Pensamiento crítico

Los elevados costes del "procés" independentista para Catalunya y el resto de España

Vicenç Navarro

Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra

Por fin, voces críticas del "procés" por parte de personalidades independentistas

Andreu Mas-Colell, que fue Consejero de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información (2000-2003) del gobierno de CiU (coalición de un partido liberal – CDC – y uno cristianodemócrata – UDC -) presidido por el Sr. Jordi Pujol, y más tarde Consejero de Economía y Conocimiento (2010-2016) del otro gobierno de CiU, liderado esta vez por el Sr. Artur Mas, acaba de publicar un artículo, "Cal ser pragmàtic", en el diario ARA (de simpatías independentistas) el 29.08.20 (la versión castellana, "Hay que ser pragmático", se publicó el 31.08.20), que sería bueno que fuera ampliamente distribuido y conocido, pues en caso de llevarse a cabo las propuestas que expone en dicho artículo, podrían tener un gran impacto en la vida política del país. Hoy, esta opinión es todavía minoritaria dentro del movimiento independentista catalán, del cual Mas-Colell ha sido una figura clave, pero de convertirse su opinión en mayoritaria, las consecuencias serían inmediatas para Catalunya y también para el resto de España.

El gran interés del artículo radica en que es una crítica de la postura mayoritaria dentro de las direcciones del movimiento independentista, hoy bastante dividido, pero que continúa unido en su objetivo de alcanzar la secesión de Catalunya del resto de España a través de un referéndum unilateral, enfrentándose con el Estado central mediante una política - el famoso "procés" - de continua confrontación con el Estado central que ha generado una respuesta de sus aparatos represivos, incluyendo la judicatura, creando, a la vez, una gran polarización de la ciudadanía, tanto en Catalunya como en el resto de España, que ha desembocado en una enorme tensión por no haber conseguido el objetivo deseado – la independencia - debido a la inmovilidad del Estado, definido por Mas-Colell como una muralla de piedra inquebrantable. De ahí que el exconsejero considere que esta estrategia – la del "procés" - no es solo fallida (es decir, que no ha permitido ni permitirá alcanzar el objetivo deseado) sino que es también errónea y contraproducente, pues está obstaculizando, cuando no paralizando, otras muchas causas e intervenciones públicas que beneficiarían a la nación catalana.

Sabedor de que esta postura le hace vulnerable a la acusación de haberse "vendido" o de incluso "haber traicionado a la patria", añade que ser patriota no es sinónimo de pedir lo inalcanzable, pues, al ser imposible, es ineficaz, lo que equivale a golpearse la cabeza contra un muro (el Estado español) que no tiene ni la capacidad ni la voluntad de moverse, sea monárquico, republicano o lo que fuere. Según Mas-Colell, ni el Estado ni tampoco Europa jamás aprobarán o reconocerán la secesión de Catalunya. Señala además que las instituciones europeas denunciarán las medidas antidemocráticas del Estado español, así como la represión y encarcelamiento de los líderes independentistas, pero nunca reconocerán – añade Mas-Colell - el cambio de fronteras sin el reconocimiento y acuerdo previo por parte del Estado español. De esta lectura de la realidad concluye que, para los partidos independentistas, establecer una mesa de diálogo con el gobierno actual cuyo único objetivo sea alcanzar la independencia de Catalunya es una estrategia que está condenada al fracaso. Puede que sirva para movilizar al votante independentista (con fines partidistas) pero no para conseguir su objetivo. Como indica Mas-Colell, "patriota es el que lucha por la pervivencia y la prosperidad de la nación", pero continuar dando cabezazos contra un muro inamovible (con la esperanza de que se agriete) no es necesariamente ser más patriota. 

Espero haber resumido correctamente los puntos más significativos del artículo.

El fracaso del "procés" era previsible

Seguro que el artículo generará un gran malestar entre los independentistas en Catalunya, pero ya era hora de que se dijera lo que era evidente. En realidad, lo que considero más sorprendente del artículo es que Mas-Colell admite que todo lo que está ocurriendo se podría ya haber predicho antes de la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27 de octubre de 2017. Ni que decir tiene que algunos (que no éramos ni somos independentistas) ya lo predijimos y advertimos entonces que el "procés" iba a tener un elevado coste para el país. La aplicación del artículo 155 de la Constitución tuvo enormes impactos negativos para Catalunya, cuya población no es mayoritariamente independentista. Es positivo, pues, para Catalunya y para el resto de España que ahora, por fin, una persona que ha ostentado cargos de peso dentro del movimiento y gobiernos independentistas reconozca esta realidad. Se agradecen su honestidad, integridad y valentía, que no es frecuente entre la clase gobernante de Catalunya. Termina el exconsejero el artículo proponiendo una alternativa que le parece más fructífera, y que consiste en que el movimiento independentista participe activa e inmediatamente en la vida política de España, incluyendo en las Cortes españolas, para enfrentarse a los enormes retos económicos y políticos existentes hoy tanto en Catalunya como en el resto de España.  

Mientras tanto, el "procés" ha ocultado el enorme deterioro de la situación social de Catalunya

El reconocimiento público de esta realidad por parte de un intelectual de gran prestigio y reconocimiento como Mas-Colell es un hecho de enorme importancia que seguramente, como decía, levantará mucha polvareda en el movimiento independentista, caracterizado por una tendencia creciente hacia la radicalidad en sus objetivos, así como en su estrategia a seguir, que ha desembocado en inoperancia, cuando no ineficiencia, en la resolución de los problemas reales del país. En este punto, difiero en la evaluación que hace Mas-Colell del gobierno Torra, al cual aplaude por "la gran labor que realiza en una situación extremadamente difícil consecuencia de la pandemia". Los datos no apoyan una visión tan positiva de éste o de los gobiernos independentistas anteriores. En realidad, como resultado en gran parte de las políticas públicas implementadas por la Generalitat de Catalunya, en 2019 el 31,1% de los menores de 16 años vivían en riesgo de pobreza, con un incremento del 30% desde 2016, según los últimos datos de IDESCAT, realidad que incluso ha empeorado más durante la pandemia. Su hostilidad (junto con la de las derechas españolas) hacia el estado de alarma, gestionado por el gobierno de coalición español y aprobado por las Cortes españolas, forzó el tener que interrumpirlo, lo cual ha sido muy contraproducente, como lo atestigua el hecho de que Catalunya haya visto aumentar de una manera muy notable la incidencia de la pandemia en su territorio a partir de aquel momento. Los datos publicados por el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, tanto en el número de casos como en la tasa reproductiva efectiva (Rt), es decir, el número medio de personas infectadas por cada positivo, prueban que la pandemia se disparó a partir de la finalización del estado de alarma, el 21 de junio. De los 28 casos positivos diarios al finalizar el estado de alarma se llegó a los más de 1.000 los últimos días de agosto; y de una Rt de 1 se llegó a más de 2 a mediados de julio. En realidad, la situación actual es de un enorme deterioro de la calidad de vida y bienestar de las clases populares en Catalunya. El movimiento y los gobiernos independentistas han estado dificultando enormemente la resolución de los problemas sociales y económicos de Catalunya (y del resto de España). Su anteposición del tema nacional sobre cualquier otro tema, incluyendo el social ha hecho mucho daño a las clases populares tanto catalanas como españolas. Otro ejemplo reciente de su insensibilidad social es su oposición a la aprobación de los presupuestos generales del Estado (que además de ser los más sociales que se hayan propuesto por parte del gobierno español – interrumpiendo y forzando el fin de las políticas públicas de austeridad – son los más favorables que se hayan propuesto para Catalunya). Esta anteposición de los objetivos independentistas sobre cualquier otro es una causa directa del claro deterioro de la situación social de Catalunya.

La utilidad política de las banderas

Pero la obviedad de esta observación (de que se antepusieron los fines partidistas de alcanzar la secesión por encima de toda otra consideración) no puede ocultar otra realidad, que es el olvido de la crisis social, derivada de una estrategia que respondía a la sensibilidad liberal y conservadora de los partidos gobernantes en la Generalitat de Catalunya. El apoyo a las reformas laborales y reformas fiscales regresivas en las Cortes españolas y los recortes de gasto público social (uno de los más acentuados de España) por parte de los partidos gobernantes en Catalunya, han debilitado enormemente su Estado del Bienestar (ver mi artículo, "Las causas de la desconocida y ocultada pobreza infantil en Catalunya", Público, 11.08.20) realidad ocultada bajo el argumento de "España nos roba" y otros semejantes, atribuyendo estas políticas a un exceso de solidaridad (o de explotación) con el resto de España. Pero tal desequilibrio no explica el gran retraso social de Catalunya, cuya causa principal es que es una de las comunidades autónomas que ha estado gobernada durante más años – 33 –por partidos de derechas durante el periodo democrático, situación que no ha cambiado significativamente con la sustitución de UCD por ERC como socio de gobierno de los sucesores de CDC (ahora PDeCAT y Junts per Catalunya). De 2010 a 2017, durante los gobiernos Mas y Puigdemont, se recortaron 2.209 millones de euros en las áreas sociales de la Generalitat (incluyendo 626 millones en educación y 1027 millones en sanidad). No es difícil imaginarse que si el tema nacional (la lucha de banderas) no centrara la vida político-mediática del país y, en su lugar, estuviera el tema social-económico, las derechas habrían dejado de gobernar Catalunya desde hace ya muchos años. De ahí su gran necesidad de mantener viva la lucha de banderas. Lo dijo muy claramente la Consejera de Bienestar Social y Familias del último gobierno Pujol (y posteriormente Consejera de Educación del gobierno de Artur Mas), Irene Rigau: "El mejor generador de independentistas en Catalunya es la represión del Estado español". El problema es que las clases populares de Catalunya (y del resto de España) son las mayores víctimas de este "procés" y de la represión del Estado.

¿Cuál es, pues, el camino a seguir?

No se trata, pues, de renunciar a su vocación independentista, ideología que no comparto, pero considero legítima. Ahora bien, de la misma manera que el socialismo es un objetivo legítimo y que puede enriquecer un país, a base de ir construyéndolo en la lucha diaria en las distintas dimensiones del país - social, económica, cultural, etc. - el independentismo puede también ser una estrategia encaminada a mejorar el bienestar de la población, manteniendo y expandiendo su identidad nacional, capacidad de decisión, estrategia y proyecto, estrategia con la que incluso otras formaciones políticas, incluyendo españolas, pueden estar de acuerdo.

De ahí que la toma de conciencia de que el independentismo no es viable por las causas que indica Mas-Colell (que, por cierto, no cita la causa principal de que la secesión no sea posible y que es que tal objetivo no ha tenido nunca el apoyo mayoritario en Catalunya durante el período democrático) debería forzar un nuevo planteamiento en el que el punto central de su estrategia debería ser no solo cambiar Catalunya, sino también cambiar España, de la cual es parte, dos objetivos que están íntimamente relacionados. Y en este sentido, habría que recuperar las raíces de las fuerzas progresistas que en la lucha antifascista tuvieron una visión plurinacional (defendiendo incluso el derecho de autodeterminación), aliándose con las fuerzas españolas que así lo desearan. Es posible, en contra de lo que dicen los dirigentes independentistas, que España cambie. Pero, para ello, se requiere un cambio en Catalunya, y viceversa. Los enormes problemas que tiene España - y algunos incluso más graves en Catalunya - hacen urgente e imprescindible esta transformación.