Opinion · Voces de la precariedad

Esa linda y loca costumbre de un pueblo movilizado y empoderado como resistencia a la precariedad

“Si lo que te gusta es gritar, desenchufa el cable del parlante”
‘Raros peinados nuevos’, Charly García

Cuando transitamos la angustiante y triste realidad de vivir en un mundo tan desigual y precarizado, comienzan a surgir preguntas con sentimientos de inalcanzables respuestas. Tendremos que entender y asimilar que dichas respuestas se sumergirán en la desazón hasta que no seamos capaces de aceptar que la verdad es una construcción, que existen dispositivos que construyen esa verdad, la naturalizan y la normalizan. Es ahí cuando las preguntas dan el primer paso hacia algún tipo de respuestas, que no serán inherentes a la dinámica de construcción de la verdad. En distintos espacios sociales se han creado dispositivos capaces se instalar relatos falaces para persuadir, manipular y coaccionar a la sociedad.

Hay una batalla que se ha ganado en la disputa del relato, y es que ni el más neoliberal de los economistas hoy puede negar la desigualdad, la acumulación de riquezas y de recursos escasos. Sin embargo, de una manera casi religiosa siguen promulgando su fe en la teoría del derrame.

Para ellos la desigualdad es casi de naturaleza antropológica, es natural que existan ricos y pobres. Los dispositivos neoliberales tienen la tarea de construir comportamientos individuales para la maximización de utilidades y beneficios en favor de una minoría y la minimización de costos, aunque esto signifique la precarización en el buen vivir de la mayoría. Pero los pueblos han entendido que lo colectivo, la autorganizacion y el empoderamiento popular son imprescindibles para crear una resistencia al atropello de los derechos de las mayorías sociales.

Vengo de un país que, a pesar de todas sus contradicciones, es un pueblo hermosamente empoderado. Pepe Mujica sentenciaba en una entrevista a un diario argentino de forma tajante: “Si lo de Lula pasaba en Argentina era un incendio, daban vuelta Buenos Aires”. No lo dudo, eso hubiese ocurrido. La capacidad de reacción del pueblo Argentino lleva décadas demostrando que el empoderamiento popular es una de las resistencias a derrotar por el avance y la embestida neoliberal en Latinoamérica. Tan contundente, visible e inapelable es esa resistencia, que da lugar en espacio y tiempo a la construcción de nuevas generaciones empoderadas y militantes. Imposible que pasen inadvertidas cuán jóvenes son las nuevas generaciones movilizadas que llenan calles, proyectos sociales autogestionados y estructuras partidarias con solo ver una postal de esos espacios.

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Cumbre de Base La Poderosa. Porto Alegre 27-29 de julio de 2018. Foto: Irene Lingua.

El “empoderamiento popular” que se ha construido en Argentina es un devenir de diferentes historias, espacios e identidades sociales y políticas. En el mismo podemos anclar la resistencia y lucha de Juana Azurduy en defensa de la “Patria Grande”, el empeño del Che Guevara por llevar la revolución a todos los continentes donde el pueblo sufriera la opresión del capitalismo, la militancia periodística de Rodolfo Walsh, la tenacidad de Evita para que el pueblo de trabajadoras y trabajadores gocen de los derechos de bienestar que se merecían y les pertenecía, o la resistencia de los pueblos originarios en la Patagonia Argentina sufriendo un genocidio  mal llamado “Conquista del desierto”, encabezado por el Gral. Julio Argentino Roca en 1876, donde se expropiaron tierras y recursos naturales a sangre y fuego. Incluso hasta hoy son reprimidos y asesinados aquellos que osan enfrentar la mercantilización de reservas naturales protegidas o las tierras que pertenecen a los pueblos originarios que han sabido y podido defender. Claro ejemplo de ello es que hoy tenemos que lamentar la muerte de Santiago Maldonado, quien fue reprimido y perseguido ilegalmente en territorio de la comunidad Mapuche Pu lof de Cushamen por fuerzas de la gendarmería Argentina, y que supuestamente se habría ahogado solo (aún se está investigando), en un río de menos de dos metros de altura, para luego ser estigmatizado de forma miserable por la hegemónica máquina mediática que hoy lleva a cabo todo tipo de cerco de información en favor del Gobierno de Mauricio Macri. O mordernos de rabia por Rafael Nahuel, cobardemente asesinado de un tiro por la espalda a manos de la Prefectura Naval Argentina, también acusado de terrorista integrante de una organización que no existe llamada RAM (Resistencia Ancestral Mapuche). Nacho Levy, referente de las asambleas barriales y villeras de “La Poderosa” de Argentina proclama: “Tenemos la responsabilidad de tomar la posta del empoderamiento popular y mantener la batalla histórica que no comenzó con nosotros y tampoco terminara con nosotros”.

Y no se puede hablar de movimiento popular en Argentina sin acordarse de esas mujeres de coherencia y temple inquebrantable que vienen dando vueltas en Plaza de Mayo desde hace más de cuatro décadas. Esas viejas locas nos siguen enseñando que una de las batallas fundamentales a llevar a cabo es la verdadera construcción de la memoria histórica como dispositivo de identidad y empoderamiento popular. Gracias Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.

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Manifestación de pensionistas en Madrid, junio de 2018. Foto Jonathán González.

De hecho, han sido precisamente en España las generaciones que lucharon contra la dictadura franquista para traer la democracia las que nos han dado recientemente una lección de organización popular. Las y los pensionistas en lucha han llenado las calles con la convicción de que el pueblo es quien debe marcar la agenda política y social. Una vez más lo han logrado, torciéndole el brazo y marcando el final anunciado a un decadente Gobierno en retirada de Mariano Rajoy, el cual sufriría el golpe de gracia en una moción de censura. Pocas veces se escuchó y se sintió tan potente el grito de “Sí se Puede”. Así y todo siguen en las calles hasta que no se dignifiquen las pensiones actuales y futuras, con el objetivo  de derrotar toda esa precariedad sistémica que quieren imponer.

Y tenemos que dar gracias también a todos esos colectivos que están hoy en pie, sosteniendo una lucha imprescindible y trascendental. Coca-Cola en Lucha y sus Espartanas son adorablemente invencibles, fraternales y solidarios. Las Kellys, uno de los sectores más desprotegidos y vulnerados en derechos laborales. Las Aparadoras de Elche, trabajadoras altamente precarizadas en condiciones lamentables, o las y los taxistas, evidenciando la lucha cada vez más descarnada de los trabajadoras y trabajadores contra multinacionales como Cabify o Uber, que por supuesto están haciendo lo suyo en Argentina también.

La uberización de la economía es un ejemplo claro de cómo y quienes son los culpables de la precarización social española. No tenemos que saber mucho de economía para entender que si una empresa trabaja en un país y fiscaliza en otro repercutirá en la inversión de gasto público, sanidad, educación, desarrollo y tecnología, etc., por no hablar de la implantación de un modelo basado en la precariedad y en la vulneración de derechos laborales.

Estos son algunos de los espacios y colectivos autorganizados que llenan de esperanza y construyen su realidad y verdad día a día, demostrando la capacidad que tiene un pueblo empoderado, una resistencia épica en detrimento del proyecto neoliberal que intenta sistematizar la precariedad como forma de vida en todos los pueblos y regiones. Es por eso compañera y compañero que hoy más que nunca debemos dar el grito de “Los pueblos unidos jamás serán vencidos”. Nos vemos en las calles.

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