Opinion · Dietética digital

Porno en el cole y ciberactivismo en el instituto

La semana pasada reflexionamos sobre la confusión entre precio y valor que fomenta el capitalismo digital. El resultado es el mercadeo con todos los aspectos de la vida (emociones, afectos, cuerpos, etc). Esta semana tomamos dos ejemplos de manifestación reivindicativa contrapuestos. Uno mercantiliza y pornifica los cuerpos, mientras que el otro los pone a pie de calle como resistencia y se apoya en las redes para difundirse. Continuamos el debate en n/vuestra web.

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Una noticia de 2012 contaba algo insólito. Las madres del colegio de Monserrat en Valencia habían editado un calendario erótico para pagar un autobús que llevase a sus hijos al centro. Se presentaban semidesnudas y en poses provocadoras. Imitaban las fotos eróticas de Interviú y alguna se retrató como una “profesora” que enseñaba “materias prohibidas”.

Los recortes en educación habían llevado a las madres a vender estampas de porno mojigato, sin pensar quizás la confusión que podían provocar. Al menos yo me sentiría, como mínimo azorado, ante los comentarios de mis amigos, viendo imágenes eróticas de mi madre, considerándola un objeto sexual. Quizás exagero y proyecto una mirada de viejo rijoso y reprimido. Pero nos imagino convertidos en pornógrafos precoces. Unos mamones que olvidan que con aquellos pechos les habían amamantado. Pero ¿y las hijas? ¿Les proponían aquel modelo para pasar de niña a mujer?

Las madres del Colegio Monserrat en la sesión de fotos para el calendario.

El pole dancing (el baile de las prostitutas en la barra de los locales de alterne) se ofrece como actividad extraescolar. Después de una búsqueda, Google abruma con un número desorbitado de cursos y demandas de monitores. La McTele abrió el camino para que la gimnasia rítmica se hiciese lasciva en las escuelas. No exagero un ápice. El programa holandés Celebrity Pole Dancing une a una docena de famosos que compiten por alzarse con el premio al mejor bailarín de barra americana.

Las madres valencianas mostraron desparpajo y capacidad de provocación. El desnudo se ha convertido en una forma de protesta política. Las Femen enseñan los pechos. Y los animalistas se desnudan contra las corridas de toros, cubriendo el cuerpo apenas con sangre. La desnudez se emplea en reivindicaciones colectivas porque llama la atención. Permite presentarse como desvalido y vulnerable ante la policía. La gente común se transforma en sujeto político, convierte su cuerpo en un espacio y una herramienta de expresión. Lo nuevo y sospechoso era que las activistas valencianas comercializasen sus desnudos.

Las madres del colegio Montserrat también protestaron en las puertas de la Conselleria de Educación, disfrazadas con pelucas y narices de payaso. El disfraz no les resta respetabilidad. Tampoco si se manifestasen sin ropa (cosa que no hicieron). La contradicción reside en reclamar el transporte subvencionado y, al mismo, tiempo costearlo con un calendario erótico. Son opciones incompatibles. Puedes presentarte como un payaso del que se ríen los gobernantes y como un cuerpo desnudo, al que el poder no debe golpear. O puedes representarte como objeto en el mercado de los cuerpos. Puedes reivindicarte una ciudadana, que paga impuestos y exige decidir su destino. O puedes vender tu imagen sexualizada, despolitizando el mensaje. Una cosa quita la otra.

El ejemplo a seguir fueron los estudiantes de instituto que protagonizaron la Primavera valenciana en febrero de 2012. Dieron una lección a sus padres y madres. El documental Estudiar en primavera cuenta aquellos días de movilizaciones contra los recortes en la enseñanza. En vez de acobardarse con la represión policial, la chavalada se creció. Hubo 45 detenidos, al menos 30 heridos y más de 240 sanciones graves de hasta 6.000 euros. No porque se pusieran violentos, sino porque quien debía garantizar su derecho a manifestarse (el Comisario Jefe de Valencia) les llamaba, literalmente, “el enemigo”.

Manifestación estudiantil durante la Primavera valenciana.

Twitter y el blog primaveravalenciana.com permitieron coordinar las protestas. Desde ahí los estudiantes respondieron a los medios que, en su mayoría, les desacreditaban y criminalizaban. En lugar de pole dancing, hicieron deporte sorteando a los antidisturbios. Ellos mismos se impartieron la asignatura extracurricular de ciberactivismo. Pero, pasados unos años, quizás estén enredando y enredados en Tinder. En 2017 esta plataforma contaba con más de 50 millones de usuarios, que mantenían más de 15 millones de encuentros al día.