Opinion · Pensamiento crítico

La necesidad de votar para posibilitar cambios urgentes, necesarios y profundos

Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas Universitat Pompeu Fabra

Las clases populares en España están sufriendo la mayor crisis social que haya existido durante el período democrático (1978-2019). Su estándar de vida y su bienestar social han descendido notablemente durante los últimos 12 años (2007-2019), período conocido como la Gran Recesión que, en contra de lo que dice el establishment político-mediático español, continúa. Y ello como consecuencia de la aplicación de políticas públicas (reformas laborales regresivas y recortes de los fondos públicos que financian los servicios públicos del Estado del Bienestar (como la sanidad, la educación, la vivienda, los servicios sociales, entre otros) y sus transferencias (como las pensiones), que ya antes de la Gran Recesión eran muy insuficientes, y que han descendido todavía más. Tales políticas han sido impuestas (y digo impuestas pues no estaban en sus programas electorales) por los gobiernos de los partidos neoliberales, tales como el Partido Popular (con el apoyo de Convergència, hoy PDeCAT, y de Ciudadanos), y socioliberales, como el PSOE liderado por Zapatero (y en Catalunya por los gobiernos Mas, Puigdemont y Torra, con el apoyo de ERC). Estas políticas neoliberales han tenido un impacto muy negativo en la calidad de vida de las clases populares, que son la mayoría de la población.

La evidencia que apoya lo que afirmo es clara y convincente. Miren los datos y lo verán (ver mis recientes artículos La crisis nacional está agravando la olvidada crisis social, 22.10.2019, y La enorme crisis social en Catalunya ignorada u ocultada en el debate electoral, 06.11.2019). La crisis social es muy grave y sin precedentes, y las políticas impuestas por los gobiernos Zapatero y Rajoy en España (y Mas, Puigdemont y Torra en Catalunya) han sido un factor clave en su creación.

Las políticas neoliberales han favorecido a una minoría –los de arriba- a costa del bienestar de la mayoría –las clases populares-

Tales políticas, que han perjudicado a la mayoría de la población, han beneficiado, sin embargo, a una minoría que son los que las han defendido con mayor ahínco. La minoría es lo que en la terminología anglosajona se conoce como The Corporate Class: la clase de los propietarios y gestores de las grandes empresas financieras, industriales y de servicios que ejercen una gran influencia en las instituciones del Estado español (y de la Generalitat de Catalunya y otros gobiernos autonómicos), incluyendo a los partidos políticos y los mayores medios de información (prensa y televisión).

Esta clase social, definida también por el Premio Nobel Joseph Siglitz como el 1%, tiene a su servicio grandes sectores de las clases medias profesionales (de formación universitaria la mayoría) que constituyen los órganos de gestión y reproducción de las relaciones de poder existentes. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Miren la distribución de las rentas en España, y lo verán. Las rentas del trabajo han ido bajando y las rentas del capital han ido subiendo. Y, dentro de los propios salarios, también ha habido una polarización muy marcada, en la que una minoría ha visto crecer sus salarios exponencialmente, mientras que la gran mayoría ha visto como los suyos retrocedían. Esta es la mayor causa del gran aumento de las desigualdades. Las desigualdades por clase social son las mayores desigualdades sociales en España (y son las menos visibilizadas mediáticamente).

El gran deterioro de la democracia

Como consecuencia de este aumento de las desigualdades (propiciado por aquellas políticas) ha habido un deterioro muy notable del sistema democrático. La democracia española, ya de calidad limitada, resultado de una transición inmodélica que perpetuó el enorme dominio de las fuerzas conservadoras en el aparato del Estado (y no solo en los aparatos de seguridad y de justicia, sino en el resto de ellos también) y de un sistema electoral muy poco proporcional (y por lo tanto poco representativo), se ha ido deteriorando, limitando los derechos políticos, sociales y laborales de la ciudadanía, a base de políticas fiscales regresivas, políticas represivas y de control de la ciudadanía, además de una excesiva y abusiva legislación a favor de la propiedad (como el sistemático apoyo a los propietarios de viviendas, en detrimento de los inquilinos) y/o los empresarios (como el derecho empresarial al despido de los trabajadores, con bajas intermitentes aunque sean justificadas y sin indemnizaciones).

La protesta generalizada

Estas políticas provocaron la creación de un movimiento de protesta, llamado 15M, que supuso un tsunami político que cuestionó la legitimidad del sistema democrático. Su eslogan “no nos representan”, enormemente popular, se extendió rápidamente. Y el movimiento político y social que originó –Podemos- tuvo un efecto revulsivo que afectó a todo el sistema democrático hasta el día de hoy. Predeciblemente, creó una resistencia enorme, en la que la represión por parte de la estructura de poder no tuvo límites, incluyendo las cloacas del Estado, con la colaboración de medios, personajes y periodistas que continúan operando con plena impunidad, síntoma de la baja calidad democrática del sistema (en otros países estas personas estarían encarcelados y tales medios eliminados).

La urgente necesidad del cambio

No hay una fuerza política a nivel del Estado que sea más reprimida por el Estado y por los grandes medios de información y persuasión que la alianza de Podemos con IU y sus confluencias como En Comú Podem y En Marea. De nuevo, la evidencia de ello es abrumadora. Su influencia inspiró otras fuerzas políticas como las bases del PSOE, que presionaron para que hubiera un cambio en la dirección de tal partido, con la elección de Pedro Sánchez como Secretario General que abrió un escenario de gran esperanza. Parecía posible que las políticas públicas neoliberales, que el PSOE de Zapatero había hecho suyas y que habían ocasionado tanto daño, fueran revertidas. Y sus primeros pasos parecían confirmarlo. Pero la gran sorpresa fue que, pronto después de salir elegido, dio un giro de 180 grados.

Aquellos que cuestionan que haya habido un cambio tan radical en las políticas de Sánchez hacen referencia al área de colaboración entre el PSOE e IU en la preparación del presupuesto, así como en la oferta de una vicepresidencia y tres ministerios, subrayando que el culpable de lo ocurrido no fue Sánchez, sino Pablo Iglesias, al cual se presenta como el causante de que haya habido necesidad de otras elecciones, abriendo la posibilidad de una reversión con victoria de las derechas, sesgadas todavía más hacia posturas liberales, como consecuencia del ultraliberalismo de Vox, que propone políticas públicas semejantes a las impuestas por el General Pinochet en Chile, que destruyó el sistema público de pensiones (entre otras medidas de desmantelamiento del Estado del bienestar), causa de las revueltas populares hoy en Chile.

El error de tales interpretaciones

Tal versión, tipificada por el comentario de Errejón de que “solamente con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no habría cambio posible y continuará el bloqueo”, es reproducida en los medios pero implica una enorme y errónea simplificación de lo que está ocurriendo en este país. La personificación de la política es un reduccionismo, incapaz de explicar la realidad, con sus complejidades. Si negar el valor de las personas y los errores que por falta de experiencia hayan realizado los componentes del espacio UP y sus confluencias, los factores más determinantes de la situación actual, no han sido ni las personalidades de los individuos que han dirigido tales partidos ni las incompetencias, irresponsabilidades u otros adjetivos peyorativos que se han utilizado con excesiva frecuencia, predominantemente en contra de UP y sus confluencias.

Qué ha estado ocurriendo

Lo que hemos visto en este período es que UP y las confluencias han significado la amenaza más alarmante y creíble para el régimen del 1978, con la recuperación de las raíces republicanas de los movimientos progresistas, que han cuestionado muy profundamente el orden económico, político, social y mediático del país. En el plano económico, la amenaza vino con la posibilidad de revertir las políticas neoliberales, que son las políticas de la clase corporativa que ha ejercido su influencia política a través del sistema bipartidista, del cual el PSOE (y sobre todo, a partir de la clara conversión del PSOE al neoliberalismo, con la aprobación del artículo 135) se convirtió en la Tercera Vía en España (junto con Blair en el Reino Unido, Schröder en Alemania y Hollande en Francia), y que, el abandonar las bases electorales históricamente enraizadas en las clases populares, fue la causa de su enorme descenso electoral. La victoria del neoliberalismo y su adopción por parte de la socialdemocracia fue el inicio de su fin. Prueba de ello fue que la reversión del enorme declive del PSOE se debió precisamente a su giro a la izquierda (inspirado en el éxito de UP). De ahí que las bases del socialismo recordaron a Sánchez, que, “con Rivera no”.

¿Por qué el cambio de Sánchez?

Es fácil de entender lo que ha ocurrido. Ha habido una enorme presión por parte de la Corporate Class, que transmite el mensaje de que “con Iglesias no”. Los “volantazos” de Sánchez son cambios diarios de su postura, entre lo que sus bases exigen (un movimiento a la izquierda) y lo que los grupos de presión exigen (un movimiento a la derecha, con el PP y con Rivera). Acusar de inflexibilidad a la dirección de UP al no responder a la oferta de Pedro Sánchez es injusto. ¿Cómo podían UP y sus confluencias aceptar sin más una Vicepresidencia (con poderes sin definir), un ministerio relativamente menor -sanidad- que tiene delegadas la mayoría de sus atribuciones a las Comunidades Autónomas, y dos nuevos ministerios -que antes eran secretarías generales- con escasas responsabilidades? El Nuevo Ministerio de Vivienda no tendría potestad para regular el precio del alquiler, una de las principales demandas de UP y En Comú Podem. Y esta acusación es incluso más injusta teniendo en cuenta que cuando UP, En Comú Podem y En Marea lo aceptaron, con un extremo grado de generosidad, cediendo a la inflexibilidad del PSOE, Sánchez no lo aceptó. Atribuir la misma responsabilidad a UP, En Comú Podem y En Marea y confluencias a la que tuvo el PSOE por lo ocurrido es profundamente injusto.

Ha sido la dirección del PSOE que ha respondido a la presión de los poderosos minoritarios de siempre, bloqueando la alianza y coalición necesaria y que, de no haber un movimiento de sus bases en protesta y una victoria amplia de UP y sus confluencias, se continuarán las políticas neoliberales que han causado tanto daño. Por otra parte, la reversión de las políticas neoliberales requiere empoderar a las clases populares y facilitar su participación electoral a fin de forzar una amplia coalición de izquierdas. En realidad, un aspecto positivo es que las distintas sensibilidades dentro de un mismo espacio político (Unidas Podemos y sus confluencias) colaboraron en la elaboración de la estrategia del cambio, en el que las decisiones fueron consensuadas, lejos de la manipulada percepción de un personalismo dictatorial que, con una gran mezquindad, se ha intentado crear con la figura de Pablo Iglesias. Y tal decisión colectiva ha continuado existiendo en esta campaña también. La izquierda a la izquierda del PSOE se ha comportado con una camaradería y colegialidad que promete una unidad de acción sumamente positiva.

Una nota personal: recordar de dónde venimos

Las izquierdas han pasado épocas difíciles en momentos históricos anteriores, pero hay que recuperar la historia de nuestro país que la juventud desconoce. El gran drama de la democracia española es que las derechas nunca han tenido una cultura democrática. Y han continuado ejerciendo un control sobre los aparatos del Estado (y sobre los medios). Y todo intento de cambio se ha resistido por todos los medios, incluido el militar y/o policial. El golpe militar fascista de 1936 fue en respuesta a las propuestas reformistas del gobierno de alianzas de las fuerzas progresistas, el Frente Popular. Ahora ha habido un intento de revertir el neoliberalismo. Y todos los medios, incluyendo los represivos y antidemocráticos, se han movilizado para que ello no ocurra. Y parecería que lo están consiguiendo. Su victoria en 1936 fue la instauración de una de las dictaduras más reaccionarias y represivas de las existentes en Europa. El hecho de que hoy no se pueda incluso establecer esta alianza, significará la continuación de una de las mayores represiones con continuación del gran descenso de la calidad de vida de las clases populares. Y sería la extensión del trumpismo en España, bajo la influencia de Vox, la fuerza política más anti-clase trabajadora del país que, como hizo el fascismo, se presenta como su mayor defensor.

Hoy las banderas se han estado utilizando para defender intereses de clase. No es por casualidad que el amor a la patria se mida por el tamaño de la bandera borbónica, cuando el amor a la patria debería redefinirse como el amor a la mayoría de la población, que es la que en su vida cotidiana construye el país. El nacionalismo excluyente extremo, uninacional y jacobino, va en paralelo a su oposición a las reformas laborales que protegen a la clase trabajadora y a los servicios públicos del Estado del Bienestar. En este aspecto diferencias entre el PP, C’s y Vox son solo cuantitativas, no cualitativas. Es decir, en intensidad. Su nacionalismo españolista uninacional es el mismo. Y sus políticas económicas neoliberales también. Debería recordarse que sigue existiendo la posibilidad de que ellos pueden gobernar, y que el PSOE podría aliarse con dos de ellas. Hoy ello es una posibilidad real. Que no ocurra depende del lector y votante. La única garantía es que gane Unidas Podemos en España y sus confluencias, incluyendo a En Comú Podem en Catalunya. La alternativa es la continuación de la enorme crisis social.