Pensamiento crítico

Los grandes déficits de la democracia en EEUU: claves para entender lo que pasará mañana

Después de la II Guerra Mundial y como resultado de la victoria de los aliados, EEUU se presentó ante el mundo como el baluarte de las democracias, en defensa de lo que pasó a llamarse la "democracia liberal". Es sorprendente que esta percepción haya durado tanto tiempo, pero está perdiendo apoyo. Lo que está ocurriendo en los últimos años muestra que esta gran crisis de credibilidad de las instituciones representativas de EEUU, consecuencia de la enorme desconfianza que la ciudadanía estadounidense tiene hacia el sistema político democrático vigente en su país, ha alcanzado unos niveles que amenazan su continuidad y supervivencia.

 

Veamos los datos. Empecemos por un punto que parece desconocerse sobre la democracia estadounidense y que es que el candidato que gana las elecciones presidenciales en EEUU no es aquel que obtiene más votos el día de las elecciones (en este caso, el 3 de noviembre de este año, es decir, mañana), sino el que obtiene más votos en el Colegio Electoral, que es una institución distinta al Congreso y al Senado, y cuya composición está sesgada en beneficio conservador. Ello explica que, a pesar de que el Partido Republicano (que es el partido más conservador) haya ganado el voto popular solo una vez en las elecciones presidenciales que han tenido lugar en los últimos veinte años, ha controlado, sin embargo, la presidencia de los EEUU durante la mayor parte de este período. Este sesgo conservador del Colegio Electoral implica que, si el candidato demócrata Biden ganara en voto popular solo por uno o dos puntos porcentuales sobre Trump, este último conseguiría los votos del Colegio Electoral. Ello ocurriría incluso en el caso de que Biden ganara a Trump por más de un 3% del total del voto. Solo en caso de que le aventajara por más de un 6%, Biden ganaría a Trump.

 

Se preguntará entonces el lector por qué no se elimina al Colegio Electoral del sistema democrático estadounidense y la respuesta es que es dificilísimo que ello ocurra, pues requiere un cambio constitucional, aprobado en primer lugar por el Senado. Y el Senado es elegido siguiendo el procedimiento de una ley también profundamente sesgada, esta vez a favor de los Estados pequeños, rurales y conservadores. Cada Estado elige dos senadores. California, con casi 40 millones de habitantes, tiene el mismo número de senadores que New Hampshire, un estado muy rural que solo tiene algo más de un millón. De ahí que la composición del Senado sea, como resultado, profundamente conservadora. Ello explica que, aun cuando los Demócratas obtuvieron en las elecciones del 2016 y del 2018 muchos más votos que los Republicanos, estos fueron los que obtuvieron una mayoría en el Senado, con 53 de 100 senadores. Y por si ello no fuera suficiente, el Senado tiene una normativa interna que obliga a que, en decisiones muy importantes como sería cambiar o eliminar el Colegio Electoral, la mayoría requerida en la cámara sea del 60% de los senadores, lo cual es muy difícil de conseguir para el Partido Demócrata. Incluso en el caso de que ocurriera, tendría que contar además con el apoyo de dos terceras partes de los Estados. De ahí que sea más que probable que el Colegio Electoral continúe mucho tiempo sesgando la voluntad popular a favor de las fuerzas que mantienen el statu quo.

 

El sistema jurídico es profundamente conservador

El Senado juega también un papel determinante en el nombramiento de los miembros del profundamente conservador Tribunal Supremo, que es el que tiene que decidir en conflictos electorales entre los dos mayores partidos (el Republicano y el Demócrata). Y así lo ha hecho en el pasado, habiendo favorecido siempre al Partido Republicano. De ahí que una de las estrategias del presidente Trump sea el cuestionar y llevar a los tribunales el máximo número posible de casos de supuestas "irregularidades" en el proceso electoral. Estas querellas se presentarán por el Partido Republicano mucho más a menudo en barrios negros, latinos y, en general, en los barrios más próximos al Partido Demócrata, que en barrios blancos, más favorables al Partido Republicano. Esto es lo que ocurrió en Florida, donde el Tribunal Supremo aceptó las querellas presentadas por el Partido Republicano en ese Estado y, con ello, Bush hijo fue elegido sobre el candidato del Partido Demócrata, Al Gore, a pesar de haber obtenido menos votos. Puesto que el porcentaje de votantes que ejercerán su voto por correo ha aumentado considerablemente, es más que probable que este cuestionamiento del voto se dé sistemáticamente por parte del Partido Republicano, que ha hecho todo lo posible para dificultar el voto por parte de las minorías, así como el ejercicio del voto por correo. Trump ha recortado de una manera muy significativa los fondos públicos que se habían asignado al servicio postal para cubrir el gran volumen de correo generado durante las elecciones en tiempo de pandemia, admitiendo públicamente que hay que dificultar que la gente vote por correo (Marjorie Cohn, "Congressional Candidates and Votes Sue to Stop Trump’s Sabotage of USPS", Z Magazine, 17.09.20).

 

El proceso electoral estadounidense es también escasamente democrático

Hay varios hechos que agravan todavía más las enormes carencias de la democracia en EEUU. Uno de ellos es el sistema electoral, que carece de proporcionalidad y reproduce un bipartidismo que impide la posibilidad de que surjan otras alternativas políticas. En realidad, cuando surgen nuevos partidos suelen dañar al más afín a los dos partidos mayoritarios. Así, el partido progresista liderado por Ralph Nader fue el causante de la derrota de Gore, el candidato demócrata, al dividir el voto progresista. Por otra parte, no hay partidos de izquierda en EEUU con una base electoral amplia, pues el sistema electoral no lo permite. Hay, pues, solo dos partidos, y los dos son de derechas. Uno es de ultraderecha, el Partido Republicano, y el otro de centroderecha de sensibilidad liberal, el Partido Demócrata. Esto afecta todos los ámbitos de la vida en EEUU, y explica desde la enorme falta de protección social a la inexistencia de derechos tan fundamentales como el de acceso a la sanidad en tiempos de necesidad (en EEUU, mueren más personas por falta de atención médica que debido al SIDA).La pandemia ha mostrado todavía más la crueldad de esta realidad.

 

EEUU es también el país con mayores desigualdades en el capitalismo desarrollado. La diferencia entre la esperanza de vida por clase social entre las clases pudientes y las clases trabajadoras es de las más altas del mundo, con 15 años de diferencia entre las clases más adineradas y las de menos recursos, frente a los 7 años en la Unión Europea. También la falta de diversidad ideológica entre los grandes medios de información (aunque más abundante que la existente en España) es de las más limitadas en el mundo occidental. Por ejemplo, el intelectual estadounidense más famoso en el mundo, Noam Chomsky, nunca aparece por estar vetado en los grandes medios de comunicación (hay también intelectuales españoles reconocidos internacionalmente que tampoco aparecen en los grandes medios de información españoles). Y un tanto igual ocurre en el mundo académico, donde la diversidad ideológica en las universidades de EEUU es más limitada que la de la mayoría de las universidades de la Europa occidental.

 

El creciente atractivo del socialismo frente al capitalismo

Ahora bien, es importante resaltar que existe un creciente rechazo hacia los establishments conservadores y liberales del país que ha propiciado la aparición de pensamientos críticos, de tal manera que, en parte como consecuencia de la candidatura del socialista Sanders, hay grandes sectores de la población que son más favorables al socialismo que al capitalismo. Según la Fundación Pew Research Center, el 46% de todas las mujeres, el 65% de los negros, el 52% de los hispánicos, el 50% de los jóvenes de 18 a 29 años, el 47% de los no tan jóvenes de 30 a 49 años y el 50% de las familias que ingresan menos de 30.000 dólares al año tienen mejor impresión del socialismo que del capitalismo. Estas cifras corroboran otras encuestas también creíbles y que contrastan con la escasa visibilidad o frecuencia en que esta ideología aparece en los medios de persuasión generalistas de forma objetiva, ocultando incluso que algunas de las personas y figuras más populares en EEUU han sido socialistas, dimensión de tales figuras que usualmente están ocultadas o ignoradas. Ejemplos de ello son las figuras populares como Martin Luther King (cuyo día nacional es festivo en todo el país), Albert Einstein o Paul Robeson, W. E. B. Du Bois o Helen Keller ("Socialism’s Increasing Popularity Doesn’t Bring Media Out of McCarthy Era", FAIR, 09.10.20).

 

La privatización del sistema electoral

Otra limitación del sistema democrático es la privatización del sistema electoral. La mayoría de los fondos que se gastan las candidaturas a cargos políticos proceden de fondos privados que se gastan, en su mayoría, en comprar espacio mediático y televisivo, el cual está totalmente desregulado y abierto al mejor postor. No hay limitaciones o regulaciones en cuanto al espacio político y mediático que un candidato puede comprar en los medios televisivos y radiofónicos. Y, sin lugar a duda, esos fondos ayudan en gran medida a dar visibilidad a los candidatos.

 

Ahora bien, facilitar la presencia mediática no quiere decir que ello determine siempre la victoria del candidato más mediático. En este aspecto, Trump dispuso de menos fondos en 2016 que la candidata demócrata, la Sra. Hillary Clinton, y lo mismo está ocurriendo este año 2020. Biden ha recaudado más fondos privados que Trump, hecho que Trump astutamente utiliza para presentar a Biden como el candidato del establishment y del statu quo, lo cual le da fuerza para movilizar su base electoral, que es profundamente antiestablishment. Es importante señalar también que la financiación privada juega un papel clave en la selección de candidatos. Es, precisamente, al principio de las campañas, cuando los candidatos todavía no son muy conocidos, cuando los fondos privados recibidos provienen de grandes intereses y corporaciones empresariales (los miembros de lo que en EEUU se conoce como la clase corporativa, es decir la clase de los propietarios y gestores de las grandes empresas o corporaciones del país). Más adelante, ya durante la campaña, estos fondos privados pueden provenir simplemente de personas simpatizantes con uno u otro candidato. Y aquí es interesante resaltar que los fondos de particulares que recibe Biden vienen de personas pertenecientes a las clases de renta superior a la media del país, mientras que los que recibe Trump proceden de individuos que ingresan menos que la media del país. Según The New York Times, (26.10.20), en aquellos distritos postales cuyos ciudadanos ingresaban más de 68.703 dólares (en 2019), el salario familiar medio de EEUU, Biden ha conseguido 389 millones de dólares más que Trump. Y al revés, de las familias que se encuentran por debajo de esta cantidad, Trump ha conseguido 53 millones más que Biden. Podemos concluir entonces que, entre la ciudadanía, Trump ha conseguido un mayor apoyo -en términos económicos- entre los sectores con menos ingresos (principalmente trabajadores blancos no cualificados) que Biden.

 

¿Son fiables las encuestas?

No siempre, pues una cosa es la opinión y otra es el voto. El dato más notable en las elecciones al Congreso y al Senado en EEUU (incluso en los años en que se escoge al Presidente) es la gran abstención, sobre todo entre la clase trabajadora (que es la mayoría de las clases populares). Antes del presidente Clinton, los abstencionistas de clase trabajadora que se movilizaban votaban al Partido Demócrata. Pero esto dejó de ocurrir a partir de época Clinton, por las razones que expuse en un artículo reciente ("El crecimiento del fascismo o trumpismo en EEUU", Público, 26.10.20). Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment, consiguió movilizar al voto antiestablihment haciendo que aumentara su participación electoral. Este aumento fue lo que no habían previsto la mayoría de las encuestas que habían dado por ganadora a la Sra. Clinton, como ahora hacen con Biden. Que gane uno u otro dependerá, sin embargo, de la movilización de sus bases electorales. No se trata solo de si aumentará la participación o no, sino la de quién. Y ese es el mayor interrogante del próximo martes. Las bases electorales del Partido Demócrata -e incluso sectores moderados del Partido Republicano-, y gran parte de las izquierdas, incluyendo la mayoría de sindicatos y de movimientos sociales (desde el de los derechos de las minorías hasta el movimiento feminista), se han movilizado y es posible que aumente su participación a favor de Biden. Pero tampoco hay que descartar que Trump pudiera mantener su base electoral que, aun cuando minoritaria, estaba muy movilizada en 2016, y lo sigue estando en gran medida. Pero también es probable que haya decepcionado a parte de la clase trabajadora que le apoyó debido a su pésimo liderazgo durante la pandemia y a sus políticas profundamente antisociales que la han estado dañando.

 

Ni que decir tiene que independientemente de quién al final del proceso se convierta en el presidente de EEUU, este país atravesará cambios importantes que o bien reforzarán el fascismo que Trump ha estado liderando, o bien lo debilitarán. Así, lo que ocurra en el Partido Demócrata es también de una gran importancia. Cuando en los años sesenta, a raíz de la Guerra de Vietnam y otros hechos, hubo una gran agitación social, se generaron las transformaciones que cristalizaron -en los años setenta- en cambios de gran calado en aquel país. Gran parte de la legislación en mejora de muchos derechos sociales y ambientales fueron consecuencia de tal agitación. También podría iniciarse algo semejante en esta ocasión. Sin embargo, no hay que excluir que el cambio fuera en dirección contraria por las razanos que he explicado en este artículo. Veremos.

 

Unas últimas observaciones

Este artículo se ha centrado en mostrar las enormes deficiencias del sistema democrático liberal estadounidense, señalando que, aun cuando algunas de estas (como la escasa proporcionalidad de su sistema electoral) se presentan también en otros países de los dos lados del Atlántico Norte, en ninguno se dan en la medida en que se presentan en EEUU. Las consecuencias de estas limitaciones las mostré en mi artículo reciente "El crecimiento del fascismo o trumpismo en EEUU" (Público, 26.10.20), donde analicé la situación política del país, hoy radicalizada, como consecuencia del enorme daño al bienestar de las clases populares, consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales realizadas por los sucesivos gobiernos federales desde los años ochenta, incluyendo los gobiernos del Partido Demócrata liderados por los presidentes Clinton y Obama, que causaron un alejamiento y abstención política de grandes sectores de las clases populares y un gran enfado que canalizó Trump en 2016, presentándose como el candidato en contra del establishment liberal que dominó el gobierno federal durante la mayoría del período neoliberal.

 

Trump lideró la expansión de una ideología con características semejantes al fascismo español, que pasó a dominar al Partido Republicano, convertido claramente en un partido autoritario y antidemocrático, semejante a los partidos gobernantes en Polonia, Hungría y Turquía, como bien ha documentado el instituto de Estudios Democráticos de la Universidad de Götteborg, Suecia. En cuanto al Partido Demócrata, continúa dominado por el aparato liberal, bien representado por el candidato Biden, que es el prototipo de político de su partido, y que varió algo su discurso y su oferta programática debido a la influencia de las izquierdas movilizadas tanto en 2016 como en 2020 alrededor de la candidatura de Bernie Sanders. Hoy, las izquierdas se dividen en dos sensibilidades distintas, definidas por su relación con Biden. Una es la "purista", representada por Ralph Nader, que aconseja que se vote con fines simbólicos a los candidatos de los partidos muy minoritarios de izquierdas; la otra, claramente mayoritaria, representada por Noam Chomsky, es la que defiende votar a Biden como manera de sacar a Trump del gobierno y presionar para influenciar su gobierno cuando gane: el objetivo central es el parar al fascismo que representa Trump. De no conseguirse, el futuro de la democracia está en peligro tanto en EEUU como en el resto del mundo.