La libertad, según FAES

Cuando Margaret Thatcher llegó al poder en Reino Unido, en 1979, el general chileno Augusto Pinochet llevaba seis años al frente de una de las dictaduras más brutales de la historia latinoamericana. Thatcher era una ferviente admiradora del modelo económico ultraliberal impuesto a la fuerza por Pinochet y su implacable aparato represivo. En 1982, cuando el gurú del liberalismo Fredrich von Hayek propuso a la premier británica aplicar la receta en su propio país, esta le contestó: “Estoy segura de que usted entenderá que, en Gran Bretaña, dadas nuestras instituciones democráticas y la necesidad que aquí existe de alcanzar un elevado nivel de consenso, algunas de las medidas adoptadas en Chile son del todo inaceptables. Nuestra reforma debe ser conforme a nuestras tradiciones y a nuestra Constitución”.

Lo que estaba en marcha en el laboratorio chileno era la instauración de la ley de la selva, la consagración del darwinismo social en toda su violenta magnitud. Una manera despiadada de concebir la humanidad que Thatcher (pese a sus reservas iniciales) y su amigo estadounidense Ronald Reagan implantarían en sus países y en buena parte del mundo por tres décadas, hasta el día de hoy.

Thatcher desarrolló una sólida amistad con Pinochet, cuya dictadura cruel finalizó en 1990 tras perder contra su propio pronóstico un plebiscito que había convocado bajo fuertes presiones internacionales. Nueve años más tarde, el tirano fue detenido en Londres por orden de la Justicia española y pedido en extradición para que respondiera por sus crímenes contra la humanidad. Thatcher ya no estaba en el poder, pero en todo caso se convirtió en su más enérgica defensora y no tuvo ningún escrúpulo en alardear públicamente de su amistad con Pinochet, quien, además de su historial criminal, había amasado en bancos extranjeros una fortuna colosal en dinero negro. El dictador se libró del juicio y pudo volver a su país, donde falleció en 2006.

El martes pasado, FAES, la fundación del PP que preside José María Aznar, otorgó el Premio de la Libertad a Thatcher, protectora de un cruel dictador y adalid de un modelo económico inhumano que ha ahondado las desigualdades y las injusticias en el mundo. Eso sí: era amiga de Pinochet. No de Castro o Chávez.