la lucha contra la violencia de género. También citó Educación para la Ciudadanía y la nueva normativa del aborto, cuya revocación ha anunciado el Ejecutivo de Rajoy. Se echó en falta alguna mención a la Ley de la Memoria Histórica, un texto insuficiente, pero digno de ser incluido en un inventario de avances civiles, sobre todo en un momento en que el juez que osó investigar los crímenes del franquismo corre el riesgo de ser condenado. No todo fueron luces en la agenda de Zapatero -aparcó el compromiso por la laicidad del Estado; abjuró de la justicia universal; envió el mensaje de que el Ministerio de Igualdad era superfluo al decidir su supresión; enterró la Ley de Transparencia-, pero, con todo, tiene en su haber un balance más que positivo en materia de derechos civiles y sociales. Más polémica fue su gestión económica, al abrazar sin apenas objeciones el legado liberal de Aznar hasta que la crisis le estalló en las manos. Elegir hoy un liderazgo "de transición" en el PSOE, como pretenden algunos, sería un grave error. Los socialistas necesitan una dirección estable, con vocación de futuro, que asuma de inmediato la ardua tarea de proseguir, y también de enderezar, el camino que ayer describió Zapatero.